El lazo afectivo que se forja con los animales de compañía suele ser tan profundo que, en ocasiones, supera al que se tiene con otras personas. Estos seres se convierten en testigos silenciosos de la cotidianidad y en compañeros inseparables dentro del hogar.
Quienes trabajan a diario con animales conocen bien esta realidad. Alfredo Molina, veterinario que comparte su experiencia en redes sociales, publicó recientemente un video en su cuenta de TikTok analizando el impacto emocional que genera la pérdida de una mascota. “El silencio de una casa después de perder a una mascota puede sacar traumas que llevaban años dormidos”, afirma al inicio de su grabación.
De acuerdo con el especialista, la ausencia del animal no solo implica quedarse sin su compañía, sino también tener que adaptarse de golpe a un entorno radicalmente distinto. “Mientras ella estaba, siempre había ruido emocional, unos pasos, una respiración, una presencia que te acompañaba aunque no hablarais el mismo idioma. Y de repente se va y llega un silencio extraño, pesado, frío”, detalla Molina.
Cuando esa presencia desaparece, el silencio del hogar puede convertirse en un desafío difícil de manejar. Algunas personas empiezan a experimentar ansiedad, insomnio, una sensación de vacío o llanto frecuente, y pueden llegar a preguntarse por qué el dolor es tan intenso.
La muerte y los traumas del pasado
El veterinario señala que la mascota solía cumplir un rol fundamental en la vida emocional de su dueño. “Quizá su mascota llevaba años amortiguando una soledad que jamás se habían atrevido a mirar de frente”, explica.
Por eso, Alfredo sostiene que algunas pérdidas no implican únicamente enfrentar el dolor por la muerte del animal, sino también lidiar con emociones que habían permanecido ocultas. “Por todo esto, algunas pérdidas no solo te rompen el corazón, también te obligan a encontrarte contigo mismo. Porque hay silencios después de la muerte de tu mascota que te dicen mucho más que mil palabras”, concluye el experto.
El duelo por una mascota merece su propio espacio
Afrontar la partida de un animal de compañía no se limita a aceptar que ya no está, sino a aprender a vivir con una rutina que ha cambiado por completo. Por ello, los especialistas recomiendan no minimizar el dolor ni compararlo con el de otras personas.
Cada proceso de duelo es único y la intensidad de las emociones puede variar según el vínculo que se tenía con el animal y el lugar que ocupaba en la vida diaria. Hablar con familiares o amigos, compartir recuerdos o realizar un pequeño ritual de despedida puede ayudar a procesar la pérdida.
Además, no existe un plazo fijo para superar el duelo. Sin embargo, si la tristeza se vuelve demasiado intensa o prolongada y comienza a interferir con las actividades cotidianas, puede ser recomendable buscar ayuda profesional.
Más allá de la compañía, estos animales forman parte de nuestra rutina y están presentes en momentos de cambio, alegría y dificultad. Por eso, su ausencia también implica perder una parte importante de nosotros mismos.
Fuente: Infobae