Sin duda alguna, Victoria Luengo está viviendo el año más importante de su carrera. En el pasado Festival de Cannes presentó dos películas en competencia: Amarga Navidad, de Pedro Almodóvar, y El ser querido, de Rodrigo Sorogoyen. Además, en el Festival de San Sebastián estará presente con su segunda colaboración junto a Mikel Gurrea tras Suro, con el filme Sants, que aspira a la Concha de Oro.
En El ser querido, Luengo asume uno de los retos interpretativos más complejos de su trayectoria, enfrentándose cara a cara con Javier Bardem. Ella da vida a Emilia, una joven de 30 años que fue abandonada por su padre, un exitoso director de cine del que solo guarda recuerdos tóxicos vinculados a su alcoholismo. Ahora, ese progenitor ausente —quizás movido por el remordimiento— le ofrece ser la protagonista de su próxima película.
“Una de las cosas que tenía muy claras es que no quería centrarme únicamente en el sentimiento de abandono. Porque yo creo que lo más interesante de un vínculo padre-hija, cuando hay un padre ausente, tiene que ver con las emociones positivas que provoca eso, con el enamoramiento, la fascinación hacia esa figura que no has tenido, la admiración. Y en el caso de Emilia era notorio que había dolor y tristeza, pero también veneración secreta hacia él”, explicó la actriz en una entrevista.
Así construyó Victoria Luengo a su personaje
En El ser querido, Victoria Luengo interpreta a una actriz, pero no a una cualquiera: una mujer de treinta y tantos años que ha sido relegada, que no ha tenido oportunidad de brillar, que trabaja de camarera y que, de alguna manera, se siente frustrada. En una de las escenas del filme, el personaje de Javier Bardem le da una serie de consejos para sacar la mejor actriz que lleva dentro, como si la delgada línea entre la realidad y la ficción se diera la mano.
“En Emilia hay mucho de mí. Cada vez estoy más convencida de que todos los personajes tienen una parte muy grande de mi intimidad, porque trabajo en ellos intentando comprender sus heridas a través de las mías propias. Y he ido descubriendo que, a medida que pasan los años, casi todos los personajes que interpreto tienen que ver conmigo de alguna manera. En el caso de Emilia, uno de mis objetivos más claros era tratar de saltar al abismo de una manera que no había hecho, porque yo acostumbro a ser muy controladora en la vida y el trabajo. Y en esta peli me pedí a mí misma no decidir nada. Entonces me lancé como a ver qué pasaba y traté de decir: ‘Voy a intentar hacer un ejercicio de sacarme realmente la máscara’”, destacó.
Eso no significa que no se preparara a conciencia el papel. Una de las dificultades que planteaba el guion, escrito por Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen, es que parte de la relación entre los dos personajes se encuentra en las miradas. Hay muchas secuencias en la película en las que uno observa al otro sin que este lo note, y viceversa, y dentro de ese cruce hay un contexto interno de una carga psicológica extremadamente rica y profunda.
“Hay como un guion subterráneo que había que rellenar, porque la peli solo podía estar bien si todos esos silencios estaban llenos de significado y esas miradas donde no se dicen las cosas dijeran algo”, señaló Victoria Luengo. “¿Cómo lo trabajé? Hice durante tres o cuatro meses una biografía de Emilia de unas 60 páginas que contenía toda su vida, desde que nació hasta los 34 años, que es donde empieza la película. También hice un ejercicio con Rodrigo que me encantó: me pedía que yo le contara un recuerdo que tuviera mi personaje y cómo se sentía y así fui interiorizándolos. Era como una terapia con el psicólogo. Así, cuando comenzamos el rodaje, pensé que en mis ojos podría reflejar mejor esas emociones porque estaban encapsuladas dentro de mí. Fue una apuesta un poco mágica”, contó.
El trabajo junto a Javier Bardem
Luengo también compartió una anécdota curiosa que revela su nivel de compromiso e implicación con el personaje, obsesionado con su padre —o, lo que es lo mismo, con Javier Bardem—. “Me imprimí una foto enorme de Javier Bardem y la pegué delante de la pared de mi cama y todas las noches me dormía mirándola”, recordó entre risas. “Así que tengo la cara de Javier Bardem grabada en mi retina”.
Sin embargo, a pesar de ese trabajo previo, su relación con el intérprete ha sido estupenda, tanto durante el rodaje como después. “Es muy buena persona, muy generoso y muy divertido. Para mí es un ícono y fue importante que me lo pusiera todo tan fácil. Él me decía: ‘Si yo estoy tan nervioso como tú’, y yo pensaba ‘ya te digo yo que no’”, bromeó. “He aprendido mucho de él porque es una persona que, cuando la tienes delante, pasan cosas, está muy abierto, es muy libre a la hora de interpretar, se da permiso a equivocarse, de ir más allá. Aun así, sostenerle la mirada es fuerte”.

El ser querido está repleta de reflexiones en torno al propio cine. Una de ellas la pronuncia Esteban Martínez, el director de la película dentro de la película, y tiene que ver con el proyecto que está realizando, como si el propio Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña estuvieran hablando a través de él cuando señala que, hasta que no te apartas un poco, no sabes de verdad de qué va la película que has hecho.
“Mucha gente me dice que tiene que ver con la masculinidad tóxica y creo que es un tema muy subsidiario. Al principio, para mí era una película que giraba en torno a los relatos, sobre la manera en que cómo relatarnos las cosas cambia la realidad que vivimos. Porque nuestros recuerdos son diferentes dependiendo de nuestras propias vivencias. Entonces, para mí era muy potente pensar en cómo ese padre y esa hija tenían versiones diferentes sobre la realidad, y la conclusión que trataba de sacar es lo difícil que resulta mantener un vínculo con alguien con el que no compartes un relato. Sin embargo, cuando la veo ahora, creo que la película va sobre el abandono. Pero lo bueno que tiene es que se puede ver desde muchos lugares y que a cada uno le puede tocar de una manera diferente”, concluyó.
Fuente: Infobae