En el programa Otro Día Perdido de Eltrece, Mario Pergolini y Bárbara Lombardo revivieron la increíble historia de cómo la actriz pasó de ser una ferviente admiradora de Xuxa a convertirse en parte del show, regresar una y otra vez, y transformar esa persistencia en su primer vínculo con el mundo televisivo. La conversación, en la que también participó Evelyn Botto, desató una serie de recuerdos sobre la infancia de la artista, su férrea determinación por acercarse a la estrella brasileña y el momento que, años después, derivó en su debut actoral.
Todo comenzó con un comentario de Pergolini sobre la presencia de la madre de Lombardo en el estudio. “La mamá viene siempre”, bromeó el conductor, insinuando que había sido una de esas madres que llevaban a sus hijos a castings. Lombardo, sin embargo, negó esa idea de inmediato y ofreció una versión completamente diferente de su crianza. “Confió siempre mucho en mí, la verdad. Yo siempre fui muy resuelta”, afirmó con firmeza. También aclaró que quien la acompañaba a esas experiencias era una tía abuela, y señaló que no había hecho castings desde muy pequeña.
A partir de esta aclaración, Lombardo reveló que su vínculo con un estudio de televisión había surgido de forma completamente inesperada. Pergolini la interrumpió para llevar la conversación hacia el episodio que la hizo conocida entre quienes seguían la anécdota: su fanatismo infantil por Xuxa. “Te tenemos todos por Xuxa”, dijo el conductor, antes de preguntarle cómo había logrado llegar a ese programa cuando tenía apenas siete u ocho años.
La respuesta de Lombardo pintó una escena de infancia marcada por la fascinación que la conductora brasileña generaba en los niños de la época. Recordó que era una fanática absoluta, que en los recreos repetía canciones y coreografías con sus amigas, y que todo se desencadenó cuando una compañera le contó que había asistido al show. “Lloré”, resumió, al recordar que no la habían invitado. Ese disgusto la llevó a tomar una decisión inmediata: pedir la dirección del canal e ir con su tía.
En su relato, Lombardo aportó un dato preciso que aún conserva en la memoria: “Pedí Pavón 2444, me acuerdo como si fuera ayer”. Al llegar al lugar, se encontró con cuadras de cola y un fuerte operativo de seguridad. A pesar de todo, dijo que eligió a uno de los custodios y sintió que él la iba a dejar pasar. “No sé, intuición”, explicó. Minutos después, según contó, se acercó a la valla, buscó llamar su atención y esperó. La estrategia funcionó. “Pasó una hora y en un momento entraron un montón de invitados y me dice: ‘Pasá, pasá, pasá, pasá’. Y agarré a mi tía y entramos”, recordó.
Pergolini y Botto reforzaron el tono humorístico del intercambio con varias intervenciones sobre esa capacidad de Lombardo para convencer a la gente en la puerta de cualquier lugar. Botto resumió esa idea con una frase breve: “Siempre convence a alguien de la puerta”. Pergolini, en la misma línea, ironizó incluso con que ella había entrado al estudio sin invitación, igual que en su infancia.

Ya dentro del universo de Xuxa, el episodio no terminó en una visita ocasional. Pergolini destacó que lo más sorprendente no fue solo el ingreso al programa, sino lo que vino después: una relación continuada con la conductora. Lombardo sostuvo que esa cercanía no obedeció a una maniobra planificada, aunque admitió que suele insistir cuando se propone algo. “A veces sí. En general sí”, dijo cuando el conductor le señaló ese rasgo de personalidad.
Luego relató un nuevo giro de esa historia: tiempo después, Xuxa se mudó cerca de su casa de la infancia. Lombardo negó cualquier insinuación de persecución y ubicó aquella residencia en la zona de Kennedy y Cerviño. Allí, según su testimonio, el encargado del edificio volvió a facilitarle el acceso. La escena derivó en un encuentro cara a cara con la artista, que todavía la recordaba. “Sí, se acordó de mí. Sí. Rarísimo, pero bueno”, contó.
Ese reconocimiento abrió una puerta concreta. Lombardo le pidió permiso para volver al programa y Xuxa aceptó. “Le digo: ‘¿Puedo volver a ir a tu programa?’. Y me dijo que sí”, recordó. También explicó que la derivaron con Marlene, mánager y productora de la conductora, quien la citó para el día siguiente a las tres de la tarde. Ella regresó acompañada por su tía abuela, aunque estaba convencida de que nadie la iba a identificar entre tanta gente. Ocurrió lo contrario. “Se abrió una puertita y una persona en portugués me dice: ‘Você, menina, vem para cá, vem’”, relató.
Ese segundo ingreso incluyó una señal simbólica que quedó fijada en su memoria: un cartel que decía “Libre acceso”. Para Lombardo, esa credencial improvisada marcó el inicio de una relación estable con el ciclo. Según explicó, desde ese momento le dijeron que podía volver cuando quisiera. Ella tomó esa invitación al pie de la letra. “Cuando quieras volvés”, recordó que le dijeron. Y cumplió: asistía con frecuencia, llevaba compañeras del colegio y convertía esas jornadas en un plan de fin de semana. “Entraba a las nueve y salía a las cinco de la tarde. Grababa cuatro programas”, contó.
La cadena de episodios tuvo una derivación laboral concreta. Lombardo afirmó que su primer trabajo como actriz llegó en ese contexto, durante una emisión especial de Navidad. “Mi primer trabajo como actriz fue haciendo de la Virgen María en el pesebre de Xuxa en una Navidad”, dijo entre risas.
Fuente: Infobae