Aldo Vera revela la Lima que los medios ignoran y es mayoritaria

La identidad de la capital peruana no se agota en sus zonas más emblemáticas. Para el escritor Aldo Vera Carrillo, Lima debe ser comprendida desde las historias, tradiciones y expresiones culturales que se han ido integrando a ella a lo largo de las generaciones. Su mirada se enfoca especialmente en el legado de los migrantes y en las nuevas formas de pertenencia que emergieron en una urbe marcada por el cruce de múltiples orígenes.

En una conversación reciente, el autor de Lima, hora cerro examina las tensiones persistentes en la capital en torno al racismo, la discriminación y las diferencias entre Lima y las provincias. Además, pone en tela de juicio la forma en que los medios de comunicación suelen retratar la ciudad y reivindica espacios donde la música, las danzas y las tradiciones populares forjan otras maneras de identidad. Vera también cuenta qué buscó mostrar con su libro y cuáles son los temas que desea seguir explorando.

¿Qué tienen en común las historias de bailarines, migrantes y cantantes que aparecen en sus crónicas? ¿Cómo describen a la Lima migrante?

Vera explica que el punto en común es que todos forman parte de la ciudad, pero al mismo tiempo mantienen la reminiscencia de provenir de distintas partes del país. “Se apropian de la ciudad y, a la vez, construyen una identidad que no necesariamente es la misma que tuvieron sus padres, abuelos o ancestros”, señala. Agrega que también tiene que ver con la construcción de una nueva presencia dentro de la urbe, que ha reconfigurado las tradiciones, ritos y cultura.

¿Qué diferencia encuentra entre la Lima que se proyecta públicamente y la ciudad que descubrió al acercarse a estos personajes y espacios?

Vera aclara que no se trata de un hallazgo nuevo ni de una investigación para descubrir algo oculto; simplemente es la ciudad misma. Lo que ocurre, dice, es la necesidad de visibilizar. Durante mucho tiempo, la realidad se entendió a partir de los medios convencionales. Las redes sociales democratizaron un poco las perspectivas, pero antes predominaba la idea de que todo lo que aparecía en televisión representaba la realidad.

“La televisión, las radios y los medios convencionales no abarcan toda la ciudad. Básicamente, su foco de atención se concentra en dos distritos: Miraflores y Barranco. Sin embargo, Lima es mucho más que eso.”

Vera agrega que también existe la idea de que las únicas obras de teatro son las que forman parte de un circuito preestablecido, pero no es así. Lo mismo ocurre con los certámenes de belleza. Las reinas no están solo en los concursos que aparecen en los medios, sino también en lugares como el cerro El Pino y en lo que tradicionalmente se llama “conos”, aunque en realidad se trata de Lima Norte, Lima Este y Lima Sur.

“Ese es el verdadero entorno de la ciudad. Incluso diría que la minoría, el gueto, es el espacio conformado por Miraflores y Barranco. Lima está integrada por 41 o 42 distritos”, enfatiza.

Los personajes retratados por Aldo Vera Carrillo en

¿Se puede hablar de Lima sin abordar el tema de las migraciones?

Vera plantea que se habla de la migración como si fuera algo ajeno, pero no es así. Según su trabajo periodístico, la migración tiene mucho más que ver con todos de lo que se cree. “Todos tenemos ascendencia provinciana. La Lima limeña, en realidad, creo que no existe. Lo que quedan son vestigios de aquella ciudad de inicios del siglo XX. La migración es permanente y forma parte de todos nosotros”, afirma.

Por eso, cuando se habla de la “toma de Lima”, se plantea una distancia, como si fuera una ciudad que viviera de espaldas al resto del país. Vera sostiene que no es así, ya que en Lima viven parientes, ahijados, primos y abuelos de provincianos. “No es que no tengamos ningún vínculo con el interior del país. Cuando se habla de una Lima distante o indiferente, no lo veo necesariamente de esa manera, porque esos lazos permanecen y conectan a todos”, añade, y sugiere que basta subir a una unidad del Metropolitano en hora punta para comprobar que todos tienen ascendencia provinciana.

Si todos tenemos ascendencia provinciana, ¿por qué persiste el racismo en Lima?

El autor reconoce que existe segregación y discriminación en función de la raza, pero aclara que eso no significa que las razas existan como categorías naturales. Por ejemplo, menciona que hace dos décadas, en una discoteca como Aura se podía ser discriminado a primera vista, pero en un festival de danzantes de tijeras no se encuentra esa discriminación: todos participan, comparten y celebran, incluso personas de Huancavelica y Ayacucho.

Algo similar ocurre en festivales taurinos como los de Mamara o el Yahwar Plaza de Puente Piedra, donde no se percibe la misma dinámica discriminatoria. Vera señala que existen cosos ambulantes que llegan a zonas de la periferia y que la cantidad de personas que participan es muchísimo mayor que la que acude a la plaza de Acho. En Acho, dice, aparecen cuatro o cinco familias que suelen figurar en las revistas de sociales, pero eso no tiene representatividad colectiva.

En cuanto a las divisiones políticas que se observan en los resultados electorales, Vera no puede precisar por qué existe esa separación. Sostiene que hay que observar las poblaciones más numerosas de Lima: San Juan de Lurigancho, Lima Norte, Villa María del Triunfo, Villa El Salvador y Puente Piedra. Estas no son poblaciones netamente limeñas, sino que en gran medida descienden de migrantes y mantienen un vínculo permanente con las expresiones culturales del resto del país.

El libro

Vera critica la deformación de interpretar la realidad solo desde la política. Ejemplifica con las fiestas de folclore en la plaza de Armas o en la plaza de Acho, donde se realizan pasacalles por el centro de Lima. Esas expresiones no suelen aparecer en televisión, pero allí las personas ocupan los espacios públicos. “Esa sí es una verdadera ‘toma de Lima’”, afirma.

En esos encuentros, las personas bailan y celebran sin divisiones políticas evidentes. Por eso considera que las afirmaciones sobre que las provincias exigen ciertos resultados o cuestionan a Lima por sus decisiones electorales son, en buena medida, parte de un discurso mediático. “No necesariamente representan las expresiones genuinas de la población”, dice.

Lo mismo ocurre con los jóvenes que ocupan el Paseo de los Héroes Navales los fines de semana para bailar saya, caporales, marinera o salsa. Vera sostiene que existe un divorcio entre esas expresiones culturales espontáneas y los discursos políticos que aparecen en los medios. “Los medios suelen presentar esas movilizaciones como ‘movilización popular’, pero no necesariamente es así. Muchas de esas personas se apropian de los espacios públicos de manera espontánea y no se sienten identificadas con determinados discursos políticos”, concluye.

Con

¿Por qué todavía se utilizan de forma peyorativa términos como “cholo” y “serrano”?

Vera menciona que en su libro aparece un profesor de Huas cuyo apelativo es “el Cholo Quitasueño” y no percibe que se sienta ofendido; al contrario, hay una razón de orgullo e identidad. En ambientes segregacionistas como San Isidro, Miraflores o Barranco, el término puede tener un sentido peyorativo, pero en espacios donde conviven personas serranas, amazónicas y costeñas, no necesariamente se ve como discriminatorio.

“No estoy diciendo que exista un ambiente completamente libre de conflictos. Lo que ocurre es que, cuando una comunidad reafirma sus tradiciones y herencias, ese poder segregacionista puede resultar inocuo y no percibirse como una agresión”, aclara.

También señala que existe un racismo en sentido contrario: en entornos de personas mestizas o cobrizas se usa el término “blanco” o “rosado” para referirse a las clases hegemónicas, y muchas veces eso no se interpreta como racismo. “Lo he visto incluso en ambientes futbolísticos: se habla de ‘el blanco’ y nadie se sorprende. Sin embargo, eso también puede ser una expresión de racismo”, advierte.

Para Vera, el asunto tiene que ver con las relaciones de poder y con quién ocupa una posición privilegiada. En un barrio popular, incluso en lugares como Surquillo, Lince o Breña, que alguien llame “cholo” no implica necesariamente una actitud racista; puede usarse incluso en un contexto festivo.

¿Qué pueden encontrar en las páginas de “Lima, hora cerro”?

Vera explica que el título es un homenaje a Enrique Congrains y a su cuento El niño junto al cielo, que narra la historia de un niño provinciano que desciende del cerro y se enfrenta a una ciudad representada como un monstruo de mil cabezas. “Lo que intento hacer, al margen del parafraseo del libro de cuentos de Congrains, es mostrar una Lima palpitante, orgullosa, excitante, colorida y exuberante, configurada por los provincianos que llegaron a la ciudad”, afirma.

Señala que Lima es básicamente provinciana y está representada por grupos como Los Mojarras, Laíta y Los Chapis, estos últimos entendidos como una tercera generación de la música tropical.

¿Qué otros proyectos tiene en camino?

Vera confiesa que siempre quiere publicar, incluso poesía, pero todo depende del tiempo que pueda dedicar a desarrollar un tema. Le interesa especialmente la música tropical andina, porque considera que existen varios malentendidos a su alrededor. “Se ha tendido a exotizar una música que es esencialmente urbana”, sostiene.

Pone como ejemplo los programas de los años 80, como Pura chicha, donde aparecían agrupaciones como Pintura Roja, Muñequita Sally y Princesita Mily. El presentador era Pepito Quechua, pero verlo con poncho no representa la naturaleza de esa música. “La tropical andina es urbana. Pintura Roja es de Barrios Altos. Alejandro Zárate tiene ascendencia de Huarochirí, que sigue siendo Lima, pero pasó su infancia y juventud, y desarrolló su formación cultural, en Barrios Altos”, señala.

Finalmente, destaca que el guitarrista de Los Chapis, Jaime Moreira, es de Independencia, y esa es la diferencia respecto de los antiguos cumbieros: no bebe del rock, como lo hicieron sus maestros, sino que aprende de guitarristas ya vinculados con la música tropical.

Fuente: Infobae

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