La inconfundible voz que le puso sabor a la música bailable venezolana estuvo presente en la cabina de Kch Radio 90.9 FM para repasar una trayectoria inigualable y presentar su más reciente producción. Liz, la yaracuyana que se convirtió en la princesa de la orquesta Los Melódicos, demostró que su espíritu artístico sigue más vigente que nunca.

Desde los cinco años, en el jardín de infancia, Liz supo que su destino era el escenario. «Me monté en un auditorio a cantarle ‘Madrecita del alma’ a mi mamá. Llevaba un strapless y una faldita… a los cinco años, y el strapless se me movía a cada rato, así que tenía que estar acomodándomelo», recordó entre risas durante la entrevista. Proveniente de una familia donde el violín, la guitarra, el cuatro y el canto eran el idioma cotidiano, su padre ya la presentaba con orgullo como «la artista». Aunque coqueteó brevemente con los estudios de veterinaria, el llamado de la música fue imparable. A los 16 años, el maestro Renato Capriles la integró a las filas de Los Melódicos, donde pasó seis años y medio cosechando éxitos rotundos.
De la provincia al estrellato y la independencia
Salir de su natal San Felipe, Yaracuy, hacia Caracas marcó su carácter. «Yo dije: yo no me voy a devolver, olvídate de eso. Voy a ser de las buenas, la mejor», confesó. En la orquesta, forjó un estilo único: «Quería verme sexy, pero no sexual; transmitir una inocencia bonita, no vulgaridad».
Al dejar el «cascarón» de la agrupación, enfrentó el mundo solista con una determinación envidiable. Viajó a República Dominicana, se enamoró del merengue y la bachata de la mano del maestro Víctor Víctor, y logró un dueto soñado con Eddy Herrera en el tema A dormir juntitos.
Lejos de ser solo una intérprete, Liz es una emprendedora nata. Tras quedarse sin disquera en un momento crucial de su carrera, no se rindió: creó su propio sello discográfico y salió a las calles a promocionarlo. Con anécdotas tan auténticas como la de los vendedores de discos «quemaditos» en la zona de Capitolio, que ya tenían sus temas con bonus tracks antes del lanzamiento oficial, Liz definió su actual faceta en el ámbito educativo: «Tengo universidades e institutos en Venezuela. Cantar es una labor social, y en la educación hay una sinergia perfecta».
«Soltera»: Un himno al amor propio
El presente musical de Liz se llama Soltera, un tema bailable, con «mucho mambo y dembow», pero con un mensaje profundo de empoderamiento.
«La soltería es una etapa que también hay que abrazar. Quererse a uno mismo es fundamental, hombres y mujeres. No es aguantar maltratos ni vivir como esclava; el agua pasada ya se quedó en la historia», explicó sobre una canción dedicada a todos aquellos que deciden liberarse de relaciones tóxicas y disfrutar de su independencia.
Con la promesa de que las buenas conversaciones «quedan en puntos suspensivos y continuará», Liz se despidió de los micrófonos de Kch Radio 90.9 FM dejando claro que, ya sea en el recuerdo de los salones bailables o en la pista con sus nuevas producciones, su estrella sigue brillando con la misma fuerza de aquella niña de cinco años que cantaba para su madre.
Por: Rocío Armendáriz
Fotos y video: Paulette Argudo