Harald V de Noruega: salud, polémicas y un reinado hasta el final

Durante décadas, Harald de Noruega encarnó la resistencia y el deber dentro de la monarquía escandinava. Considerado el soberano con más años en el trono de la era contemporánea, mantuvo una agenda oficial incesante, incluso cuando la edad avanzada y los problemas de salud representaron un claro obstáculo.

Su reinado estuvo marcado por un compromiso inquebrantable y la voluntad firme de enfrentar no solo sus propias dolencias médicas, sino también las profundas crisis institucionales que sacudieron a la Casa Real noruega en los últimos años.

 El rey Harald de Noruega pronuncia un discurso durante una cena de gala en el Palacio con motivo de la visita de Estado de la pareja presidencial islandesa, en Oslo, Noruega. 8 de abril de 2025. Fredrik Varfjell/NTB/vía REUTERS

El rey Harald se destacó por afrontar sin titubeos los desafíos propios de la edad, entre ellos serios problemas de movilidad, varias intervenciones cardiovasculares y la superación de un cáncer de vejiga. A pesar de todo, hasta el final rechazó la abdicación y prefirió mantenerse activo en la vida pública, realizando viajes al extranjero y conservando un ritmo de trabajo notable.

Ese espíritu de perseverancia, casi vikingo, se vio sin embargo puesto a prueba por el reciente desprestigio que atravesó la Corona noruega, originado tanto en el mediático proceso judicial contra Marius Borg, nieto político del rey, como en los polémicos vínculos de su nuera, la princesa Mette-Marit, con Jeffrey Epstein.

Los primeros años de Harald de Noruega

Desde la infancia, Harald tuvo que enfrentar situaciones extremadamente difíciles. Hijo del rey Olav y la princesa Marta, fue el primer príncipe nacido en Noruega en más de quinientos años, hecho decisivo para consolidar la nueva monarquía nacional tras la independencia de Suecia.

Su temprana vida estuvo marcada por el trauma del exilio, obligado a abandonar Noruega a los tres años debido a la invasión alemana de 1940. Junto a su madre y sus hermanas, resistió en Estados Unidos durante cinco años, hasta el regreso triunfal de la familia real en 1945, celebrado con fervor por la sociedad noruega.

Imagen de Archivo del rey Harald V de Noruega. (
EFE/EPA/CORNELIUS POPPE)

El periodo de formación y las primeras etapas de su vida pública consolidaron la imagen de Harald como líder y símbolo nacional. Tras convertirse en príncipe heredero, su ascenso al trono en 1991 coincidió con un momento clave de transformación para el país y para la institución monárquica. Su papel durante los atentados de Utoya en 2011 le valió un reconocimiento especial.

La delicada salud del rey

A lo largo de sus últimos años, Harald tuvo que hacer frente a una serie de problemas médicos relevantes. En 2003 superó un cáncer de vejiga y, solo dos años después, fue intervenido a corazón abierto para implantarle una válvula artificial. En 2020 necesitó una nueva intervención para reemplazar ese dispositivo, y posteriormente, en 2024, un marcapasos permanente tras una infección contraída en Malasia durante unas vacaciones.

El Ejecutivo noruego asumió entonces un gasto de dos millones de coronas, aproximadamente 177.000 euros, destinado a cubrir la operación, lo que generó polémica y críticas en la sociedad noruega. El monarca siguió dando muestras de resistencia en circunstancias similares, como su ingreso en febrero de 2026 en Tenerife, donde permanecía de vacaciones, a consecuencia de una infección cutánea en la pierna. A pesar de las limitaciones físicas, el rey continuó participando en iniciativas públicas y privadas.

Los reyes de Noruega en Tenerife durante un viaje realizado en 2025. ( EFE/Parque Etnográfico Pirámides de Güímar)

Las polémicas de la Corona noruega

No solo las dificultades personales marcaron los últimos años del reinado de Harald. La Corona se vio envuelta en polémicas de gran repercusión mediática y social que pusieron en entredicho el prestigio de la institución. Uno de los factores de mayor presión fue el proceso judicial contra Marius Borg, hijo de la princesa Mette-Marit de un matrimonio anterior.

Borg se enfrentó a graves acusaciones, un total de 38, entre ellas cuatro violaciones, lo que supuso un duro golpe para la familia real, que lo acogió siempre con afecto y trato de nieto, aunque sin formar parte formalmente de la Casa Real. El príncipe Haakon, hijo del rey, actuó como padre adoptivo, enseñándole los valores familiares y la responsabilidad.

A las vicisitudes judiciales de Marius Borg se sumó la situación de la propia princesa Mette-Marit, cuya enfermedad pulmonar crónica derivó en numerosas ausencias de la vida pública y cuya relación con Jeffrey Epstein propició un prolongado debate sobre la gestión de la imagen y los límites del entorno real. Estos hechos precipitaron una crisis reputacional inesperada y compleja para una monarquía históricamente discreta.

Marius Borg Høiby y la Princesa Heredera Mette-Marit de Noruega comparten un momento durante una recepción, aplaudiendo entre otros asistentes en un ambiente festivo (AP)

Su relación con la reina Sonia

El recorrido vital de Harald de Noruega no se comprende sin atender a sus años de juventud, marcados tanto por las circunstancias históricas de Europa como por las expectativas familiares. En la década de los 50, numerosos medios y publicaciones especializadas sostenían que el joven príncipe podría casarse con la princesa Sofía de Grecia, la que sería reina de España, a raíz de la química mostrada por la pareja tras compartir un viaje con sus respectivas familias. La prensa especuló intensamente sobre un posible compromiso, llegando a presentarlo como inminente.

No obstante, finalmente no fue así. El episodio decisivo de la vida sentimental de Harald se produjo precisamente al elegir compartir su vida con Sonia Haraldsen, una joven plebeya, hija de un empresario del sector textil, que había cursado estudios de Diseño de Moda y Literatura. Durante nueve años de relación, la pareja mantuvo su compromiso en secreto y se enfrentó a la resistencia familiar y social. El rey Olav intentó por todos los medios disuadir a su hijo, enviándole a estudiar a la Universidad de Oxford con la esperanza de que encontrara una compañera de su mismo círculo social, sin lograrlo.

Retrato oficial de los reyes Harald y Sonia de Noruega. (Casa Real Noruega)

Ante la negativa de su padre, Harald llegó a plantear un ultimátum que puso en riesgo la continuidad dinástica: solo aceptaría casarse con Sonia y renunciaría al trono si se le impedía esa unión. Este pulso familiar y social solo se resolvió tras nueve años de insistencia y con la aprobación de la familia real noruega, haciendo efectiva una boda duramente ganada en la catedral de Oslo el 29 de agosto de 1968.

Fuente: Infobae

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