Michael Diamond, conocido por dos generaciones como Mike D y parte fundamental de los Beastie Boys, ha vuelto a poner su voz en un micrófono después de catorce años. La muerte de Adam “MCA” Yauch en 2012 disolvió a uno de los tríos más influyentes del hip-hop, pero ahora Diamond regresa bajo el nombre de Mike D 5D con un álbum solista titulado Thank You, que sale este viernes 28. Lo más singular: la banda que lo acompaña está formada en buena parte por sus propios hijos. No se trata de un regreso triunfal ni de una resurrección nostálgica, sino de algo más extraño e interesante.
Un legado de transformación constante
La historia de los Beastie Boys es, ante todo, la historia de una transformación radical y sostenida. El trío neoyorquino formado a principios de los ochenta por Diamond, Yauch y Adam “Ad-Rock” Horovitz inició su camino como una banda de punk hardcore antes de saltar al rap. Su primer álbum, Licensed to Ill (1986), se convirtió en el primer disco de hip-hop en alcanzar el número uno del ranking Billboard 200, un hito que abrió el género a audiencias que nunca antes lo habían escuchado. Sin embargo, ese éxito inicial escondía una paradoja: la imagen de chicos fiesteros y provocadores que proyectaban en canciones como “(You Gotta) Fight for Your Right (To Party!)” era, en parte, una parodia que ellos mismos terminarían por repudiar.
Lo que vino después definió su verdadera dimensión artística. Paul’s Boutique (1989), producido con los Dust Brothers, fue recibido con indiferencia comercial pero con el tiempo se convirtió en una obra de referencia del hip-hop experimental: un collage de samples tan denso y ambicioso que anticipó décadas de producción musical. Check Your Head (1992) dio otro giro: se convirtieron en una banda tocando sus propios instrumentos, fusionando punk, funk, jazz y rap, y construyendo un sonido que, según señaló The New York Times en su momento, era “una indicación de hacia dónde se dirigía la música pop de raíz underground en los años noventa”. Ill Communication (1994) consolidó ese camino y les dio su mayor éxito comercial con “Sabotage”. Para entonces, los Beastie Boys ya eran una fuerza cultural que influyó en la forma de vestir, hablar y consumir música de toda una generación.
El arco moral y el duelo tras la pérdida
El giro moral del grupo fue tan impactante como el musical. Mientras el rap mainstream de los noventa adoptaba un tono más agresivo y misógino, los Beastie Boys fueron en sentido contrario. Yauch pidió disculpas explícitas por el machismo de sus primeras letras en “Sure Shot” (1994):
“A todas las madres y hermanas, esposas y amigos / Quiero ofrecer mi amor y respeto”.
El mismo cantante cofundó los conciertos solidarios Tibetan Freedom y convirtió al grupo en una voz del activismo progresista. La muerte de Yauch por cáncer en 2012, a los 47 años, no solo disolvió al grupo sino que dejó a Diamond sin el andamiaje creativo que había sostenido su carrera. “La cantidad de duelo y tristeza que sentí…”, recordó en una entrevista con The New York Times. “La forma más fácil de no sentir eso era apagar la computadora y alejarme”, agregó. Durante años produjo para otros artistas —entre ellos The Hives, la banda sueca para la que trabajó en su álbum más reciente— hasta que tuvo una revelación: “No debo proyectar mis ideas en otros artistas. Debería guardarlas para mí”.
La familia como catalizador creativo
Lo que finalmente desbloqueó ese impasse fue su propia familia. Sus hijos Davis Diamond, de 23 años, y Skyler Diamond, de 22, músicos con proyecto propio llamado Very Nice Person, se convirtieron en los principales colaboradores del álbum. Junto a ellos, la banda se completa con Eddie Ruscha, Will Graefe y Milo Ruscha. Las sesiones transcurrieron con equipos analógicos antiguos tomados del estudio casero de Diamond en Malibú, California, y con la participación de productores como Carter Lang —colaborador habitual de SZA y Justin Bieber— y Tyran Donaldson. Un sampler de los años ochenta prestado por Horovitz guardaba en sus disquetes beats originales de los Beastie Boys. “Es una máquina del tiempo”, recordó Donaldson.
Una paleta sonora distinta
El resultado sonoro tiene una lógica propia. Thank You es una descarga lo-fi de sintetizadores analógicos, ritmos industriales distorsionados y ecos del dub y del punk neoyorquino, con influencias de bandas de vanguardia como Suicide. Los temas iniciales “Switch Up” y “What We Got” concentran esa energía con voces procesadas a través de un pedal de overdrive. Lejos de imitar el sonido de los Beastie Boys, Diamond construye una paleta diferente: más austera, más áspera, menos irónica. Él mismo lo resumió con precisión: el disco es “musicalmente inmaduro, pero líricamente más maduro”.
La madurez lírica como novedad
Esa madurez lírica es el rasgo más novedoso del álbum. Las letras de Thank You abordan la paternidad, una relación rota y la búsqueda de sentido a los 60 años con una franqueza poco frecuente en la trayectoria del artista. “Todos venimos de traumas / Llenamos nuestro mundo de dramas”, rapea en “Make It Stop”. En “I Don’t Care”, uno de los temas más logrados, el trabajo de sintetizador Mini Korg de Hubert Blanc-Fracard, ex integrante del dúo francés Cassius, acompaña una reflexión sobre el agotamiento de complacer a todos: “Trato de complacer a todos / Eso me está matando”. En “What We Got” grita: “Necesito un Plan B / M.C. retirado”, una línea que funciona como declaración de principios del proyecto.
Thank You no intenta responder qué hubieran sido los Beastie Boys sin Yauch. Esa pregunta parece haber quedado atrás para Diamond. Lo que propone en cambio es más modesto y, por eso mismo, más honesto: la música de un hombre de 60 años que encontró en sus hijos y en un estudio lleno de equipos viejos una razón para volver a encender el micrófono. Hay algo revelador en que el disco más personal de su carrera sea también el más ruidoso, el más áspero, el menos pulido. Como si la única manera de procesar catorce años de silencio fuera hacer exactamente lo contrario del silencio.
Fuente: Infobae