Las declaraciones de Elena Roger sobre su experiencia en Broadway al lado de Ricky Martin exponen no solo las dificultades de actuar con una estrella planetaria, sino también la dureza del anonimato frente a la audiencia estadounidense. Mientras en Londres fue la figura principal de Evita, en la meca del teatro musical la situación fue completamente distinta.
Roger rememoró un episodio que la impactó profundamente. Entre risas, narró:
“Veníamos caminando con el Perón, con Michael Cerveris, que era el Perón de Broadway, y atrás unas chicas dicen en inglés: ‘Ay, qué bueno, Ricky Martin va a hacer acá Evita. Ay, sí, ¿y ella quién es? Nadie’, le dijo la otra”.
La situación, ocurrida en plena calle neoyorquina, la enfrentó de inmediato con la percepción del público local.
“Nos agarró un ataque de risa porque era fuertísimo. Pero por otro lado era real. O sea, no era nadie yo para la gente que estaba yendo a ver esa obra”,
reconoció en una entrevista con Luis Novaresio para su espacio en A24.
La llegada de la argentina a Broadway coincidió con el debut de Ricky Martin, actor central de la puesta.
“Yo había sido líder de la compañía en Londres y la estrella de Evita en Londres, pero cuando fui a Broadway yo no era la estrella, era Ricky Martin”,
explicó Roger. El contraste entre ambas etapas fue notorio desde el inicio.
A diferencia de la recepción europea, en Nueva York el interés de los medios se concentró de inmediato en Martin.
“Mi problema no era con Ricky Martin, pero era importante saber que yo no iba a hacer tantas notas como él”,
admitió. La artista comprendió rápidamente que, durante esa temporada, su nombre no aparecería en los carteles principales ni atraería los reflectores de la prensa. “No one”, llegó a decir sobre sí misma desde el punto de vista del público local.

En su etapa en Broadway, Roger interpretó a Eva Perón acompañada de dos artistas consagrados: Ricky Martin como Che y Michael Cerveris como Perón. La actriz y cantante argentina trajo consigo su trayectoria previa en Londres, pero fue testigo de cómo la mecánica del espectáculo estadounidense privilegiaba la presencia y el carisma del puertorriqueño, convertido en un fenómeno de taquilla.
A pesar de la gélida bienvenida mediática, Roger recibió críticas de toda índole.
“Sí, hubo variadas. A mí creo que me criticaron la nasalidad, no la nariz”,
recordó con humor, evidenciando su capacidad de autocrítica frente al escrutinio de los especialistas. La artista reconoció que la reacción de los críticos fue diversa y que ciertos aspectos de su actuación no terminaron de convencer a los cronistas neoyorquinos.

La actriz reflexionó sobre el peso de la tradición en Broadway y la resistencia a los cambios de paradigma.
“No estaban preparados para dejarnos el trono a Ricky y a mí, que éramos latinos, y sacárselo a Patti Lupone y a Mandy Patinkin, que son los grandes de la comedia musical allá”,
sostuvo Roger. La llegada de dos intérpretes latinoamericanos a los papeles centrales de Evita representaba una novedad para el público y los medios de Estados Unidos, habituados a figuras locales de renombre en este tipo de producciones.
La vivencia de Elena Roger en Broadway fue, según sus palabras, tanto un reto profesional como una lección de humildad. Si bien en Londres había logrado reconocimiento, en Nueva York tuvo que reinventarse y aceptar las normas de una industria que no siempre valora de igual manera el talento extranjero.

El desenlace de su paso por los teatros neoyorquinos dejó claro que el éxito internacional no siempre asegura el aplauso inmediato en todos los escenarios. Roger entendió que, para muchos espectadores, su nombre era entonces una incógnita, y que el brillo de un astro como Ricky Martin podía opacar cualquier trayectoria anterior.
Durante su estancia en Nueva York, Roger aprendió a convivir con la sombra y el anonimato, pero también con el privilegio de compartir tablas con artistas de talla mundial. La risa ante el comentario casual de dos espectadoras anónimas fue, en sus palabras, un recordatorio de la distancia entre la fama y el reconocimiento real en territorios ajenos.
Esta experiencia refleja la complejidad de los cruces culturales y el peso de las figuras mediáticas en la industria del espectáculo de Estados Unidos. Aunque su talento había sido celebrado en Europa, en Nueva York debió enfrentar el reto de abrirse camino en una plaza donde el nombre propio, muchas veces, pesa tanto como la voz.
Fuente: Infobae