Tan solo dos meses después de los ataques que sacudieron Nueva York y al mundo, la ciudad enfrentó otra devastadora tragedia. El 12 de noviembre de 2001, mientras las cicatrices del derrumbe de las Torres Gemelas aún estaban frescas, un avión de pasajeros cayó en el corazón de Queens, sumiendo a la Gran Manzana en la incertidumbre y renovando los temores de una nueva catástrofe.
Aquel día, el vuelo 587 de American Airlines partió del aeropuerto internacional John F. Kennedy con rumbo a Santo Domingo, República Dominicana. A bordo viajaban 251 pasajeros y nueve tripulantes, en su mayoría miembros de la comunidad dominicana radicada en Nueva York.
Tan solo minutos después del despegue, la aeronave se precipitó sobre un área residencial de Queens, provocando la muerte de todos los ocupantes y de cinco personas en tierra. El impacto arrasó varias viviendas y generó un incendio que movilizó a los equipos de emergencia en una escena que rememoraba las recientes pesadillas.
Esta tragedia, que marcó profundamente a la ciudad y especialmente a la comunidad dominicana, se convirtió en el segundo desastre aéreo más grave en la historia de Estados Unidos, justo cuando la metrópoli intentaba recuperarse del golpe del 11 de septiembre.
Los momentos del accidente del vuelo 587
El Airbus A300, con destino a Santo Domingo, siguió la ruta habitual. Tras despegar, el avión tomó la misma trayectoria que, instantes antes, había recorrido un Boeing 747 de Japan Airlines. Según información de Medium, aproximadamente un minuto después de dejar tierra, la aeronave ingresó en una zona de turbulencia generada por la estela del avión que lo precedía.
En la cabina, el primer oficial intentó estabilizar el avión manipulando los controles del timón. Las maniobras, según detalla la Enciclopedia Britannica, se volvieron cada vez más intensas y, en cuestión de segundos, el estabilizador vertical del avión se desprendió debido a las fuerzas extremas provocadas por los movimientos bruscos.
Sin la estabilidad que proporcionaba esa parte esencial de la estructura, el Airbus perdió el control de manera irreversible. Así entró en picada y se desintegró en el aire, mientras los motores también se desprendían. En menos de dos minutos desde el despegue, el avión se estrelló contra el barrio residencial de Belle Harbor, en Queens.

El impacto fue devastador. Cuatro casas quedaron destruidas y otras seis sufrieron daños, tres de ellas de forma irreversible. Un incendio se desató en la zona, extendiendo la tragedia a quienes estaban en tierra. Todos los ocupantes del vuelo murieron en el acto, junto con cinco personas del vecindario.
La escena, descrita por The Independent, fue de conmoción y desesperación: vecinos intentaron auxiliar, pero la magnitud del desastre dejó claro desde el principio que no había sobrevivientes. La caída del vuelo 587 sumió a la ciudad en el silencio y la angustia, agravando el dolor de una Nueva York que aún no se había recuperado del 11 de septiembre.
La investigación y los cambios que generó el accidente
La investigación del accidente del vuelo 587 estuvo a cargo de la Junta Nacional de Seguridad del Transporte (NTSB, por sus siglas en inglés), con la colaboración de la Administración Federal de Aviación (FAA) y las autoridades de Airbus. El análisis de las cajas negras y los restos del avión permitió reconstruir con detalle los últimos minutos del vuelo.
Según la NTSB, en información citada por la Enciclopedia Britannica, la causa principal fue la pérdida del estabilizador vertical, provocada por una serie de maniobras excesivas e innecesarias sobre los controles del timón por parte del primer oficial, Sten Molin, después de atravesar la turbulencia de estela generada por un Boeing 747 que había despegado minutos antes.
El informe final indicó que la formación de los pilotos de American Airlines sobre el manejo del timón no era adecuada, ya que el entrenamiento alentaba respuestas agresivas ante turbulencias, lo que aumentaba el riesgo de sobrepasar los límites estructurales de la aeronave.
Además, se identificaron problemas en el diseño del sistema de control del timón del Airbus A300, que era especialmente sensible a movimientos bruscos, algo que no se informaba de forma clara en los manuales ni en la capacitación de los pilotos, según recogió The Independent.
Como consecuencia directa del accidente, tanto en Estados Unidos como a nivel internacional, se revisaron los protocolos de entrenamiento y los manuales de vuelo, incorporando instrucciones más precisas sobre el uso del timón en situaciones de turbulencia.
American Airlines modificó su programa de entrenamiento y Airbus introdujo cambios técnicos en el sistema de control del timón de los modelos A300 y A310. Además, según EBSCO, la FAA emitió nuevas directrices para reforzar la formación de tripulaciones ante turbulencias de estela y para mejorar los estándares de diseño y certificación de sistemas de control de vuelo.
Fuente: Infobae