Hace 3.283 años, dos de las civilizaciones más poderosas de la Antigüedad decidieron poner fin a décadas de enfrentamientos con un documento sin precedentes: un tratado de paz entre naciones soberanas. El monarca egipcio Ramsés II y el gobernante hitita Hattusili III suscribieron alrededor del año 1259 a.C. el acuerdo que los especialistas consideran el primer pacto pacífico de la humanidad que ha llegado hasta nuestros días. Una copia de ese texto se exhibe actualmente en el pasillo de delegados de la sede de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Nueva York, muy cerca del ingreso al Consejo de Seguridad.
Los orígenes de este acuerdo se remontan a mucho antes. Egipto y el Imperio hitita mantuvieron una rivalidad por el dominio del Mediterráneo oriental durante más de dos siglos, hasta que en mayo de 1274 a.C. sus tropas se enfrentaron en la batalla de Qadesh, a orillas del río Orontes, en la actual zona fronteriza entre Siria y Líbano. Aquella contienda fue el mayor combate con carros de guerra de la época antigua: entre 5.000 y 6.000 carros y decenas de miles de soldados de ambos bandos se batieron en el campo. Ramsés II dirigió cuatro divisiones —Amón, Ra, Ptah y Set— con aproximadamente 20.000 hombres, mientras que el rey hitita Muwatalli II desplegó una fuerza de hasta 27.000 guerreros y 3.500 carros pesados.
El resultado del enfrentamiento no dejó un vencedor claro. Los egipcios cayeron en una emboscada que estuvo a punto de aniquilar su vanguardia; Ramsés II encabezó personalmente una carga para evitar la catástrofe. Los hititas, aunque retuvieron el control de la ciudad de Qadesh, sufrieron la pérdida de gran parte de su nobleza en la lucha. Ambos bandos declararon la victoria. Ambos bandos falsearon la realidad. Los historiadores actuales califican el desenlace como un empate estratégico.
El agotamiento como motor de la paz
Tras aquella batalla se desató una guerra de desgaste que se extendió durante 15 años más, sin que ninguna de las dos potencias consiguiera una ventaja definitiva. Fue el cansancio, y no una derrota militar, lo que allanó el camino hacia la diplomacia. A esto se sumaron amenazas externas: Egipto debía hacer frente al avance de los Pueblos del Mar desde el Mediterráneo, mientras que el Imperio hitita observaba con preocupación el crecimiento de Asiria por el este. Ninguno de los dos podía continuar guerreando contra el otro.
Tras el fallecimiento de Muwatalli II, su heredero Hattusili III dio el primer paso. El intercambio de cartas entre las reinas Puduhepa y Nefertari —esposas de los respectivos soberanos— ayudó a suavizar las tensiones entre las cortes. Hattusili redactó el acuerdo en Hattusa, la capital hitita en la actual Turquía, y lo remitió a la ciudad egipcia de Tanis, donde los escribas de Ramsés lo examinaron. Los dos monarcas jamás se encontraron cara a cara: el pacto fue negociado a través de emisarios.
El texto original se inscribió en tablillas de plata —hoy desaparecidas— y se intercambió entre las dos cortes. Han perdurado copias en arcilla, descubiertas en 1906 en las ruinas de Hattusa. La versión hitita, en escritura cuneiforme, se guarda en el Museo Arqueológico de Estambul. La versión egipcia quedó grabada en jeroglíficos en los muros del templo de Karnak y del Rameseum.

Los 18 artículos del pacto
El documento, compuesto por 18 artículos, establece compromisos que adelantan principios del derecho internacional contemporáneo: no agresión mutua, defensa conjunta frente a enemigos externos, extradición de fugitivos y protección de los herederos al trono.
“Ramsés, el gran rey de Egipto, nunca atacará el país de Hatti para apoderarse de una parte de ese país. Y Hattusili, el gran rey de Hatti, nunca atacará el país de Egipto”
, reza uno de sus pasajes centrales. El acuerdo invocaba a 1.000 dioses como testigos y amenazaba con maldiciones divinas a quien lo violara.
El tratado se mantuvo vigente durante casi 80 años, hasta que el Imperio hitita se derrumbó hacia 1190 a.C. ante la invasión de los Pueblos del Mar. Egipto y Hatti permanecieron en paz durante ese lapso y sellaron la alianza con dos matrimonios dinásticos: Ramsés II desposó a la hija mayor de Hattusili III alrededor del año 1245 a.C.
La réplica que cuelga en la ONU —una pieza de cobre donada por Turquía al secretario general U Thant— no es un simple adorno. Es la constancia de que la idea de negociar la paz entre estados soberanos, con cláusulas vinculantes y garantías recíprocas, tiene al menos 33 siglos de antigüedad.
Fuente: Infobae