En la primavera de 1315, un diluvio implacable cayó sobre Europa. Mayo, junio, julio y agosto vieron cómo los campos de trigo, centeno y avena se anegaban, pudrían y morían antes de la cosecha. La Gran Hambruna de 1315–1322 se convirtió en la peor crisis de subsistencia de la Edad Media europea, cobrándose entre el 10% y el 25% de la población en algunas ciudades y dejando una huella demográfica que tres décadas después agravaría la llegada de la Peste Negra.
El cronista inglés John Trokelowe, monje del monasterio de Saint Albans, describió mayo de 1315 como “húmedo más allá de toda memoria”. No exageraba. Un estudio de 2020 en la revista Communications Earth & Environment, realizado por investigadores de la Universidad de Columbia, usó el Atlas de Sequías del Viejo Mundo —basado en anillos de árboles— para establecer que los tres años de cultivo previos a la hambruna (1314-1316) fueron los quintos más húmedos registrados entre 1300 y 2012. El año 1315 fue, individualmente, el más lluvioso de ese período de más de siete siglos; 1314 ocupó el segundo lugar.
La lluvia afectó los cultivos de dos maneras: la humedad extrema impedía que los granos germinaran antes de que el moho los destruyera, y era imposible cosechar. Incluso las plantas que sobrevivían al encharcamiento no podían cortarse, atarse ni almacenarse sin que la paja mojada se corrompiera. Las pérdidas en la cosecha de trigo del noroeste de Europa en 1315 se estiman entre el 60% y el 70% respecto a un año normal. El precio del trigo se triplicó en el norte de Francia entre 1315 y 1316; el de la avena se quintuplicó. Los salarios reales cayeron a mínimos históricos.
La crisis no se limitó a los cereales. Los animales de granja, debilitados por la falta de forraje —la paja húmeda tampoco servía como alimento—, sucumbieron a enfermedades. La Gran Pestilencia Bovina, una epizootia que recorrió Europa occidental, redujo las cabañas de ovejas y vacas hasta en un 80% en algunas regiones. El colapso ganadero eliminó no solo proteína, sino también la tracción animal para labrar los campos, agravando las cosechas siguientes. Como resultado, el acceso a la alimentación básica se volvió imposible para amplios sectores urbanos y rurales.
Un momento de cambio climático
El patrón climático que desencadenó la hambruna no fue un accidente aislado. Coincidió con el inicio de la transición del Periodo Cálido Medieval (aproximadamente entre 950 y 1250) hacia la Pequeña Edad de Hielo, un enfriamiento sostenido que duró hasta mediados del siglo XIX. Ese cambio implicó una caída de apenas medio grado Celsius en las temperaturas medias de verano en el norte de Europa, pero alteró los patrones de circulación atmosférica, produciendo veranos más fríos y húmedos y acortando el período de cultivo.
Las consecuencias sociales fueron inmediatas y brutales. En Ypres y Brujas, las ciudades más afectadas de los Países Bajos, la mortalidad urbana alcanzó entre el 20% y el 25%. El sur de Inglaterra perdió entre el 10% y el 15% de sus habitantes. El norte de Francia registró una caída del 10%. El cronista flamenco Lodewijk Van Velthem escribió en 1315 que en Brabante ya no había espacio en los cementerios. La esperanza de vida al nacer en la familia real inglesa, para la que existen registros, cayó de 35,28 años en 1276 a 29,84 años durante la Gran Hambruna.

La desesperación generó respuestas extremas documentadas en múltiples fuentes. El abandono de niños, el robo, el consumo de perros y caballos y los rumores de canibalismo aparecen en crónicas de distintas regiones. Algunos historiadores señalan que la hambruna pudo haber dado origen al relato de Hansel y Gretel, un cuento donde unos padres abandonan a sus hijos en el bosque por no poder alimentarlos. El orden social se fracturó: los precios desorbitados desencadenaron conflictos de clase y desestabilizaron estructuras políticas desde Polonia hasta los Alpes.
La recuperación fue lenta y parcial. Las lluvias remitieron en el verano de 1317, pero las reservas de semilla estaban agotadas y los rebaños, diezmados. Los suministros se estabilizaron entre 1322 y 1325. La población tardó hasta alrededor de 1500 en recuperar los niveles previos a la crisis. En parte porque, en 1347, apenas dos décadas después de que Europa comenzara a reponerse, llegó la Peste Negra. Pero esa es otra historia.
Fuente: Infobae