La habitación de Fletcher Merkel, el pequeño de ocho años que perdió la vida en el tiroteo ocurrido el 27 de agosto de 2025 en la iglesia y escuela católica de la Anunciación, en el sur de Minneapolis, permanece prácticamente sin cambios, convertida en un memorial familiar que sus padres eligieron preservar.
Jesse y Mollie, sus progenitores, decidieron mantener el espacio tal como estaba para que otros puedan comprender la magnitud de la tragedia y entender que “esto no debería volver a ocurrir”. Fletcher fue uno de los dos estudiantes asesinados cuando un atacante disparó en el recinto religioso y educativo.
Para la familia, ese cuarto del segundo piso conserva la esencia del hijo que perdieron y refleja, a través de objetos cotidianos, la vida truncada de un niño.
“No está con nosotros como nos gustaría, pero esto es lo mejor que tenemos”
, expresó Jesse al medio que cubrió la historia.
“Es uno de los homenajes más personales a la persona que fue”
.
Mollie explicó por qué decidió no alterar el espacio:
“Si la habitación no es suya, siento que ese recuerdo… como si no lo volviera a sentir de la misma manera”
.
Los objetos que atesoran la memoria de Fletcher
La habitación contiene evidencias concretas de las pasiones del menor: Legos, figuras de búfalos, artículos de los Green Bay Packers, plantas del llamado “Jardín de Fletcher” y su uniforme de Cub Scout. Las fotografías también capturan detalles mínimos que sus padres asocian inmediatamente con él.
- Unos zapatos que recibió apenas tres semanas antes de morir y que ya mostraban desgaste.
- Una manta en la que encontraba consuelo, con una esquina que, según relataron, había usado hasta el último hilo.
Jesse explicó que exponer ese espacio a otros tenía un propósito claro:
“Quiero que la gente tenga una pequeña idea de: ‘¿Y si fuera yo?’”
. Mollie agregó que
“es muy importante que la gente sepa quién era”
.
La madre recordó además los intereses iniciales de su hijo:
“Al principio, todo giraba en torno a insectos y animales”
. Jesse lo describió como
“una energía inagotable”
.
Para los padres, esa habitación funciona como un registro íntimo: no solo de lo que Fletcher poseía, sino de cómo era su rutina y de qué forma la familia lo recuerda. Los objetos cotidianos adquieren un peso especial, porque concentran un tiempo que ya no regresa y que, para ellos, quedó detenido en ese lugar.
Un proyecto que documenta cuartos vacíos ante la persistencia de los tiroteos escolares

El relato difundido por un medio estadounidense se inscribió en un proyecto más amplio de documentación de habitaciones de niños fallecidos en tiroteos escolares en Estados Unidos. El autor del texto contó que, junto con el fotógrafo Lou Bopp, visitó ocho de esos cuartos para el cortometraje documental de Netflix titulado “Todas las habitaciones vacías”.
Esa película ganó un premio Óscar el pasado mes de marzo. Sin embargo, según explicó, el trabajo no concluyó allí: continuarán documentando esas habitaciones para cualquier padre que desee participar mientras persista lo que describió como una epidemia de tiroteos escolares en el país.
El texto definió esos cuartos como “espacios sagrados”. Los padres podían conservar las fotos en privado o decidir compartirlas con el público. El proyecto buscó reunir historias que quedaban fuera de las estadísticas y de los titulares inmediatos. En lugar de centrarse en la secuencia del ataque, se enfocó en lo que permanece después: un cuarto que no cambia, objetos que siguen donde estaban y un silencio que, para quienes lo atraviesan, tiene la densidad de lo irreparable.
Entre los recuerdos que preserva la habitación de Fletcher también hay un diario. En una de sus páginas, el niño detalló un plan para robar galletas de un tarro ubicado abajo y cerró la anotación con una frase de celebración:
“Este plan fue un éxito”
.

Sus padres dijeron que así es como su hijo perdura para ellos: en recuerdos divertidos y en rastros concretos de su personalidad. Al ser consultados sobre si creían que algo cambiaría si todos los estadounidenses pudieran entrar en esa habitación, ambos respondieron que sí.
“Tienen que sentirlo”
, dijo Mollie. Jesse lo llevó al plano más directo:
“Como ser humano, uno tiene que decir que esto no le puede pasar a nadie más”
.
Fuente: Infobae