Diagnóstico inesperado golpea al gurú de la longevidad Bryan Johnson

“¿Por qué quieres vivir hasta los 150 años?”. Esa pregunta, lanzada durante una cena privada en Aspen, Colorado, quedó suspendida en el aire. El encuentro reunió a figuras de las relaciones internacionales, la economía y el entretenimiento, y también a Bryan Johnson, el millonario tecnológico conocido como biohacker, que libra una batalla pública y provocadora contra la muerte.

Johnson asegura haber invertido millones de dólares en estudiar y perfeccionar su propio cuerpo. Se autodenomina “el ser humano más mesurado de la historia” y su meta es hacer posible la vida eterna. Tiene casi 49 años.

En la cena, junto a él estaba Ezekiel J. Emanuel, exasesor de políticas de salud del gobierno de Barack Obama y un crítico acérrimo de la industria del bienestar, de la que Johnson es un practicante extremo. Emanuel ha dicho que le basta con vivir hasta los 75 años; hoy tiene 68.

apenas comenzaban la ensalada cuando Emanuel fue directo al grano: “No le veo el sentido; no le veo el propósito. ¿Por qué quieres vivir hasta los 150 años?”. Silencio total. “No dijo nada”, recordó Emanuel más tarde. “Lo tomó por sorpresa. Esa fue la parte más interesante de la velada”.

Unos meses después, Johnson recibiría lo que él mismo llamó sus “malas noticias”.

Los ‘bros’ de la longevidad

La mortalidad es un hecho ineludible, pero el deseo de engañar a la muerte viene de antaño. Gilgamesh, los emperadores chinos y los alquimistas medievales ya intentaron alcanzar la inmortalidad. Hoy, las pociones modernas son más sofisticadas y atraen a una élite adinerada y tecnófila como Johnson.

Johnson, radicado en Los Ángeles, es el más famoso de los llamados “bros de la longevidad”. Documentan obsesivamente sus intentos de vivir más y mejor, práctica que sus críticos denominan “síndrome de fijación con la longevidad”.

Su lema es “No te mueras” y se autoproclama “la persona más sana del planeta”. Para demostrarlo, registra cada variación de sus indicadores de salud: recuento sanguíneo, frecuencia cardiaca, grasa visceral, erecciones nocturnas. Come poca carne, pero consume péptidos de colágeno y ha experimentado con más de 100 suplementos diarios. Incluso recibió una transfusión de plasma de su hijo adolescente y luego le dio plasma a su padre.

Sin embargo, este verano sus esfuerzos chocaron con la enfermedad. En redes sociales, anunció que desarrolló gastritis autoinmune, una afección en la que el cuerpo ataca las células del estómago que producen ácido. Esto provoca deficiencias de hierro y vitamina B-12, asociadas a niebla mental, caída del cabello, uñas quebradizas, complicaciones neurológicas y mayor riesgo de cáncer de estómago. O, como él lo expresó: “Mi estómago se está comiendo a sí mismo”.

Al dar a conocer su diagnóstico, lo planteó como una traición. “Como alimentos integrales”, escribió. “Hago ejercicio todos los días y no hago cosas malas”. Pero también dijo que la enfermedad lo llevó a una nueva fase: “resolución de la enfermedad”. “Potencialmente retrata cómo será el futuro. En este momento, cuando alguien se enferma, no nos sorprende tanto. Simplemente lo esperamos. En el futuro, es posible que lleguemos al punto en el que sea sorprendente si alguien se enferma”.

Al mismo tiempo, la pregunta de la cena parecía inquietarlo. Hace poco publicó en X: “He estado pensando las cosas y me pregunto si he llevado todo este asunto de la longevidad demasiado lejos”. ¿Qué había sido del Hombre Más Sano del Mundo? Decidí preguntárselo.

Volando demasiado cerca del Sol

Johnson ha dado innumerables entrevistas, incluso a The New York Times, y fue tema de un documental de Netflix. Sus respuestas suelen ser ensayadas y vagas. Rechaza las acusaciones de que busca ganar dinero con sus empresas Blueprint e Immortals. Dice que ya tiene suficiente dinero.

En una videollamada, le recordé la pregunta de Emanuel: “¿por qué quieres vivir hasta los 150 años?”. Esbozó una sonrisa grande y contagiosa. “Él me parece una persona encantadora. Creo que no está de acuerdo con nada de lo que defiendo, ¡y eso es genial!”. Le pregunté qué pensaba mientras estaba sentado en silencio. “Como puedes ver, no soy una persona muy dada a discutir. Normalmente digo que sí y disfruto de las opiniones de los demás. Así que en realidad estaba tratando de entenderlo a él. Creo que quizá terminé de expresar mi postura diciéndole que no creo que uno necesite una razón, que la vida en sí misma no necesita justificación. Esa respuesta suele dejar a la gente muy insatisfecha”.

Bryan Johnson impulsa una búsqueda de longevidad extrema con la meta de hacer posible vivir para siempre. (Instagram/@bryanjohnson_)

“Los humanos quieren razones para todo, y si una razón no va de la mano con la idea, es muy difícil para los humanos procesarlo”.

Emanuel, por su parte, tiene sus propias ideas. Cree que la industria de la longevidad ha perdido el rumbo. “Tratar de vencer el envejecimiento es arrogante y narcisista”, dice. Apoya métodos sencillos como eliminar alimentos ultraprocesados, dormir bien y vivir nuevas experiencias. Su libro más reciente se titula Eat Your Ice Cream. “El sentido de la vida, creo, es hacer que el mundo sea mejor para tu familia, tu comunidad, para la humanidad. Estamos aquí por poco tiempo, y no todo gira en torno a nosotros”.

Pensé en mi madre, Calliope, mujer griega que fue mi modelo de buen envejecimiento. Vivió hasta los 97 años, aún haciendo cuentas de memoria, llamando a quienes no podían visitarla y caminando al mercado. Solía repetir un proverbio griego: “Hay dos cosas que no soporto: la pobreza y la vejez”. Quizá le habría gustado ser inmortal, pero no lo buscaba. Citaba a Cavafis: al volver a Ítaca, lo que importa es el viaje. Su estrategia fue la aceptación. Meses antes de morir, me dijo que había hecho las paces con su vida.

En nuestras entrevistas, Johnson no admitió nada, aunque sabe que muchos quieren verlo fracasar. Al hablar de su enfermedad, mencionó el mito de Ícaro: “Volé demasiado cerca del Sol”, dijo. “Me propuse alcanzar una meta que podría describirse como hibris”. Rechazó que su régimen de longevidad hubiera causado la enfermedad; dijo que podría haber estado latente unos 30 años, relacionada con su diagnóstico de hipotiroidismo a los 21 años. “La tiroides y el estómago están muy estrechamente vinculados en la inmunología”. (Aunque Rabia de Latour, gastroenteróloga de NYU Langone Health, explicó que “no hay una causa conocida para la gastritis autoinmune”).

Johnson cree que su maximización de la salud es positiva. “Si acaso, estoy sumamente agradecido de haber pasado los últimos cinco años trabajando en mi salud. Si no hubiera estado cuidando mi salud con tanta meticulosidad, es posible que mi diagnóstico fuera mucho peor”. Además, dijo que su vigilancia no es solo para él, sino para la humanidad. Restó importancia a la publicación en X: “Me estaba burlando de mí mismo. Mi humor es… soy deliberadamente inexpresivo, soy irónico y soy absurdo”. Le pregunté si había una pizca de verdad en sus arrepentimientos. “Si la hay, es subconsciente”, insistió.

En retrospectiva, dijo que le sorprendía que su equipo no hubiera encontrado más problemas. “Cuando mides, encuentras cosas”. Esa respuesta apunta a otra verdad: cuando concentras toda tu energía en mantenerte con vida, te queda muy poco tiempo para vivir. Volví a pensar en mi madre. “Hay una verdad esencial”, solía decir en griego, citando una canción de los 80: “La inmortalidad no existe”.

Fuente: Infobae

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