La administración del presidente estadounidense Donald Trump ha instruido a la NASA a investigar opciones comerciales para enviar seres humanos a Marte y traerlos de regreso a la Tierra. Esto forma parte de una nueva Política Nacional de Transporte Espacial que busca ampliar las capacidades de transporte espacial de Estados Unidos.
La directriz, detallada en un memorando presidencial emitido por la Casa Blanca, deroga la política anterior y establece que la agencia espacial debe facilitar el transporte comercial hacia y desde la Luna, impulsar el acceso robótico comercial a la superficie marciana y «explorar arquitecturas comerciales para enviar seres humanos a la superficie de Marte y devolverlos a la Tierra».
El documento fija como meta que para el año 2030, la infraestructura espacial estadounidense pueda permitir más de 1.000 lanzamientos y reentradas anuales, además de expandir el acceso desde la órbita terrestre hasta la Luna y el espacio profundo. La política no establece una fecha específica para una misión tripulada a Marte, pero encarga a la NASA estudiar cómo desarrollar esa capacidad mediante soluciones comerciales.
Esta nueva política se enmarca en una estrategia para incrementar la participación del sector privado en el transporte espacial, a través de inversiones comerciales y asociaciones público-privadas, reemplazando las directrices establecidas durante la administración de Barack Obama en 2013.

En la actualidad, la NASA avanza en la preparación de los helicópteros SkyFall para una misión en Marte cuyo objetivo será localizar hielo a poca profundidad en el subsuelo del planeta rojo. Estas aeronaves, equipadas con una antena de radar revolucionaria, ya superaron una fase inicial de pruebas en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL), resistiendo el doble de aterrizajes previstos para la misión principal: 200 sin pérdida de señal.
El lanzamiento de SkyFall está programado para finales de 2028, a bordo de la misión Space Reactor-1 Freedom, que será la primera misión interplanetaria impulsada por energía nuclear. La expedición enviará tres helicópteros —uno de mayor tamaño y dos más pequeños— con la tarea de sobrevolar la superficie marciana y emitir señales de radar de penetración terrestre.
Esta tecnología busca resolver un problema que los satélites no pueden abordar con eficacia: detectar depósitos de hielo poco profundos, ubicados a unos 5 metros bajo la superficie. El JPL explicó que las longitudes de onda más largas del radar pueden penetrar varios metros, mientras que las más cortas permiten una lectura precisa de las capas superficiales. Los satélites sí pueden identificar grandes depósitos a decenas de metros, pero no estos reservorios accesibles para futuras misiones tripuladas.
El radar de SkyFall cuenta con una antena flexible de tela que cuelga bajo cada helicóptero, diseñada para evitar interferencias durante el aterrizaje y resistir el contacto con el suelo. Esta antena operará a sólo 15 centímetros de la superficie marciana, una distancia que imposibilita el uso de antenas tradicionales para ese rango de frecuencias.

Adrian Tang, científico principal del instrumento de radar de SkyFall en el JPL, señaló: “La única forma de detectar hielo subterráneo poco profundo de forma remota es volar cerca del suelo”. Tang añadió: “Al volar bajo y despacio, un helicóptero SkyFall podría capturar imágenes de radar que permitan distinguir las finas capas donde el suelo seco da paso al hielo, detectando su presencia y cartografiando su extensión”.
Christine Gebara, jefa de mecánica del radar de penetración terrestre SkyFall en el JPL, explicó que el equipo implementó técnicas adicionales para reducir aún más el tamaño del dispositivo. A pesar de estos avances, la antena mantiene una longitud aproximada de una vez y media la de las patas del helicóptero, lo que obliga a plegarla durante el aterrizaje y a que se deforme aún más si la nave toca una roca.
Esta exigencia mecánica fue un desafío clave en el desarrollo, ya que la antena debe recuperar su forma original al despegar para poder recolectar datos de manera eficiente. La misión contempla docenas de vuelos sobre Marte, por lo que el sistema fue diseñado para soportar esfuerzos repetidos sin perder integridad estructural ni deformarse durante el vuelo.
Fuente: Infobae