¿Caminar o correr para bajar la presión arterial? Esto dice la ciencia

La presión arterial alta es una condición que afecta a millones de adultos y eleva el riesgo de infarto, accidente cerebrovascular y enfermedad renal, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). Tanto caminar como correr aparecen como alternativas viables dentro de un plan para reducir esos valores.

Qué muestra la evidencia sobre caminar

Especialistas consultados coinciden en que caminar es una de las opciones más accesibles para mejorar la salud cardiovascular. Esta evaluación encaja con las pautas de la OMS, que incluye la caminata rápida dentro de la actividad aeróbica de intensidad moderada recomendada para adultos.

Las guías internacionales recomiendan actividad física semanal con rangos claros para adultos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La OMS recomienda que los adultos realicen entre 150 y 300 minutos de actividad física aeróbica moderada por semana, o entre 75 y 150 minutos de actividad intensa, además de ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos días a la semana. Estas cifras ayudan a entender por qué una rutina constante de caminatas puede contribuir a bajar la presión arterial.

Un metaanálisis citado por los especialistas indica que caminar se asocia con una reducción de 4 mm Hg en la presión sistólica y de 2 mm Hg en la diastólica. La presión sistólica corresponde al valor superior de la medición, la diastólica al inferior. La American Heart Association (AHA) señala que reducciones de esa magnitud pueden ser relevantes a nivel poblacional si se mantienen en el tiempo.

La caminata rápida aparece como opción de intensidad moderada con impacto cardiovascular medible. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Impacto de correr en la presión arterial

Correr también forma parte de las actividades aeróbicas que las instituciones internacionales vinculan con beneficios cardiovasculares. La AHA indica que el ejercicio aeróbico regular ayuda al corazón a funcionar con mayor eficiencia y favorece el control de factores de riesgo asociados a la hipertensión.

Según la información recopilada, un estudio observó que correr se relacionó con una reducción de 4,2 mm Hg en la presión sistólica y de 2,7 mm Hg en la diastólica. En personas con hipertensión previa, la disminución fue aún mayor. Además, las rutinas de intensidad moderada mostraron mejores resultados que las sesiones más intensas en ese grupo.

La relación entre ejercicio y presión arterial también aparece en documentos de la OMS y la AHA, que describen cómo la actividad física regular mejora la función vascular, mantiene la elasticidad de las arterias y cuida el sistema circulatorio. Este efecto no depende de una sola disciplina, sino de la continuidad de la práctica.

Correr se asocia con reducciones comparables y puede elevar la intensidad en menos tiempo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La constancia como factor determinante

Más allá de las diferencias entre caminar y correr, el punto en común de las recomendaciones internacionales es la regularidad. La OMS advierte que la inactividad física es un factor de riesgo para enfermedades no transmisibles, mientras que los CDC recuerdan que la hipertensión suele avanzar sin síntomas evidentes, por lo que requiere prevención y seguimiento.

Caminar ofrece una ventaja práctica: exige poco equipamiento, se adapta a distintos niveles de condición física y es más fácil de mantener para quienes recién comienzan. Correr, en cambio, permite alcanzar una intensidad mayor en menos tiempo, una característica que algunas personas valoran al organizar su rutina semanal.

La elección entre ambas opciones puede depender de la edad, estado de salud, nivel de entrenamiento y preferencias personales. La OMS y la AHA coinciden en que la actividad física regular reduce el riesgo de enfermedad cardiovascular, por lo que el mejor plan será aquel que una persona pueda mantener de forma estable y segura.

En personas con hipertensión previa, los descensos reportados pueden ser mayores con práctica regular. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Precauciones antes de iniciar

Las recomendaciones generales no reemplazan la evaluación médica individual. Los CDC y la AHA aconsejan consultar con un profesional de la salud antes de iniciar un programa exigente, especialmente en personas con antecedentes cardíacos, hipertensión no controlada u otras enfermedades crónicas.

Los especialistas también señalan señales de alerta ante las que conviene interrumpir el ejercicio y buscar atención médica, como dolor o presión en el pecho, mareos, palpitaciones o falta de aire fuera de lo habitual. Este criterio coincide con la necesidad de adaptar la actividad a la situación clínica de cada persona.

En términos de salud pública, el mensaje central de las instituciones internacionales es consistente: tanto caminar como correr pueden ayudar a bajar la presión arterial si forman parte de una rutina regular, con objetivos semanales acordes a las guías y con supervisión profesional cuando el cuadro lo requiera.

Fuente: Infobae

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