TecPrize 2026: IA y empleo en América Latina, ¿cómo cerrar la brecha?

El debate sobre inteligencia artificial y trabajo a menudo se reduce a una única pregunta: cuántos puestos se perderán. Sin embargo, en América Latina la urgencia es otra. Mientras una fracción de los trabajadores logra adoptar nuevas herramientas, elevar su productividad y adquirir competencias que mejoren sus perspectivas laborales, otra parte ni siquiera tiene las bases para emprender ese camino.

Un análisis conjunto de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el Banco Mundial calculó que entre el 26% y el 38% de los empleos de América Latina y el Caribe están expuestos de alguna forma a la inteligencia artificial generativa. La tecnología podría incrementar la productividad de entre el 8% y el 14% de los puestos, mientras que entre el 2% y el 5% corren riesgo de automatización total. El dato que cambia el enfoque es otro: alrededor de 17 millones de empleos que podrían beneficiarse de la IA encuentran barreras debido a la falta de acceso digital y de infraestructura.

La transformación tecnológica, por tanto, también puede perpetuar desigualdades ya conocidas. Tener acceso a una herramienta no es lo mismo que saber usarla, y saber usarla no garantiza que todos lo hagan en condiciones equitativas. Sobre este panorama se estructura TecPrize 2026, la iniciativa de innovación abierta del Institute for the Future of Education (IFE) del Tecnológico de Monterrey, que una vez más se enfoca en la conexión entre educación, competencias y futuro laboral.

La convocatoria se abrió el 19 de agosto. Antes de definirla, los organizadores realizaron encuentros en Monterrey, Buenos Aires y Medellín con casi un centenar de representantes de más de 50 organizaciones, entre universidades, empresas, startups, fundaciones y entidades públicas. El objetivo fue identificar problemas que se repitieran más allá de las diferencias entre países y sectores.

Las conversaciones giraron reiteradamente en torno a varios temas: la brecha entre las habilidades disponibles y las que requiere el mercado laboral; el impacto de la IA en las tareas y las organizaciones; la necesidad de impulsar procesos de formación a lo largo de toda la vida laboral; y las dificultades para conectar el talento con las oportunidades. También afloraron tensiones menos sencillas de resolver: productividad frente a bienestar, automatización frente a propósito, especialización frente a capacidad de adaptación.

Estos debates no son exclusivos de América Latina. El Future of Jobs Report 2025 del Foro Económico Mundial estimó que el 39% de las habilidades que hoy emplean los trabajadores cambiarán o perderán vigencia hacia 2030. Si la fuerza laboral global estuviera compuesta por cien personas, 59 necesitarían algún tipo de actualización o reconversión en los próximos años. Para el 63% de las empresas consultadas, la falta de habilidades es el principal obstáculo para su transformación.

La particularidad latinoamericana emerge cuando estos cambios se superponen con mercados laborales marcados por la informalidad, diferencias educativas y desigualdad en el acceso a la tecnología. Así, la capacitación deja de ser un tema exclusivo de las áreas de recursos humanos y se convierte también en un problema educativo.

Los finalistas del TecPrize de edciones anteiores

Qué significa aprender en el trabajo

El cambio se refleja en la propia evolución de TecPrize. En su edición de 2024, el desafío planteaba cómo jóvenes y adultos podían desarrollar las habilidades laborales y digitales más demandadas. Un año después, la inteligencia artificial ocupó el centro de manera explícita: los participantes debían proponer cómo los trabajadores de América Latina y el Caribe podían aprovecharla para desarrollar competencias, mejorar su desempeño y cerrar brechas en el mercado laboral.

A esa última convocatoria llegaron más de 140 proyectos de 20 países. Los diez finalistas ofrecieron respuestas muy diversas al mismo problema: simulaciones de situaciones laborales, capacitación a través de WhatsApp, sistemas para identificar habilidades, asistentes para trabajadores operativos y plataformas de entrenamiento basadas en IA. O-lab (Colombia), OZARU (México) y HackÜ (Colombia) ocuparon los tres primeros lugares.

La edición 2026 amplía nuevamente el campo. En los encuentros previos aparecieron proyectos vinculados con empleabilidad, aprendizaje continuo, inteligencia artificial aplicada al talento, HRTech, WorkTech y transformación de la fuerza laboral. Más que buscar una tecnología específica, el punto de partida parece ser un problema: cómo reducir la distancia entre lo que las personas saben hacer y lo que su trabajo empieza a exigirles.

Esa distancia puede resultar más incómoda que las predicciones sobre empleos que desaparecerán, porque ya se puede medir en el presente.

Durante años, la formación profesional se organizó en torno a una secuencia relativamente estable: estudiar, obtener una certificación, ingresar al mercado laboral y acumular experiencia. La velocidad del cambio tecnológico altera ese esquema. El aprendizaje empieza a formar parte del propio trabajo, y las instituciones educativas, las empresas y los Estados se enfrentan a una pregunta para la que aún existen respuestas parciales: quién debe hacerse cargo de esa formación permanente.

La inteligencia artificial añade otra complejidad. La actualización laboral no consiste únicamente en aprender a usar una herramienta. El pensamiento crítico, la comunicación, la capacidad para formular preguntas, el trabajo en equipo, la ética y el criterio para evaluar resultados adquieren más peso precisamente porque las máquinas pueden resolver una cantidad creciente de tareas técnicas. La OIT, en su actualización global sobre inteligencia artificial y empleo de 2025, concluyó que la transformación de los puestos es, por ahora, un escenario más extendido que su desaparición completa, y advirtió sobre la necesidad de acompañar ese proceso con políticas laborales y formación.

Ahí aparece uno de los problemas que TecPrize intenta poner sobre la mesa. La brecha de habilidades suele presentarse como una carencia: trabajadores que aún no han aprendido lo que las empresas necesitan. Pero también puede leerse desde el otro lado. Los sistemas educativos y las organizaciones deben responder a cambios tecnológicos cuya velocidad dificulta determinar cuáles serán las habilidades necesarias dentro de cinco años.

Las soluciones que se presenten a la edición 2026 deberán moverse dentro de esa incertidumbre.

Los finalistas del TecPrize de edciones anteiores

Cómo funciona TecPrize

TecPrize funciona desde hace seis años y combina una competencia con instancias de acompañamiento para los proyectos seleccionados. En la edición anterior, los diez finalistas participaron de mentorías, un programa de tres meses, un bootcamp de medición de impacto y la final realizada durante la IFE Conference en Monterrey. Los tres ganadores recibieron premios de 30.000, 20.000 y 10.000 dólares, respectivamente. Uno de ellos obtuvo además el ingreso al programa de aceleración EdTech de la University of Southern California.

Según datos difundidos por el Tecnológico de Monterrey al cierre de aquella edición, los emprendimientos que pasaron por TecPrize habían conseguido en conjunto más de cuatro millones de dólares de capital y alcanzado a más de 2,5 millones de personas. Son cifras de un programa de innovación, aunque también muestran el crecimiento de un sector que intenta ocupar un espacio que las instituciones educativas tradicionales y las empresas todavía están definiendo.

Tal vez ahí esté el aspecto más interesante de la convocatoria 2026. El futuro del trabajo suele imaginarse como un territorio que todavía está por llegar. Sin embargo, buena parte de sus problemas ya están presentes: trabajadores que necesitan aprender nuevas tareas, empresas que no encuentran determinados perfiles, instituciones que deben revisar sus programas y una tecnología que distribuye oportunidades de manera desigual.

La pregunta, entonces, ya no pasa solamente por anticipar qué trabajos hará la inteligencia artificial. También importa saber quiénes estarán en condiciones de trabajar con ella y qué caminos tendrán disponibles para aprender aquello que todavía no saben.

Fuente: Infobae

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