“Tenés que tener varios planes A, B, C o D si las cosas no salen como uno quiere”.
Esa frase de Jordi, dicha pensando en el día de una grabación, podría aplicarse sin problema a cualquier cadena de abastecimiento. Lo que el público ve en pantalla como un momento espontáneo es, en realidad, el resultado de meses de trabajo, coordinación de perfiles y una logística de producción que casi nunca se muestra.
¿Qué aprendiste de las personas en tu trayectoria de experimentación con historias reales?
Jordi lleva diez años haciendo experimentos sociológicos, sobre todo con personas de edad avanzada. Lo que más le marcó fue comprobar cómo una persona anónima podía tener una segunda vida gracias a un video, sintiéndose reconocida y con ilusión renovada.
Ese contenido humanista, asegura, es algo que la inteligencia artificial nunca podrá reemplazar, por más que hoy sea capaz de generar imágenes espectaculares. El espectador sabe cuándo algo es real, y esa autenticidad genera una emoción que la tecnología no puede fabricar.
¿Cómo entra la logística en la producción de un video que parece tan espontáneo?
Para llevar una idea a la realidad, Jordi necesita encontrar el perfil ideal, y eso a veces toma mucho tiempo. Relata el caso de un homenaje a un cirujano que se jubilaba después de miles de operaciones: armó una función de teatro sin que el médico lo supiera, con actores que representaban su propia historia.
Ese video demandó un año completo de trabajo. El primer candidato no aceptó, hubo que buscar otro contacto, coordinar con la familia, conseguir un teatro y organizar toda una producción para llevar espectadores a ver la obra sin que sospecharan nada. Detrás de cuatro minutos de video se esconde una máquina de producción que califica de “una locura”.
Otro video requirió ir hasta cuatro veces a un parque de diversiones con todo el equipo, con ingenieros que verificaran que la ubicación de las cámaras no pusiera en riesgo a nadie. Hubo que negociar con la discográfica, con el representante y finalmente en persona con el propio artista: fueron tres meses de trabajo para lograrlo.

¿Cómo es ese proceso, paso a paso, hasta llegar al video final?
En cada etapa, dice Jordi, hay lo que él llama un enemigo final. El primero es la preproducción: confirmar que la idea tiene una estructura que sostenga cinco minutos de video, con un giro inesperado, y luego encontrar los perfiles adecuados para ejecutarla.
Después viene una reunión técnica donde todo el equipo sabe exactamente qué se va a hacer. Ya en el día de grabación hay que estar preparado para cualquier imprevisto: “tenés que tener varios planes A, B, C o D si las cosas no salen como uno quiere”. Recién ahí llega la edición, donde el video queda listo, como si fuera un producto terminado en una línea de armado.
¿Qué recomendación le darías a los profesionales de logística y comercio exterior que buscan comunicarse mejor con sus clientes o proveedores?
Jordi considera que hay que ser honesto con el destinatario del mensaje y no subestimarlo. Señala que muchas veces al público se lo infravalora, pero si se le da algo con calidad real, ese esfuerzo tiene una recompensa que después se nota en el vínculo con la audiencia.
Si el mensaje es genuino y no está armado de manera artificial, la gente va a dar los minutos de atención que necesitás, ya sea un video corto o una comunicación mucho más larga con un cliente o un proveedor. Esa autenticidad, afirma, vale para cualquier sector que busque construir confianza en el tiempo.
¿Qué lugar ocupan los viajes y las experiencias fuera de lo común en tu proceso creativo?
Para Jordi es muy importante visitar lugares no comunes y salir de la rutina diaria. En su viaje a Argentina, por ejemplo, estuvo en una popular de fútbol, probó comida típica y conoció a personas de estratos sociales muy distintos entre sí.
Esa especie de antropología cultural queda guardada, aunque uno crea que se olvida, y después aparece de alguna manera en el trabajo. Cuanto más se sale de lo conocido, más se enriquecen el lenguaje y las ideas que después se llevan a un video.
¿Qué hace falta para armar un equipo que sostenga este tipo de ideas?
Hace falta un equipo que comparta un objetivo común y que reme para el mismo lado, sin que nadie tire para otro costado. Cuando una idea parece imposible al principio y el equipo ve que se puede lograr, eso multiplica la motivación de todos.
Lo bueno de trabajar muchos años con la misma gente es que ya existe una apuesta compartida por el proyecto, y todos entienden que se trabaja de una forma elegante y prolija. Eso convierte cada logro en una celebración colectiva.
Fuente: Infobae