En medio de los planes de OpenAI para instalar un centro de datos en la Patagonia, las intenciones de Elon Musk de hacer lo propio y el respaldo de Milei a las denominadas “empresas sin humanos” impulsadas por inteligencia artificial, los analistas pronostican un incremento de la productividad que podría elevar las ganancias y contener la inflación. Sin embargo, este panorama tendría como consecuencia la desaparición de millones de puestos laborales y el agotamiento de los recursos naturales del país.
Es momento de silenciar el ruido, tanto el de los entusiastas como el de los alarmistas, porque el rumbo de la IA aún es incierto, incluso para quienes se consideran especialistas. Invertir basándose en especulaciones o en las expectativas generadas por las recientes ofertas públicas iniciales revela una buena dosis de soberbia. Se ha discutido tanto sobre las posibles consecuencias de esta tecnología que resulta imposible conocer algo que el resto del mercado ignore: las acciones ya han descontado todas las posibilidades.
Entre las innumerables predicciones sobre la IA, se mencionan transformaciones rápidas y profundas, en su mayoría negativas. De hecho, esta tecnología aparece con frecuencia como justificación de los despidos masivos. Se dice que la tecnofinanciera Block habría reducido su plantilla a la mitad para aprovechar al máximo la inteligencia artificial.
El futuro de la IA sigue siendo una incógnita, incluso para los expertos
Sin embargo, los escépticos incurren en un error: creer que las innovaciones solo eliminan empleos, cuando en realidad también los generan. Ya en 1981, los economistas advertían que las computadoras reemplazarían a los trabajadores de forma masiva. Eso no ocurrió; el trabajo simplemente se transformó y los empleados adquirieron nuevas habilidades. Al final, como ha sucedido en múltiples ocasiones, el mundo mejoró.
La cantidad de despidos directamente atribuibles a la IA es mínima. Lo cierto es que las acciones de Block se han desplomado en los últimos años. Como muchas otras compañías, habían contratado en exceso tras la pandemia, y la inteligencia artificial solo sirvió de pretexto.
Ya en 1981, los economistas alertaban de que los ordenadores sustituirían a los trabajadores de forma masiva
Por otro lado, los optimistas tienden a sobrestimar la velocidad a la que se producen los grandes cambios. Por ejemplo, internet comenzó con módems y computadoras de escritorio. Luego llegaron la banda ancha, la conexión inalámbrica y las laptops accesibles. Más tarde, los teléfonos inteligentes, las redes sociales y las videoconferencias, entre otras innovaciones. Todo ese proceso tomó décadas.
Aunque se afirma que Starlink Argentina será sostenible, los centros de datos generan dudas legítimas debido al costo de la electricidad. Sin embargo, la oposición política y la falta de chips están retrasando su implementación. OpenAI anunció hace más de ocho meses la construcción de un centro en la Patagonia, pero la información pública sigue siendo escasa y los obstáculos, considerables.
La IA transformará profundamente algunos rubros. Otros, no tanto. ¿Acaso podrá revolucionar la receta del bife de chorizo o del chimichurri? Quizá sirva para optimizar la logística de transporte y almacenamiento, pero poco más.
Las grandes innovaciones rara vez se plantean en términos excluyentes. Las aplicaciones móviles de reparto de comida prosperaron mientras seguía creciendo la facturación de los supermercados y los restaurantes. Cuando los grandes centros comerciales transformaron el negocio minorista, fue cuestión de tiempo que también lo hiciera el comercio electrónico. Aun así, muchas tiendas pequeñas prosperan a la sombra de los megacentros.
La IA será útil para las entidades financieras argentinas, pero ¿sustituirá a todo el mundo? Definitivamente, no
Es probable que la IA cambie muchas cosas, pero con el tiempo. A largo plazo, permitirá a los abogados olvidarse de las tareas rutinarias para dedicarse a otras más productivas. El aumento de los vehículos autónomos (gracias, en parte, a la modificación de la normativa de tránsito en Argentina el año pasado) brindará a las personas ciegas o con discapacidad una independencia hasta ahora inimaginable.
La IA también será útil para las entidades financieras argentinas, pero ¿reemplazará a todos? Definitivamente, no. Los clientes no solo buscan conocimientos técnicos, también exigen responsabilidad. Intente que una aplicación de IA asuma la responsabilidad si se equivoca con su declaración de impuestos. La privacidad de los datos es otra cuestión esencial.
El envejecimiento de la población obligará a recurrir a la IA en la atención sanitaria. La tecnología que detecta caídas y variaciones de los signos vitales facilitará el cuidado de los mayores.
La mejora de la eficiencia es positiva. No obstante, ninguna gran empresa ha cambiado el mundo limitándose a producir más con menos trabajadores. Las compañías revolucionarias son aquellas que encuentran soluciones originales a los problemas. La fuerza de la IA no radica en reducir plantillas, sino en potenciarlas. Este cambio ya se ha iniciado y se intensificará.
La transformación llegará, pero se hará esperar, así que mantenga la cabeza fría.
Fuente: Infobae