El thriller mexicano titulado La Captura, que llega hoy a la plataforma de Netflix, narra uno de los episodios más insólitos en la lucha contra el narcotráfico en México. Protagonizada por Alfonso “Poncho” Herrera, la cinta reconstruye la última detención de Joaquín “El Chapo” Guzmán a partir de un hecho documentado y, al mismo tiempo, casi inverosímil: dos agentes federales, en una patrulla de rutina, interceptaron por casualidad al capo en Los Mochis, Sinaloa el 8 de enero de 2016.
Bajo el título internacional Facing El Chapo, la película fue dirigida por Chava Cartas. Herrera comparte cartel con Noé Hernández, quien interpreta al agente ficticio Héctor Rosales, mientras que Héctor Kotsifakis da vida al líder del Cártel de Sinaloa. Los personajes de los policías fueron bautizados como Arturo Carmona y Héctor Rosales para la ficción.
La Operación Cisne Negro y la fuga por el drenaje

La madrugada de aquel 8 de enero, 17 marines respaldados por el Ejército y la Policía Federal asaltaron una vivienda en Los Mochis, donde Guzmán había sido localizado tras un mes de vigilancia. Las comunicaciones intervenidas revelaban que el lugar se alistaba para recibir a “la abuela”, clave que el cártel usaba para referirse al capo.
El operativo dejó un saldo de cinco sicarios muertos, pero Guzmán logró escapar. Junto a su jefe de seguridad, Jorge Iván “El Cholo” Gastélum, huyó por un túnel secreto que los condujo a 1,5 kilómetros de distancia. Desde allí, robaron dos vehículos a punta de pistola: primero un Jetta blanco y después un Ford Focus rojo.
Ese segundo automóvil contaba con un reporte de robo activo. Cuando pasó frente a una patrulla federal, los agentes iniciaron la persecución sin imaginar quién viajaba en su interior.
El encuentro que nadie planeó

Al momento de detener el vehículo, Gastélum descendió e intentó negociar la liberación de “su patrón”. Fue entonces cuando los policías comprendieron que tenían frente a ellos al hombre más buscado de México, apenas seis meses después de su fuga del penal del Altiplano.
Según relató el entonces director estatal de la Policía Federal, Nicolás González Perrín, en una entrevista con el periodista Joaquín López-Dóriga, los agentes procedieron a la aprehensión y capturaron una de las primeras fotografías del arresto: Guzmán con la ropa cubierta de lodo y una expresión reflexiva. Esa imagen dio la vuelta al mundo.
Los policías enviaron las fotos a sus superiores, quienes recibieron de inmediato informes sobre la movilización de unos 40 sicarios hacia el lugar.
El soborno rechazado y la noche en el motel

Para evitar un contraataque del cártel, se ordenó trasladar a los detenidos al Hotel & Suites Doux, en las afueras de Los Mochis, donde esperarían refuerzos. Allí se tomó una segunda fotografía: El Chapo sentado al borde de la cama, esposado.
Durante esas horas, Guzmán intentó sobornar a los agentes. Las cifras que circularon en registros y declaraciones hablan de hasta 50 millones de dólares, además de propiedades y empleos. Ante la negativa, el capo les advirtió:
“Todos van a morir”.
González Perrín confirmó que los oficiales resistieron tanto el soborno como las amenazas. Sus identidades permanecen protegidas hasta hoy; en la ficción, la película los rebautizó como Carmona y Rosales.
Qué respetó la película y qué modificó
La captura se basa en las crónicas que el periodista Héctor de Mauleón publicó en El Universal sobre el operativo. El director Cartas explicó que el largometraje mantiene como base los momentos documentados —la intercepción del auto, el motel, la ropa sucia del capo— y construye dramáticamente los espacios que no quedaron en ningún registro.
“Tenemos una columna vertebral muy clara. Hay un punto A, un punto B y un punto C que respetamos porque ocurrieron. Entre esos puntos construimos la película. No es un documental; es una ficción basada en hechos reales”, afirmó Cartas.
Una diferencia notable con los hechos documentados: en la realidad, fueron cuatro agentes quienes interceptaron el vehículo y custodiaron a Guzmán, no dos como presenta la cinta.
El foco en los policías, no en el capo

El productor Francisco González Compeán señaló que la pregunta que impulsó el proyecto fue por qué nadie había contado la historia desde el lado de los agentes.
“Empiezas a investigar y te encuentras que hay un par de policías federales, de lo que era la policía de caminos casi, casi, que se encuentran con el criminal más grande del mundo”, dijo.
La decisión de alejar la cámara del narcotraficante para ponerla sobre quienes lo detuvieron marca la diferencia con otras producciones del género. El dilema central —aceptar el soborno o cumplir con el deber a riesgo de la propia vida— es el motor dramático de la cinta.
El destino de los protagonistas reales
Joaquín Guzmán Loera fue presentado ante la prensa en el aeropuerto de Ciudad de México y trasladado en helicóptero de la Armada al mismo penal del Altiplano del que se había fugado. En febrero de 2019, un jurado estadounidense lo declaró culpable de los diez cargos en su contra, entre ellos dirigir una organización criminal. Ese mismo año fue condenado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.
“El Cholo” Gastélum permaneció detenido en México durante años, peleó contra su extradición y finalmente fue enviado a Estados Unidos en abril de 2023, donde enfrenta cargos de narcotráfico y un delito relacionado con armas de fuego. No existe condena publicada en su contra.
Los dos policías que aquella madrugada no dejaron ir al hombre más buscado del mundo no volvieron a aparecer en ningún registro público.
Fuente: Infobae