La inteligencia artificial forma parte indiscutible de nuestra vida cotidiana. Ya sea a través de agentes de IA, como ChatGPT o Claude, o integrada a sistemas menos visibles, como el control del tráfico aéreo o la inversión financiera, su impacto tiene efectos directos en todos los ámbitos, incluyendo la educación, el trabajo y la producción.
En este contexto, América Latina se encuentra rezagada: representa apenas el 1,56% del gasto mundial en esta área, por detrás de Medio Oriente y África. Se trata de un número importante, porque se ha demostrado que la inversión en IA tiene un correlato directo en el aumento de la productividad, aunque sólo del trabajo calificado, es decir, de aquellos puestos que requieren mayor nivel educativo.
En otras palabras, nuestra región empieza a sentir el impacto económico de la IA pero no puede aprovechar completamente sus beneficios debido a dos barreras principales: la baja inversión y la escasez de talento calificado.
En la actualidad, sin marcos regulatorios sólidos y estrategias inclusivas, la IA aumenta la productividad, pero también la desigualdad entre trabajadores calificados y no calificados. Por este motivo, más que nunca, la formación profesional (FP) tiene un rol protagónico en la región: no sólo para reducir la desigualdad y mejorar la empleabilidad de los individuos, sino también para impulsar la agenda del desarrollo iberoamericano.
Esta agenda comenzó a construirse en mayo de 2026, cuando se reunieron en Barcelona ministras y ministros de Educación de 22 países para debatir, entre otros ejes estratégicos, cómo fortalecer la formación profesional frente a la transformación digital, con especial énfasis en la inteligencia artificial. Su declaración final llamó a adoptar “un enfoque responsable y orientado al desarrollo del pensamiento crítico” en el uso educativo de estas tecnologías, impulsando la equidad y resguardando los derechos de las personas en situación de vulnerabilidad.

El encuentro no fue simplemente un diagnóstico ni una declaración de principios, sino que plantea un mandato que involucra a las esferas más altas de los gobiernos de la región. En noviembre de este año, la XXX Cumbre Iberoamericana de Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno, que se realizará en Madrid, tiene previsto adoptar marcos comunes para el uso responsable y seguro de la inteligencia artificial en la educación, junto con una guía práctica de implementación.
El fortalecimiento de la formación profesional es uno de los tres ejes de la estrategia educativa que los países someterán a esa cumbre. En otras palabras: lo que hoy es una discusión técnica entre ministerios, en pocos meses puede convertirse en un compromiso firmado por jefes de Estado.
De la política a las aulas
En ese sentido, en la Organización de Estados Iberoamericano (OEI) ya venimos trabajando sobre ese terreno. Desde enero de 2025 y hasta fines de 2026, llevamos adelante el proyecto “IA aplicada a la formación técnica profesional”, que busca traducir la discusión regional en herramientas concretas para los sistemas de FP. En paralelo, un diplomado sobre IA y tecnologías emergentes para la educación, dirigido a docentes de la región, cerró su segunda cohorte a comienzos de 2026, con foco en la incorporación crítica y ética de estas herramientas en la enseñanza. Ninguna de estas iniciativas parte de cero: se apoya en una década de trabajo de la OEI en modernización normativa, sistemas duales y reconocimiento de competencias en la región, que ahora encuentra en la IA un nuevo desafío.
En este sentido, resulta clave enfrentar este reto bajo la óptica de la cooperación. El Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA) 2025, elaborado por la CEPAL, muestra las enormes diferencias de los ecosistemas de IA en la región. Aunque la mayoría de los países cuenta con estrategias nacionales de IA, pocos tienen el financiamiento o los mecanismos de implementación necesarios para hacerlas efectivas, según el índice. Esa desigualdad de partida es, precisamente, el argumento más fuerte a favor de la cooperación regional: ningún país puede resolver solo un desafío que atraviesa a toda la región al mismo tiempo y de manera desigual.

Lo que se juega en noviembre: formación profesional, IA y equidad
La IA ya no es un desafío futuro, sino una tecnología del presente. En el campo del trabajo y la producción, puede convertirse en un instrumento que potencie el desarrollo humano y la equidad apostando por una FP cada vez más accesible y pertinente, o en uno que consolide y amplíe brechas educativas y laborales ya existentes.
La diferencia entre uno y otro escenario depende de decisiones concretas: que los países traduzcan los marcos comunes en financiamiento sostenido para sus sistemas de formación profesional, que la actualización de esos sistemas incluya mecanismos de cooperación regional, y que la brecha de adopción de IA entre países se aborde como una prioridad compartida y no como un problema individual de cada Estado.
Mariano Jabonero es secretario general de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI)
Fuente: Infobae