Este sábado, el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo pondrá en marcha en Managua el centro Momotombo, un complejo de monitoreo y vigilancia que ha contado con financiamiento chino por encima de los USD 42 millones. Todo ocurre en un país donde el control social y la represión de las opiniones disidentes forman parte del quehacer diario del poder.
De acuerdo con el medio Centroamérica 360, para 2025 Nicaragua ya había anunciado 11 préstamos con China por un monto cercano a los USD 1,500 millones, aunque los fondos realmente desembolsados resultaban considerablemente menores. Este contexto otorga al nuevo centro una relevancia especial, tanto por su elevado costo como por la falta de transparencia que envuelve los pactos entre Managua y Pekín.
La administración del centro quedará en manos de un régimen que no cuenta con controles independientes y que tiene un historial de espionaje político contra periodistas, opositores, organizaciones civiles y ciudadanos que manifiestan posturas críticas.
Las autoridades oficiales han presentado el proyecto como una herramienta destinada a la prevención de desastres. Según la información difundida, el centro dispondrá de cámaras de vigilancia, drones, perros robot, estaciones sísmicas y volcánicas, y sistemas de alerta para emergencias. La plataforma tendrá capacidad para recolectar y enviar datos en tiempo real.

La información oficial recogida por Centroamérica 360 precisa que la infraestructura incluirá:
- 97 equipos de medición sísmica
- 25 estaciones de vigilancia volcánica
- 20 puntos de monitoreo de ríos
- 172 sistemas inteligentes de altavoces
A esto se añade tecnología aérea y robótica.
El régimen asegura que la plataforma permitirá adelantarse a terremotos, erupciones, huracanes, inundaciones y otros fenómenos. No obstante, como advierte la publicación, la inquietud principal no radica en la capacidad técnica, sino en quién está al mando del sistema y qué mecanismos de control lo regulan.
El avance tecnológico se suma al control en barrios y comunicaciones
Actualmente, Nicaragua carece de organismos independientes que puedan fiscalizar al régimen. En 2025, Daniel Ortega instó a intensificar la llamada «vigilancia revolucionaria» en los barrios, con el objetivo de perseguir a los considerados opositores.
Esta postura se complementó en 2024 con una ley de telecomunicaciones que amplió las atribuciones del Estado para regular contenidos y comunicaciones digitales. En ese escenario, disponer de tecnología que pueda observar, archivar y enviar información al instante trasciende el simple propósito de atención a emergencias.

China, el aliado estratégico de la expansión
El vínculo con China añade una capa adicional de opacidad. Desde que ambos países restablecieron relaciones diplomáticas en diciembre de 2021, Managua ha hecho de Pekín un aliado clave en ámbitos como infraestructura, telecomunicaciones, energía y tecnología.
El acercamiento se ha dado con muy poca información pública sobre contratos, costos, condiciones financieras y desembolsos. Diversas investigaciones independientes, referidas por el medio, encontraron diferencias entre los préstamos declarados por el régimen y los que aparecen en las estadísticas oficiales.
China ha aportado o comprometido fondos por cientos de millones de dólares en distintos proyectos, pero gran parte de los pormenores económicos sigue bajo reserva. En este contexto, el centro Momotombo es una nueva pieza de una alianza donde el acceso a infraestructura, tecnología y financiamiento va de la mano del progresivo cierre de espacios de transparencia y rendición de cuentas en Nicaragua.

No hay información pública acerca de los contratos, las capacidades reales del sistema o las garantías destinadas a impedir usos alejados de la atención de emergencias. Queda así sin respuesta qué mecanismos independientes evitarán que una tecnología presentada como protectora se convierta en un instrumento adicional de control de un Estado que ya ha evidenciado su disposición a usarla contra los críticos.
Fuente: Infobae