En una entrevista que dio la vuelta al mundo, la filósofa china Yiyang Zhuge no preguntó a Christopher Nolan sobre el rodaje de The Odyssey. En lugar de ello, indagó si el director se consideraba ‘un bardo de una civilización en el ocaso’, si había ‘cristianizado’ la obra de Homero y si la expiación podía ser una respuesta ante la guerra. La conversación acumuló millones de visualizaciones.
Para el público occidental, Zhuge apareció como una joven filósofa capaz de debatir con uno de los cineastas más importantes de Hollywood sobre Homero, religión y el destino de las civilizaciones. Sin embargo, su trayectoria comenzó mucho antes. Es doctoranda en filosofía política en Boston College, estudia los clásicos desde la adolescencia y construyó en China una audiencia en torno a la filosofía, la política y el pensamiento occidental.
Su creciente popularidad también llamó la atención de sectores de la élite tecnológica estadounidense. En un Silicon Valley que durante décadas identificó el progreso con la innovación, Zhuge plantea preguntas distintas: ¿qué ocurre cuando una sociedad avanza tecnológicamente pero pierde parte de su tradición? ¿El progreso implica necesariamente una vida mejor? ¿Qué puede aportar el pensamiento clásico para entender el mundo que viene?
Una filósofa china que estudia Occidente
Zhuge comenzó a estudiar griego antiguo y a leer a Homero a los 15 años. Esa formación fue clave para la entrevista con Nolan. Según contó a Business Insider, la preparación específica le llevó menos de un día, pero detrás de esas preguntas había años de estudio de la literatura y filosofía griegas.
Actualmente es doctoranda en Boston College y sus áreas de investigación incluyen la filosofía política clásica y el pensamiento político alemán y francés. También enseñó en Boston College y Brandeis University y desarrolló una carrera como traductora de textos filosóficos y políticos al chino. Entre sus trabajos figura la primera traducción del griego al chino de Moralia, de Plutarco, además de traducciones de obras de Hannah Arendt.
Pero su actividad no se limita a la universidad. En China es conocida como Zhong Shu, nombre con el que desarrolla buena parte de su actividad pública. Conduce un podcast, publica artículos y participa en programas sobre política y cultura estadounidense. WIRED señaló que produjo más de 360 episodios de su podcast en tres años y cuenta con cientos de miles de seguidores en plataformas digitales chinas.

Ese recorrido explica por qué la entrevista con Nolan llegó a ocurrir. Zhuge no era una periodista especializada en cine que consiguió una entrevista excepcional, sino una intelectual que ya tenía una audiencia interesada en las ideas que aparecieron durante aquella conversación. Su oportunidad surgió durante la presentación de The Odyssey en China y terminó convirtiéndose en su puerta de entrada al público occidental.
Su proyecto: volver a mirar la tradición occidental
El trabajo de Zhuge parte de una preocupación por la manera en que Occidente cuenta su propia historia. Su interés no está solo en conocer qué dijeron los autores del pasado, sino en preguntarse qué lugar deberían ocupar esas ideas en las sociedades actuales.
Desde esa perspectiva, considera que la cultura occidental suele llegar a otras partes del mundo a través de sus propias rupturas y críticas. La Ilustración, el marxismo, el posmodernismo y las revisiones de la modernidad forman parte de ese relato, mientras que la tradición clásica, el pensamiento político y gran parte de la herencia intelectual occidental pueden quedar relegados.
Por eso Zhuge intenta acercar esos autores al público chino. Su trabajo como traductora y divulgadora busca que lectores que no crecieron dentro de esa tradición puedan conocerla directamente y discutir qué aspectos siguen teniendo valor. En lugar de considerar a los clásicos como piezas de museo, los utiliza para pensar problemas abiertos: cómo debería organizarse una sociedad, qué significa vivir bien, qué límites debería tener el poder y qué lugar ocupan los valores en la vida pública.

Su posición resulta particular porque observa Occidente desde dos lugares al mismo tiempo. Nació y creció en China, pero estudia en Estados Unidos desde la adolescencia y desarrolló allí buena parte de su formación académica. Esa experiencia le permite moverse entre dos tradiciones y explicar una a la otra.
La discusión también tiene una dimensión política. El trabajo académico de Zhuge está influido por el straussianismo, una corriente vinculada al filósofo Leo Strauss que propone una lectura profunda de los grandes autores de la tradición política y cuestiona la idea moderna de que la historia avanza necesariamente hacia algo mejor.
Por qué interesa en Silicon Valley
Ahí aparece el punto de contacto con una parte de la élite tecnológica estadounidense. Zhuge no trabaja sobre inteligencia artificial ni sobre el futuro de las empresas tecnológicas. Lo que ofrece son preguntas sobre qué significa realmente progresar.
Durante décadas, Silicon Valley estuvo asociado a una fuerte confianza en la innovación como motor de un futuro mejor. Pero el desarrollo de tecnologías cada vez más poderosas también abrió una discusión distinta: ¿una sociedad puede avanzar tecnológicamente y, al mismo tiempo, deteriorarse en otros aspectos?
Esa pregunta tiene resonancia entre algunos intelectuales y empresarios tecnológicos que comenzaron a mirar con mayor interés la religión, la filosofía política y los clásicos. Peter Thiel, uno de los principales referentes de Silicon Valley, es un conocido lector de Leo Strauss y escribió el ensayo The Straussian Moment.

La relación entre ese universo y Zhuge no pasa por una coincidencia de profesión, sino por una preocupación común: la posibilidad de que el progreso tecnológico no garantice por sí mismo el progreso de una sociedad.
La inteligencia artificial hizo que esa cuestión fuera todavía más evidente. Si las máquinas pueden escribir, programar, crear imágenes, analizar información y realizar tareas que hasta hace poco parecían exclusivamente humanas, ya no alcanza con preguntarse qué puede hacer la tecnología. También importa qué debería hacer una sociedad con ella y qué valores quiere conservar mientras desarrolla esas herramientas.
Zhuge vuelve a los clásicos para pensar justamente ese tipo de problemas. Homero, la filosofía política antigua y los autores que estudiaron durante siglos la naturaleza humana no ofrecen respuestas técnicas para la inteligencia artificial, pero sí permiten discutir cuestiones más básicas: qué significa una vida buena, cómo debería organizarse una sociedad y qué puede hacer que una civilización prospere o decaiga.
La mujer detrás del fenómeno viral
La repercusión de la entrevista con Nolan también convirtió a Zhuge en objeto de una discusión política que ella no buscó. En Estados Unidos, distintos sectores comenzaron a interpretar sus ideas desde sus propias preocupaciones sobre la decadencia occidental, China, el conservadurismo y la política estadounidense.

Zhuge, sin embargo, insiste en que su interés está puesto en las ideas antes que en las etiquetas políticas. Después de la viralización sostuvo que el impulso de clasificar a las personas en bandos es universal y que prefiere mantenerse al margen de esas disputas. Su preocupación principal sigue siendo la misma: comprender las ideas que construyeron las sociedades modernas y discutir qué lugar pueden tener en el presente.
La exposición tampoco parece ser el objetivo que buscaba. Después de que la entrevista alcanzara millones de reproducciones, Zhuge dijo a Business Insider que preferiría volver a una vida dedicada principalmente a pensar, leer, escribir y enseñar, aunque espera que la repercusión le permita mantener nuevas conversaciones con académicos y escritores.
La escena que la hizo famosa resume su recorrido. Una filósofa china formada en Estados Unidos se sentó frente a uno de los cineastas más importantes de Hollywood y, en lugar de hablar de la industria del cine, decidió preguntarle qué podía decir una historia escrita hace casi 3.000 años sobre el presente.
Esa es la cuestión que atraviesa el trabajo de Zhuge: si una sociedad puede construir tecnologías cada vez más poderosas, pero necesita volver a las preguntas más antiguas para decidir qué hacer con ellas. En esa tensión entre el pasado y el futuro, entre los clásicos y la inteligencia artificial, encontró un lugar inesperado dentro de las conversaciones de Silicon Valley.
Fuente: Infobae