Un equipo de la Universidad Nacional de Singapur monitoreó durante ocho meses a su director, Dean Ho, de 47 años, y descubrió que su edad biológica era casi 15 años menor que la cronológica. La investigación analiza cómo cambia el organismo entre controles médicos usando datos continuos.
El estudio, bautizado como DELTA, partió de una idea central: la salud evoluciona con el tiempo y responde de forma diferente al estrés, la alimentación, el descanso, la actividad física y los ayunos. Con esta base, los investigadores buscaron construir una línea personalizada que mostrara esas variaciones.
Ho fue el único participante del ensayo. Esta decisión permitió un alto nivel de personalización, pero también representa una limitación metodológica, ya que los datos provienen de un solo caso y no de una muestra amplia. A pesar de ello, el trabajo logró captar variaciones fisiológicas en lapsos muy breves, incluso de minutos, para detectar procesos que suelen pasar desapercibidos en evaluaciones médicas estándar.

Publicado en la revista PLOS One, el estudio comenzó a mediados de agosto de 2024 y aún está en curso. El equipo se propuso observar, con mediciones en tiempo real, cómo responde el organismo ante distintas exigencias físicas y metabólicas.
Mediciones clave y hallazgos principales
Uno de los puntos más analizados fue el cambio metabólico, que describe la velocidad con la que el organismo pasa de usar azúcar a usar grasa como fuente principal de energía. El trabajo sostiene que esa transición suele tardar entre 36 y 72 horas en personas de la edad de Ho y que tiende a volverse menos eficiente con los años. En este caso, el tiempo se redujo de más de 24 horas a 16,5 horas, un dato que los autores interpretan como una mejora en la flexibilidad metabólica.
Para provocar y medir esas respuestas, el protocolo incluyó cerca de 20 horas diarias de ayuno, varios períodos de 48 horas sin ingesta calórica, 90 minutos de entrenamiento de fuerza o ejercicio cardiovascular cada mañana y una dieta estructurada con verduras de hoja, semillas, aceite de oliva, proteínas magras y otros alimentos de estilo mediterráneo. Las bebidas se limitaron a agua, electrolitos, café negro y té negro, sin leche ni azúcar.

A lo largo de unos ocho meses, Ho utilizó además tres dispositivos de monitoreo corporal. Esta combinación permitió reunir información continua sobre frecuencia cardíaca, actividad física, descanso y recuperación. Los autores señalaron que ese seguimiento supera en duración a muchos reportes de uso habitual de dispositivos portátiles, que suelen ofrecer ventanas de análisis más acotadas.
Entre los resultados más destacados apareció la estimación de la edad biológica. Un copiloto de inteligencia artificial desarrollado por el propio equipo calculó que Ho tenía un perfil biológico cercano a los 32 años. La diferencia con su edad real rondó los 15 años, aunque los investigadores aclararon que la novedad del enfoque también está en la forma de calcular esa respuesta del organismo ante exigencias concretas.

Ho explicó que el proyecto nació para comprender «qué ocurre entre los chequeos médicos anuales», una instancia en la que muchas personas apoyan buena parte de su percepción sobre el estado de salud. También sostuvo que cada individuo tiene su propio “DELTA”, entendido como un conjunto de datos dinámico que cambia con el paso del tiempo y refleja una trayectoria, más que una imagen aislada.
El estudio informó además una baja de la frecuencia cardíaca en reposo, que pasó de 65 latidos por minuto a 46. Ese descenso suele asociarse a una mayor eficiencia cardíaca y a una mejor recuperación física, aunque su interpretación depende del contexto clínico de cada persona.
El equipo sumó otro dato vinculado al descanso: el horario de sueño se adelantó desde después de la medianoche hasta cerca de las 21h, mientras que el tiempo total de sueño subió de unas cinco horas a casi ocho.
Antecedentes y proyección del proyecto
En paralelo, el análisis del microbioma intestinal mostró señales favorables, entre ellas la ausencia detectable de Fusobacterium, una bacteria asociada en algunos estudios a procesos inflamatorios, y evidencia de una mejor conservación energética en determinados períodos de ayuno.
La investigación retoma una línea previa del mismo grupo. En 2024, Ho y sus colegas habían publicado en PNAS Nexus un trabajo sobre cambios metabólicos registrados durante un período extendido. El nuevo artículo avanzó sobre esa base con una escala temporal más fina, orientada a capturar respuestas inmediatas del organismo ante estímulos concretos.

Desde la perspectiva del equipo de NUS Medicine, el proyecto busca impulsar una medicina más individualizada. La apuesta apunta a que las personas puedan interpretar mejor sus propios registros fisiológicos y ajustar hábitos con mayor precisión, en lugar de seguir rutinas generales diseñadas para poblaciones amplias.
Ho afirmó que “DELTA representa un cambio hacia una ciencia de la longevidad basada en la función fisiológica” y sostuvo que el trabajo también exhibe la proyección de Singapur en el desarrollo de investigaciones sobre envejecimiento personalizado.
Por ahora, el estudio sigue activo y su evolución dependerá de nuevos registros, análisis posteriores y de la posibilidad de trasladar estos hallazgos a grupos más amplios.
Fuente: Infobae