Un hallazgo en las aguas profundas que rodean la Isla del Coco ha marcado un hito en la biología marina costarricense. Se trata del coral Laurinque elenya, un organismo tan particular que los científicos tuvieron que crear una nueva rama en el árbol de la vida: la familia Laurinqueidae.
La investigadora costarricense Odalisca Breedy, al frente de un equipo internacional de especialistas, fue quien identificó las características únicas de este ejemplar. Según explicó, las diferencias morfológicas y genéticas con cualquier otra especie conocida eran tan marcadas que no había otra opción más que establecer una categoría taxonómica completamente inédita, que incluye una nueva especie, un nuevo género y, por supuesto, una nueva familia.
“Cuando se hacen los árboles filogenéticos, uno ve ciertas relaciones con otros grupos conocidos, pero se separa mucho de ellos”, detalló la bióloga, quien agregó que desde el punto de vista morfológico tampoco era posible encajarlo en un grupo ya descrito.
La comunidad científica recibió la noticia a través de la prestigiosa revista ZooKeys, que publicó la descripción formal el pasado 30 de junio. En el artículo se detalla que los ejemplares fueron recolectados a profundidades que oscilan entre los 362 y los 529 metros, en un entorno donde el oxígeno es escaso. Allí, el Laurinque elenya logró formar verdaderos bosques submarinos, con colonias que alcanzaron hasta un metro de altura.
Breedy recordó que había visto este coral por primera vez años antes de la expedición clave, realizada en 2023, pero en ese momento no logró percibir su rareza. Fue durante una inmersión en medio de una gran concentración de estrellas de mar cuando pudo apreciar la abundancia y el tamaño de estos corales. El espécimen tipo ahora reposa en el Museo de Zoología de la Universidad de Costa Rica, donde servirá como referencia para futuras investigaciones.
En las primeras fases del estudio, Breedy ya intuía que se trataba de algo nuevo. Recurrió a la microscopía electrónica para examinar la estructura del coral, sin encontrar paralelismos con grupos previamente catalogados. Los análisis genéticos iniciales no arrojaron luces, pero fueron los estudios moleculares más profundos, liderados por la científica Andrea M. Quattrini, los que confirmaron que estaban ante un linaje nunca antes documentado.

El nombre científico final fue Laurinque elenya, que agrupa un nuevo género y una nueva especie dentro de la familia Laurinqueidae.
Un nombre con inspiración literaria y una función ecológica vital
El bautizo de este organismo no fue al azar. Según relató Breedy, el nombre surgió de una conversación con otra investigadora, en la que buscaron un término que reflejara tanto la apariencia del coral como el entorno de su descubrimiento. Finalmente, se inclinaron por palabras del quenya, la lengua ficticia creada por J.R.R. Tolkien para sus novelas de fantasía. “Laurinque” significa “árbol dorado”, mientras que “elenya” se traduce como “entre estrellas”. Breedy aclaró que la inspiración vino de los paisajes descritos en los libros de Tolkien y que, tras verificar el código de nomenclatura científica, el nombre cumplía con todos los requisitos formales.
Desde el punto de vista biológico, Laurinque elenya pertenece al grupo de los octocorales, que se distinguen de los corales arrecifales por tener pólipos con ocho tentáculos. Estos organismos forman colonias que actúan como bosques en el fondo marino, atrayendo a una gran variedad de vida, como moluscos, anémonas y crustáceos. Según la experta, esta cualidad los convierte en especies fundadoras, con un rol fundamental en la estructura de los ecosistemas de aguas profundas.
Breedy también lanzó una advertencia sobre la importancia de seguir investigando estos hábitats, especialmente ante la creciente amenaza de la explotación minera en zonas poco exploradas. A su juicio, el impacto de dichas actividades sobre la biodiversidad es aún una incógnita.
Cabe recordar que esta no es la primera vez que Breedy participa en un descubrimiento de esta magnitud. Ya en 2012, formó parte del equipo que identificó otra familia de corales en la misma Isla del Coco. La científica considera que estos hallazgos deben ser protegidos y valorados como patrimonio nacional y mundial.
El equipo de investigación estuvo conformado por las científicas Catherine S. McFadden, Ana Belén Yánez-Suárez, Katleen Robert, Andrea M. Quattrini y la costarricense Catalina Murillo-Cruz. Su trabajo conjunto ha dejado en evidencia que el océano profundo aún guarda secretos por revelar, y que cada nueva expedición puede reescribir lo que creemos saber sobre la vida en la Tierra.
El descubrimiento de Laurinque elenya no solo amplía el catálogo de la biodiversidad marina, sino que también plantea nuevas preguntas sobre la cantidad de especies que aún esperan ser descubiertas en las profundidades del océano y subraya la urgencia de proteger estos ecosistemas frágiles y poco conocidos.
Fuente: Infobae