Líneas verdes en carreteras: la estrategia de la DGT para reducir la velocidad

Quienes conducen por ciertas rutas españolas han notado una peculiar marca en el pavimento: una segunda línea de color verde que corre paralela a la blanca habitual del borde de la calzada. Lejos de ser un error o una decoración, esta señal forma parte de una estrategia de seguridad vial que se viene probando en España desde hace varios años. Su objetivo es modificar la manera en que el conductor percibe la carretera.

La Dirección General de Tráfico (DGT) clasifica estas marcas dentro de las denominadas “marcas viales características de tramo” y las considera una herramienta para lograr vías más seguras. Para entender por qué se eligió un color poco común en el asfalto, hay que observar lo que ocurre cuando el automovilista se topa con ellas.

El “efecto túnel”: una carretera que parece más angosta

Las líneas verdes se pintan en la parte interior de las marcas blancas que delimitan el arcén, de manera paralela. La calzada mantiene exactamente el mismo ancho, pero la percepción del espacio disponible cambia. El conductor encuentra una nueva referencia visual en el borde de su carril y la distancia hasta esa referencia parece menor.

La DGT denomina a este fenómeno “efecto túnel”. La disposición de las marcas genera una sensación visual de estrechamiento de la calzada, lo que busca llevar al conductor a moderar la velocidad. No se trata de modificar físicamente el trazado, sino de intervenir sobre la percepción que el usuario tiene de él.

La medida está pensada especialmente para tramos de carreteras convencionales donde la propia configuración de la vía puede transmitir una sensación de seguridad superior a la real. Largas rectas, curvas de radio amplio y calzadas relativamente anchas pueden favorecer que el conductor mantenga velocidades elevadas durante demasiado tiempo, en especial cuando la carretera está en buen estado y el recorrido no presenta obstáculos evidentes.

Líneas verdes sobre la carretera. (DGT)

En ese contexto, las líneas verdes introducen una referencia que antes no existía. El objetivo es que el conductor perciba un espacio de circulación más reducido y adapte su comportamiento sin necesidad de que la carretera haya sido físicamente estrechada.

La marca tampoco implica que exista un nuevo límite de velocidad. La velocidad máxima sigue siendo la que establezca la señalización correspondiente y el hecho de encontrar una línea verde no convierte automáticamente el tramo en una zona con una limitación específica. Su función es reforzar el cumplimiento de la velocidad ya establecida mediante el diseño de la propia vía.

El origen del proyecto en dos carreteras de Palencia

La experiencia española tiene su origen en Castilla y León. La DGT puso en marcha un proyecto piloto en dos carreteras de la provincia de Palencia: la CL-613, entre Palencia y Sahagún, y la CL-615, entre Palencia y Guardo.

La elección de estos dos itinerarios estuvo relacionada con las características de sus trazados. Eran carreteras convencionales con tramos largos y rectos, curvas amplias y una anchura de carril que podía favorecer una percepción de seguridad excesiva. La intención era comprobar si una modificación puramente visual podía influir en la velocidad de los conductores.

El proyecto no consistió únicamente en pintar las líneas. Las actuaciones estuvieron acompañadas de otras medidas de vigilancia y control, entre ellas radares de tramo, controles de velocidad de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil y vigilancia mediante helicópteros Pegasus. También se instaló señalización vertical para advertir de las características del tramo y de la vigilancia.

Los primeros resultados fueron favorables. Según los datos difundidos por la DGT, entre 2016 y 2017 los accidentes con víctimas descendieron un 63% en la CL-613 y un 59% en la CL-615. También se registró una reducción de los heridos graves. Los datos corresponden, no obstante, a un conjunto de medidas aplicadas simultáneamente. Por ello, la reducción de la siniestralidad no puede atribuirse exclusivamente a las líneas verdes, ya que el proyecto incorporó controles de velocidad, radares y otras actuaciones de seguridad.

La experiencia sirvió para incorporar este tipo de marcas al catálogo de medidas que la DGT considera de interés para mejorar la seguridad de las carreteras. El organismo señala actualmente una reducción del 16% de la siniestralidad asociada a esta actuación.

La filosofía que hay detrás de las líneas verdes va más allá de conseguir que un conductor reduzca la velocidad durante unos segundos. La DGT las encuadra dentro del concepto de “carretera autoexplicativa”: una vía cuyo propio diseño proporciona al usuario información sobre cómo debe circular y favorece un comportamiento más seguro. El sistema pretende que determinados elementos de la carretera funcionen como una advertencia permanente. En este caso, el conductor no recibe necesariamente una nueva prohibición, sino una señal visual que modifica la forma en la que percibe el espacio y le invita a prestar mayor atención al velocímetro.

El modelo tampoco nació en España. La solución se había probado previamente en otros países europeos, entre ellos Países Bajos y Suecia, antes de que la DGT decidiera trasladar la experiencia a las carreteras españolas.

Fuente: Infobae

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