La historia de James Miranda Barry es un enigma que el teatro se atreve a desentrañar. Este cirujano del ejército británico nació bajo el nombre de Margaret Bulkley en Irlanda, a finales del siglo XVIII. Para poder estudiar y ejercer la medicina, decidió vivir toda su vida como hombre. Así logró ascender hasta los rangos más altos de la medicina militar, mejorar las condiciones de higiene en los hospitales y realizar la primera cesárea exitosa de la historia.
Un diálogo entre tiempos y lenguajes
La biografía difusa de James se convirtió en el punto de partida para establecer un diálogo entre épocas y expresiones artísticas. (Ser)JAMES es, ante todo, una obra musical donde la actuación, la palabra y la música no funcionan como lenguajes separados, sino como una única materia viva. Para los creadores fue fundamental la cohesión, borrar los límites entre la voz hablada y la voz lírica, entre la prosa y la música. El proceso, desde la idea inicial hasta los últimos ensayos, pasando por la escritura del libro y la composición musical, fue amalgamando cada elemento y estableciendo conexiones inesperadas.
Escribir la obra implicó desarrollar un personaje complejo, ya que en realidad parecían ser dos: Margaret y James. Los creadores se preguntaron qué momento de sus vidas era el más indicado para poner en escena y cómo hacerlo. Dos plumas muy distintas tomaron, cada una, a la joven y al cirujano respectivamente. A su vez, la composición musical propició la creación de espacios, en una mezcla de texturas y ambientes, aplicando procedimientos de composición contemporánea a una obra que transcurre en el siglo XIX.

El desafío actoral: un mismo cuerpo, dos voces
El trabajo actoral requirió un acopio de detalles sensoriales. Una serie de particularidades se entramaron y potenciaron para lograr que este personaje doble se vuelva tridimensional. La clave de la actuación llegó con un descubrimiento: no era necesario buscar un tono diferente para cada voz. El hecho de que James y Margaret estuvieran construidos desde escrituras distintas hacía gran parte del trabajo. La diferencia ya existía. La actuación podía partir de un mismo lugar, de un mismo cuerpo, y dejar que las voces aparezcan naturalmente.
Desde la dirección, el mayor desafío fue encontrar un procedimiento de trabajo que permitiera desplegar, en un único cuerpo, la complejidad de una vida imposible de reducir a una sola identidad. Los ensayos se convirtieron en un espacio de investigación riguroso: una verdadera disección escénica donde una misma intérprete pudiera habitar, casi simultáneamente, múltiples tiempos y voces sin perder la unidad del relato.
De esta forma, las escenas comenzaron a perder sus límites. Aunque la obra estuviera construida a partir de cortes y elipsis, se trataba en realidad de una gran escena hecha de fragmentos. El desafío fue encontrar la continuidad dentro de la discontinuidad.
Vestuario y escenografía: la identidad como construcción
Cada elemento de la puesta en escena busca contribuir a esta dinámica. El vestuario fue clave para los creadores. Están mostrando a alguien que construyó su existencia a partir del vestido, del uniforme. Es más que ropa: cada prenda es una porción de identidad que se modifica, se suma o se pierde hasta revelar una verdad más profunda de James. El proceso involucró el trabajo con diseñadoras de moda que expandieron las posibilidades semánticas de ese vestuario.

El diseño espacial exploró texturas y objetos que no solo remiten al universo médico del siglo XIX; lo que en verdad logran es la evocación de una mente compleja, propia de un cuerpo en crisis. Nuevamente, una cohesión poética hecha a partir de fragmentos de una vida. Escenografía, vestuario, iluminación y proyecciones se trabajaron con la precisión de una operación quirúrgica, pero también como parte de una anatomía más íntima: la de una mente que se despliega frente al público.
Una reflexión sobre derechos y poesía científica
La historia de James también nos recuerda que muchos de los derechos que hoy consideramos conquistados fueron el resultado de largas luchas. Volver sobre una vida ocurrida hace más de dos siglos es reconocer cuánto hemos avanzado, pero también cuánto queda aún por defender para que nadie deba renunciar a su identidad o a su deseo de ser.
Hay, además, algo profundamente poético en el lenguaje de la ciencia. Cualquier universo, cuando uno se detiene a mirarlo de cerca, como a través de un microscopio, puede volverse fascinante. Quizás por eso esta historia pueda acercar mundos que habitualmente no se encuentran: alguien proveniente de la ciencia puede reconocerse en una sala de teatro, y alguien que llega al teatro puede mirar de otro modo un hospital, un laboratorio, un museo de biología o un planetario. No se trata de explicar un universo al otro, sino de permitir que se contagien.
Durante el proceso, los creadores descubrieron que Margaret nunca desaparece cuando es James. Ella habita en cada decisión de él, él nunca deja de ser ella. (Ser)JAMES propone una autopsia singular, descubriendo una doble existencia que no puede pensarse escindida.
(Ser)JAMES. ÚNICAS 4 FUNCIONES: Lunes 17, 24, 31 de agosto y 7 de septiembre a las 20hs. Dumont 4040 (Dumont 4040, CABA). Entrada general: $30.000. Por Alternativa.
Belén Pasqualini (Actriz, compositora y co-directora), Juan Francisco Dasso (co-director y dramaturgo) y Julieta Desmarás (co-directora y dramaturga).
Fuente: Infobae