En el marco del Día del Niño, los juguetes buscan recuperar su protagonismo en la vida infantil. Sin embargo, para seguir siendo relevantes, la industria argentina ha tenido que reinventar sus materiales, diseños, procesos de producción y hasta la forma de convivir con las pantallas. Ya no es suficiente con fabricar un objeto llamativo o resistente; el verdadero reto es comprender a una generación que crece entre tendencias virales y consumos cada vez más fragmentados.
En este escenario, los fabricantes locales se esfuerzan por mantener vigente el juguete físico en un mercado que ha cambiado de manera acelerada. La transformación abarca procesos industriales más modernos, productos vinculados al universo digital, nuevas licencias y coleccionables, además de una creciente presión por parte de las importaciones y las plataformas de venta en línea.
En declaraciones recientes, Matías Furio, presidente de la Cámara Argentina de la Industria del Juguete (CAIJ), señaló los cuatro grandes cambios que ha experimentado el sector: “El primero fue el paso del juguete artesanal a la producción industrial; el segundo, el reemplazo de la madera y la hojalata por el plástico; el tercero, la incorporación de componentes electrónicos y la competencia de los videojuegos; y el cuarto, todavía en desarrollo, el del juguete físico atravesado por la cultura digital”.

La evolución de los juguetes en Argentina
Según Furio, el primer gran salto ocurrió cuando el juguete dejó de fabricarse de manera artesanal, con insumos como madera, trapo, papel o cartón, para pasar a una producción en serie. A nivel mundial, esta transición comenzó en la segunda mitad del siglo XIX. En Argentina, cobró fuerza a partir de los años 40, cuando la Segunda Guerra Mundial frenó las importaciones y abrió una oportunidad para la expansión de la industria nacional.
Ese proceso transformó la escala del sector y democratizó el acceso a los juguetes. Más tarde llegó otro cambio determinante: durante las décadas del 50 y 60, el plástico reemplazó a la hojalata y a la madera. Este cambio permitió reducir costos y masificar el consumo, además de modificar la estética, el peso y las posibilidades de diseño de los productos.

“La irrupción del plástico no solo transformó los procesos industriales, sino que redefinió por completo la relación de la sociedad con los objetos de uso cotidiano; de repente, era posible tener más cosas, más baratas y con formas antes impensadas”, explicó Furio.
A partir de los años 70, apareció un nuevo factor de competencia. Los mecanismos electrónicos comenzaron a integrarse en los juguetes y, con el tiempo, los videojuegos capturaron gran parte del tiempo de juego infantil. Hoy, esa disputa se manifiesta en el terreno de las pantallas, que ocupan un lugar cada vez más relevante en la rutina de los niños.
La reinvención del juguete para seguir siendo atractivo
Actualmente, la reinvención del sector no se limita al material o al precio. También exige interpretar nuevos hábitos de consumo. “La etapa más reciente muestra a un juguete atravesado por lo digital sin dejar de ser físico”, afirmó Furio. En la práctica, esto incluye productos relacionados con películas, series y plataformas de streaming, además de objetos coleccionables que ganan visibilidad a través de las redes sociales.

Ejemplos como los Labubu o los Squishies ilustran esta lógica. Son juguetes que se convierten en tendencia, se comparten en línea y pasan a formar parte de una conversación digital, aunque sigan siendo objetos tangibles. A esto se suma otro fenómeno: el consumidor “kidult”, adultos que compran juguetes por colección, nostalgia o entretenimiento y que hoy sostienen una parte importante de la demanda.
El proceso de fabricación de los juguetes argentinos
La cadena de valor de la industria juguetera argentina comprende diseño, desarrollo, fabricación, empaque y marketing. Según detalló el presidente de la CAIJ, se trata de una estructura 99% nacional, aunque ciertos componentes complejos todavía se importan, como motores eléctricos, placas electrónicas, pilas y sistemas de sonido. “Argentina es uno de los pocos países del mundo que cuenta con una industria del juguete integrada, que abarca casi todas las etapas del proceso productivo, desde el diseño hasta la comercialización, con más del 99% de capital y trabajo nacional”, afirmó.
La mayor parte de los insumos plásticos, metálicos, textiles y de papel provienen de proveedores locales. El 85% de lo que se fabrica en el país es de plástico, y las piezas se producen con tecnologías como inyección, soplado y rotomoldeo. En términos simples, son procesos industriales que permiten moldear el material con rapidez y precisión para fabricar desde muñecos hasta juegos de encastre o vehículos de juguete.
Furio indicó que buena parte de la maquinaria más moderna se incorporó desde la posconvertibilidad, lo que permitió mejorar la competitividad y automatizar varias etapas. Sin embargo, el armado y el empaque siguen muy vinculados al trabajo manual, una característica que mantiene a la actividad como una fuente de empleo intensiva.

La producción local también prioriza la seguridad. Cada producto puede certificarse en el laboratorio propio de la CAIJ para obtener el sello “Juguete Seguro”, que verifica materiales, terminaciones y condiciones de uso según la edad del destinatario.
El sector, además, articula parte de su desarrollo con el ámbito académico. Furio mencionó vínculos con la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU), que participan en el diseño y desarrollo de productos. Este entramado reúne a unas 170 pymes familiares, que en los últimos años incorporaron tecnología, aunque hoy operan con una capacidad instalada del 30%, frente al 65% de 2023.
Juguetes físicos, pantallas y nuevas formas de jugar
El impacto de esta transformación no se limita a la producción. También modifica la relación de los niños con el juego. Julián Benitez, gerente de Relaciones Institucionales de la CAIJ, advirtió previamente que el juguete físico estaba siendo “desplazado por las pantallas en la vida cotidiana de los chicos, y eso tiene consecuencias concretas en su desarrollo”.
Por su parte, la médica Silvina Pedrouzo, presidenta de la Subcomisión de TICs de la Sociedad Argentina de Pediatría, explicó: “En la infancia, jugar es una forma de organizar el mundo interno, de elaborar emociones, de aprender a vincularse y también de construir una forma singular de pensamiento”.
La especialista agregó que el desarrollo infantil no depende únicamente de estímulos visuales o sonoros. Un niño pequeño, planteó, crece a partir del vínculo con otras personas y de la interacción con su entorno, y muchas veces ese proceso encuentra en el juego un canal central para explorar emociones, ensayar vínculos y conocer el mundo.
#QueremosJuguetes: una campaña para rescatar el juego tradicional
En este Día del Niño, la discusión sobre los juguetes también pone el foco en el lugar del juego dentro de la infancia. Benitez sostuvo que “el uso excesivo y temprano de dispositivos digitales reduce el tiempo dedicado al juego físico, al juego con otros y a la exploración del mundo real”.
Pedrouzo, en tanto, incluyó una definición directa sobre el rol de los adultos: “Es fundamental que hoy más que nunca invitemos a los niños a jugar y que como adultos apaguemos los dispositivos para conectarnos con la infancia”.

Ese planteamiento aparece en el marco de #QueremosJuguetes, una campaña impulsada por la Cámara Argentina de la Industria del Juguete. Esta iniciativa tiene como objetivo principal reinstalar el valor del juego tradicional en la vida de los niños, especialmente ante el avance imparable de las pantallas y los dispositivos electrónicos en el ámbito doméstico y escolar.
Además, busca volver a poner al juguete físico en el centro de la experiencia infantil, fomentando el desarrollo de habilidades, la creatividad y la interacción social a través del juego compartido. La campaña destaca la importancia de mantener vivas las costumbres vinculadas al juego tangible, promoviendo beneficios que van más allá del entretenimiento e inciden positivamente en el crecimiento y bienestar de niñas y niños.
Fuente: Infobae