El reciente movimiento telúrico que sacudió a Colombia dejó cicatrices imborrables en Pereira y transformó por completo la existencia de una apasionada coleccionista. Durante casi tres décadas, esta mujer, conocida en redes como Albita, había logrado reunir una de las más emblemáticas colecciones de artículos de Coca-Cola en toda la zona. La catástrofe no solo derribó muros, sino que también arrasó con historias llenas de dedicación y sentimiento.
El terremoto, de magnitud 7,4, se registró el 10 de agosto y tuvo su epicentro en la localidad de San José del Palmar, golpeando con fuerza a los departamentos de Caldas, Quindío y Chocó. De acuerdo con la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, el número de víctimas mortales llegó a 288 durante la noche del viernes, una cifra que evidencia la tremenda magnitud de la emergencia en el Pacífico colombiano.
El drama de una coleccionista en Pereira tras el sismo
Entre tantas pérdidas materiales, el caso de una habitante de Pereira conmovió a muchos por el valor simbólico de lo que perdió. Por casi 29 años, su casa se convirtió en un verdadero santuario dedicado a la recordada gaseosa.
El sismo derrumbó secciones de su vivienda y arruinó decenas de piezas que tenían un incalculable valor económico y, sobre todo, emocional. A través de su perfil de Instagram, la afectada compartió fotos y videos que evidenciaron el drástico cambio: lo que antes lucía ordenado y exhibido con orgullo, ahora era solo un montón de escombros y polvo.
La coleccionista relató en redes sociales:
«Después de 29 años de estar coleccionando todos mis tesoros de @cocacola, en el terremoto del 10 de agosto de 2026 en mi querendona, trasnochadora y morena Pereira, se derrumbó todo».
Sus palabras reflejaron el dolor por lo ocurrido, pero también la relevancia de la memoria y del esfuerzo puesto en cada objeto.
En las publicaciones se podían ver vasos, botellas de edición limitada, carros en miniatura, pelotas, yoyos, almanaques, cuadros, lámparas, relojes, botilitos y latas desperdigados por el suelo, mezclados con vidrios rotos y grietas en las paredes. Cada uno de esos elementos demostraba el enorme tamaño de la colección y la pasión invertida durante tantos años.

La solidaridad no se hizo esperar en las redes. Varios usuarios de Instagram enviaron mensajes de apoyo, reconociendo el valor sentimental de las piezas y agradeciendo que la coleccionista y su familia estuvieran a salvo. Una seguidora comentó:
«Qué rico saber que recorriste. Tuviste la oportunidad de coleccionar lo que querías, pero ahora tienes lo más importante, que es la vida tuya y la de toda tu familia alrededor».
Otros aprovecharon para reflexionar sobre la dimensión de la tragedia:
«Te fue bien, hay personas que perdieron a su mamá, papá, hijos inclusive las mascotas y eso no se recupera con absolutamente nada».
Coca-Cola responde y la solidaridad se multiplica
El caso llegó hasta la misma empresa, que reaccionó directamente en la publicación de la afectada. El mensaje de la marca fue:
«Gracias por unirse y compartir apoyo para Albita. Ya estamos en contacto con ella. Con esto recordamos el poder que tiene una comunidad cuando actúa desde el corazón. Colombia nos necesita unidos y cada aporte es una forma de decir presente».
Con esta respuesta, la compañía se sumó a la ola de gestos solidarios.
La respuesta de Coca-Cola se unió a los numerosos gestos de apoyo. De hecho, algunos usuarios pidieron que esa energía solidaria se extienda a otras víctimas del terremoto:
«Ojalá que así como se unen para que alguien recupere objetos de colección, también se unan y creen campañas para que personas que perdieron todo, recuperen sus cosas materiales, obtengan comida, techo, etc».

La cultura del coleccionismo de Coca-Cola en el país
En Colombia, la pasión por los artículos de Coca-Cola ha generado una comunidad vibrante y variada. Los coleccionistas realizan intercambios de piezas históricas, asisten a convenciones y conservan el entusiasmo por estos objetos. Entre los artículos más codiciados se encuentran botellas de ediciones especiales, miniaturas de vidrio o plástico, camiones o camionetas a escala, relojes, carteles metálicos, destapadores y juguetes clásicos como los yoyos.
Esta afición va más allá de lo tangible; se transforma en un reflejo de la cultura popular, de la nostalgia y de cómo un simple objeto puede condensar recuerdos personales y colectivos. La historia de Albita es un claro ejemplo de ello.
Fuente: Infobae