Entre finales de 2026 y comienzos de 2027, los usuarios panameños podrían acceder a la telefonía móvil 5G. La posibilidad se acerca porque los dos operadores que permanecen en el mercado avanzaron en la adquisición del espectro necesario.
El anuncio fue hecho por Edwin Castillo, subdirector de Redes de la Autoridad Nacional de los Servicios Públicos (ASEP), en una entrevista con el programa de radio Infoeconomía. Castillo señaló que ambas empresas prácticamente han adquirido el espectro que solicitaron, tomando como referencia el mismo precio establecido para el proceso que buscaba incorporar a un tercer operador.
Con estos avances, el regulador estima que “a final de año o comienzo del otro” las compañías deberían empezar a ofrecer el 5G, aunque no se precisó una fecha exacta de lanzamiento.
El 5G es la quinta generación de redes móviles y representa un salto respecto al 4G, que hoy domina las conexiones celulares. No se trata únicamente de navegar o descargar archivos a mayor velocidad: la tecnología reduce notablemente la latencia —el tiempo que tarda la red en responder— y aumenta la capacidad para conectar simultáneamente grandes cantidades de dispositivos.
Esto habilita oportunidades como:
- Automatización industrial
- Ciudades inteligentes
- Vehículos conectados
- Telemedicina
- Internet de las Cosas
Para todas estas aplicaciones, las redes 4G enfrentan mayores limitaciones en capacidad y velocidad de respuesta.

La llegada del 5G exige, sin embargo, inversiones mucho mayores para las telefónicas. Castillo explicó que cuanto más alta es la frecuencia utilizada, menor es su cobertura, por lo que se requiere instalar una mayor cantidad de radiobases o celdas, lo que encarece el despliegue.
Ese costo está transformando la industria mundial. Los operadores se están consolidando en distintos mercados ante la cautela para comprometer nuevas inversiones, una tendencia que mencionó en Costa Rica, Brasil y Colombia, así como en mercados de Europa y Asia.
Implementar redes de quinta generación requiere millones de dólares, incluso en territorios relativamente pequeños como Panamá.
A escala global, China, Corea del Sur, Estados Unidos, los países nórdicos y los Estados del Golfo están entre los más avanzados en el desarrollo del 5G, según GSMA Intelligence.

China concentra por sí sola más del 40% de las conexiones 5G del planeta. En América Latina, Brasil se mantiene como el principal referente regional, y la GSMA proyecta que para 2030 el 74% de sus conexiones móviles serán 5G, frente a un promedio latinoamericano de alrededor del 50%.
Panamá ya había dejado parte del camino andado. La ASEP realizó consultas públicas para atribuir las bandas de 3.5 GHz y 2.5 GHz, utilizadas para el despliegue del 5G, y asegura haber fijado un costo competitivo para el espectro. Estas condiciones formaban parte de los incentivos diseñados para atraer a un nuevo competidor al mercado panameño.
La transformación tecnológica ocurre en un mercado que hace tres décadas tenía proporciones muy distintas. La telefonía celular arrancó en Panamá en 1996 y las estimaciones iniciales apuntaban a alcanzar unos 100,000 usuarios en cinco años, recordó Castillo.
La realidad superó ampliamente esas proyecciones: en aproximadamente un año el mercado ya llegó al millón de usuarios, consolidando al celular como un fenómeno de expansión veloz.
Actualmente, la ASEP calcula que existen alrededor de cinco millones de usuarios activos de telefonía móvil en Panamá, mientras la cobertura poblacional se sitúa aproximadamente en 96%.

Esa cifra no implica que prácticamente todo el territorio tenga señal: la cobertura geográfica ronda apenas el 60%, una diferencia explicada por extensas zonas con poca o ninguna población.
El tercer operador que no llegó
Mientras Panamá prepara su salto al 5G, el intento de devolver un tercer competidor al mercado celular sufrió un tropiezo. El 11 de agosto estaba prevista la presentación de documentos para precalificar a las compañías interesadas en participar posteriormente en la licitación. Al cierre del proceso, ninguna empresa presentó una solicitud, confirmó Castillo.
El resultado ocurrió pese a que algunas compañías habían realizado consultas y expresado interés en conocer las condiciones del proceso. No era necesario comprar un pliego: la documentación estaba disponible en el micrositio habilitado por la ASEP y también podía solicitarse directamente en la institución. Ninguna de las consultas terminó convirtiéndose en una solicitud formal de precalificación.
Castillo evitó identificar a las empresas que se acercaron, aduciendo que las compañías prefieren mantener la confidencialidad sobre su interés. La ausencia de participantes no significa, sin embargo, que el proceso haya terminado definitivamente.
La ASEP conformó una comisión para revisar las condiciones ofrecidas y determinar si pueden mejorarse antes de intentar una segunda convocatoria.

El funcionario reconoció que es posible que los potenciales interesados estén aguardando condiciones más favorables. “Pudiera ser, eso no lo desestimamos”, respondió al ser consultado sobre esa posibilidad. La institución continuará evaluando la documentación para determinar si existe margen para hacer más atractiva la propuesta y convocar nuevamente a las empresas.
La ASEP espera tomar una decisión en aproximadamente un mes o mes y medio sobre la realización de un nuevo llamado. Si finalmente se descarta una segunda convocatoria, Castillo aseveró que la estrategia será intensificar la fiscalización sobre los operadores existentes.
La institución considera deseable incorporar un tercer competidor, pero sostiene que la existencia de dos empresas no implica necesariamente un servicio deficiente.
La historia muestra cuánto cuesta entrar en este negocio. Cuando BellSouth comenzó operaciones, la concesión representó $76.2 millones, mientras que la entrada posterior de Claro y Digicel involucró $86 millones, recordó Castillo.

Esos montos correspondían únicamente al derecho de concesión y no incluían los millones adicionales necesarios para desplegar infraestructura y construir las redes móviles.
Para el nuevo proceso, el Estado buscó reducir esa barrera mediante uno de los costos de espectro radioeléctrico más competitivos de la región, según la ASEP. Aun así, ninguna compañía dio el paso definitivo.
El episodio ocurre precisamente cuando los elevados costos del 5G están impulsando consolidaciones y mayor cautela entre los operadores internacionales, lo que modifica las condiciones bajo las cuales Panamá intenta recuperar un tercer participante.
En materia de precios, Castillo recordó que la ASEP no tiene facultades legales para regular directamente las tarifas de telefonía móvil, pero sí puede verificar los estándares de calidad. Al quedar nuevamente el mercado con solo dos compañías, la entidad asegura que aumentará las mediciones y fiscalizaciones para reducir las quejas y exigir el servicio por el cual pagan los usuarios.

Hay que recordar que Claro y Digicel salieron del mercado panameño en procesos distintos que comenzaron a redefinir la telefonía móvil desde 2022. Claro dejó de operar como competidor independiente tras la compra de sus operaciones por Cable & Wireless Panamá, transacción que se hizo efectiva posteriormente, mientras Digicel anunció en abril de 2022 su decisión de retirarse, al considerar que la consolidación reducía las condiciones para competir.
La empresa permaneció bajo intervención mientras se buscaba un nuevo concesionario y finalmente cerró sus operaciones en abril de 2024, dejando el mercado concentrado en +Móvil y Tigo.
El regulador tampoco considera que la falta de interesados pueda calificarse todavía como un fracaso. La prioridad inmediata será determinar por qué las consultas empresariales no terminaron convirtiéndose en propuestas concretas y decidir si existen condiciones que puedan modificarse.
Mientras esa revisión avanza, el mercado panameño se encamina hacia el 5G con los mismos dos operadores que actualmente compiten por sus cerca de cinco millones de usuarios.
Fuente: Infobae