Hace años, el cofundador de Microsoft, Bill Gates, anticipó que el surgimiento de la inteligencia artificial provocaría una transformación tecnológica equiparable a la de los microprocesadores, las computadoras personales, los teléfonos móviles e internet.
En la actualidad, asegura que todo lo que ha observado desde entonces fortalece esa idea y sitúa a la IA en el centro de un cambio “para siempre” en el acceso a la salud: herramientas capaces de mejorar la calidad de la atención y expandir su cobertura, sobre todo en las naciones con menos recursos económicos.
En un artículo publicado en su blog personal, Gates sostuvo que la IA “puede ayudar a salvar vidas” y planteó que su evolución es más rápida de lo que él mismo preveía, con impacto en múltiples campos.

En el ámbito sanitario, lo vinculó con un objetivo recurrente en la agenda de su fundación: mejorar el acceso a una atención médica de calidad para todas las personas, con énfasis en el África subsahariana.
¿Por qué Gates dice esto?
Gates basó su pronóstico en un problema estructural que, a su criterio, frena el progreso sanitario en las regiones más pobres del mundo: la falta de personal de salud. Según escribió, a pesar de los avances de los últimos 25 años (como la reducción a la mitad de la mortalidad infantil y la posibilidad real de eliminar o controlar enfermedades como la poliomielitis, la malaria, la tuberculosis y el VIH), el déficit de trabajadores sanitarios sigue siendo “grave” y persistente.

En el África subsahariana, indicó, existe un déficit de casi 6 millones de trabajadores sanitarios. En ese contexto, describió que los equipos de salud deben priorizar la atención de demasiados pacientes con poco apoyo administrativo, sin tecnología moderna y sin directrices clínicas actualizadas.
Como parte de ese panorama, citó una estimación de la Organización Mundial de la Salud: “la atención sanitaria de baja calidad contribuye a entre 6 y 8 millones de muertes anuales” en países de ingresos bajos y medios, sin contar los millones de personas que fallecen por no tener acceso a la atención sanitaria.

Gates sostuvo que, frente a una brecha de esa magnitud, ni siquiera los esfuerzos más ambiciosos de contratación y formación alcanzarían para cerrarla “en un futuro previsible”. Por eso, planteó que la IA puede funcionar como una herramienta para ampliar el acceso a una atención de calidad sin reemplazar al personal, sino apoyándolo.
En su argumento, destacó el caso de Ruanda. Señaló que el país tiene un trabajador sanitario por cada 1000 habitantes, por debajo de la recomendación de la OMS de aproximadamente cuatro por cada 1000, y que al ritmo actual de progreso se tardarían 180 años en cerrar esa brecha.

En ese contexto, mencionó que el ministro de Salud, Dr. Sabin Nsanzimana, anunció la puesta en marcha de un Centro de Inteligencia Sanitaria con tecnología de IA en Kigali, con el objetivo de usar los recursos limitados “de la forma más eficiente posible”.
Gates también explicó que, como parte de Horizonte 1000, se propuso acelerar la adopción de herramientas de IA en centros de atención primaria, comunidades y hogares, con la premisa de que esas soluciones “apoyarán al personal sanitario, no lo sustituirán”.
En paralelo, describió usos que, según escribió, ya se ven en países con mayores recursos: la transcripción y el resumen automático de consultas, y la automatización de parte del papeleo posterior, para que médicos y enfermeros puedan dedicar más tiempo al paciente y concentrarse luego en el siguiente.

Hacia el final, afirmó que esta colaboración con OpenAI, gobiernos, innovadores y profesionales de la salud en el África subsahariana representa un paso hacia el tipo de IA que considera necesaria: sistemas que ayuden a resolver desafíos que antes “simplemente no sabían cómo afrontar”. Además, invitó a quienes trabajan en IA a pensar cómo aprovechar al máximo esas herramientas y dijo que espera ver algunas de estas soluciones en acción durante su próxima visita a África.
Fuente: Infobae