Loco México Mágico debutará en los cines mexicanos el próximo 13 de agosto, en una época donde los discursos suelen estar cargados de desilusión y prejuicios. El filme, dirigido por Carlos Santos, propone una mirada opuesta: aquí la comedia, la creatividad y el patriotismo son los ejes centrales.
La historia nace de un acto sencillo: cuando el director era joven, filmó un cortometraje en Alvarado, Veracruz, y se llevó el recuerdo de una comunidad que lo recibió con afecto.

Años más tarde, después de producir obras como Chilangolandia, Señora influencer y ¡Qué huevos, Sofía!, esa calidez humana se convirtió en el germen de una cinta que ahora se exhibe en más de mil quinientos cines.
El reparto de esta comedia —Silverio Palacios, Daniel Sosa, Fernando Cuautle y Sofía Carrera— relata en entrevista cómo fue la combinación de trayectoria y anhelo compartido de narrar una historia diferente durante el rodaje.
El origen de la historia: la semilla de «Loco México Mágico»
El núcleo de Loco México Mágico está ligado al recuerdo del director:
«Cuando tenía diecinueve años filmé un cortometraje en Alvarado y me quedé enamorado con el entusiasmo de la gente. Me fui con muy buenos recuerdos y me quedó en la mente como tal vez el lugar más feliz de México.»
Esa vivencia motivó a Santos, años más tarde, a crear una cinta que reflejara el lado brillante de la vida en México:
«Me di cuenta que, a pesar de que Estados Unidos tiene una economía primermundista, tienen una gran población que está tomando antidepresivos y de alguna forma este sentido de familia y alegría que tenemos acá no lo tienen ellos.»
Durante el rodaje, esa intención se materializó para los actores. Daniel Sosa (quien interpreta a Juan) comenta:
«La película refresca la imagen de México que también somos. No está de más decir que sí tenemos lugares oscuros, pero también tenemos esta parte bonita y es un buen momento para abrazarla.»
Una historia de alegría y orgullo frente a los discursos de Trump
No es coincidencia que el filme surja en una época de retórica hostil que a menudo señala al mexicano como el villano.
Para Carlos Santos, la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos lo impulsó a adoptar una posición desde el arte:
«Cuando gana como presidente, me molestaba mucho lo que decía de los mexicanos y sentía que había una oportunidad de contar otra historia en el cine.»
El mensaje atraviesa cada escena y las declaraciones de sus protagonistas. Daniel Sosa anima a los espectadores a salir de la sala con la firmeza de «abrazar nuestras raíces y la esencia que tenemos como mexicanos».

La película también festeja esos instantes de unidad nacional, como cuando la selección marca un gol y todo parece factible. El director se planteó
«generar una nueva narrativa ideológica donde pongamos en primer plano las grandezas de nuestro país.»
Un reparto que formó una familia
La médula del filme reside en su elenco. Sofía Carrera (que da vida a Melinda) recuerda que al llegar al set no conocía a nadie, pero esa barrera se desvaneció pronto:
«Hicimos una familia muy bonita. No había tenido el placer de trabajar con nadie y para mí fue un honor aprender de todos.»
Fernando Cuautle (quien interpreta a Pancho) admite que los primeros días fueron como el comienzo del colegio:
«Nunca habíamos convivido, pero después de siete semanas juntos, sentí que estaba entre amigos.»
Existen instantes imborrables, como aquella tarde en que observó el agua y reflexionó: «qué cañón que me pagan por estar aquí».
Silverio Palacios (como Benito) sintetiza este sentir:
«Hacer cine es reunir varias voluntades. Si no se da el afecto en el set, difícilmente podríamos haber hecho Loco México Mágico. Lo tengo por cierto.»
Cambio de roles: del drama y la comedia a «Loco México Mágico»
La labor de dirección de Santos representó un desafío para el reparto, habituado a otras formas de actuación.
Sosa lo detalla con humor:
«Yo venía de hacer una serie con Eugenio donde mi personaje era el de los chistes, y me pusieron a callarme y a ser más cuadradón. A Fer, que venía de algo súperserio, lo pusieron a hacer remates cómicos.»
La camaradería y el humor impregnaron la filmación. Palacios, con su estilo característico, bromea sobre la inventiva de su director:
«Seguramente le entran las ideas más fácil porque carece de pelo, entonces la divinidad le ha de mandar ideas.»
El resultado en la pantalla muestra a un equipo que se atrevió a experimentar y halló, en la dinámica grupal, una energía que se transmite al público.

De este modo, Loco México Mágico no solo pretende provocar risas. Busca que la audiencia se identifique con el espejo de una comunidad que sabe unirse, resistir y festejar, aun cuando el entorno parece empeñado en lo opuesto.
Fuente: Infobae