Tras interrumpir una racha de más de 60 años de participación ininterrumpida, España ahora examina si las condiciones son adecuadas para regresar al Festival de Eurovisión en la edición de 2027, que se celebrará en Burgas, Bulgaria, entre el 11 y el 15 de mayo en el recinto Arena Burgas. El posible retorno de RTVE depende de una serie de exigencias que la corporación pública presentó ante la Unión Europea de Radiodifusión (UER) después de su retirada en 2026, decisión motivada por la continuidad de Israel en el certamen.
La salida española marcó un hito al ser la primera de un miembro del Big Five, el grupo de los cinco grandes contribuyentes financieros —junto a Reino Unido, Francia, Alemania e Italia— que sostienen gran parte de la estructura económica del festival y acceden directamente a la final. Durante la 95ª Asamblea General de la UER, celebrada en Ginebra, el secretario general de RTVE, Alfonso Morales, señaló que la corporación
“reconoce y valora”
las medidas adoptadas por la organización, aunque en ese momento consideró que no eran suficientes para garantizar la neutralidad en medio del conflicto de Gaza. La votación que decidió la permanencia de Israel arrojó 738 votos a favor, 264 en contra y 120 abstenciones, lo que activó la cláusula de retirada que RTVE había anunciado meses antes. España no fue la única en tomar esta postura; países como Irlanda, Eslovenia, Islandia y Países Bajos también anunciaron que no participarían en la edición de 2026 si Israel continuaba en la competencia.

Las reformas de la UER
Frente a la crisis desatada en 2025 y 2026, la UER aprobó cambios en varios frentes. En el sistema de votación, se redujo el número máximo de votos por persona de 20 a 10 y se restableció el jurado profesional en las semifinales, de modo que la clasificación para la final del sábado no dependa exclusivamente del televoto. Estas medidas responden a denuncias de que campañas masivas coordinadas habían distorsionado los resultados: en la edición de 2025, Israel obtuvo el segundo lugar en medio de sospechas de movilización organizada del voto popular.
La organización también emitió una “advertencia formal” a Israel luego de que el artista representante de la cadena pública israelí KAN difundiera videos instando a los espectadores a votar hasta diez veces por su candidatura. En respuesta, la UER aprobó un código de conducta que prohíbe que las emisoras y los artistas “participen activamente, faciliten o contribuyan” a campañas promocionales de terceros destinadas a influir en la votación.

Además, según el diario sueco Aftonbladet, la organización planea trasladar el voto popular completamente a la web y obligar a los espectadores a elegir más de una candidatura, por ejemplo, sus tres favoritas. La medida busca reducir el llamado “voto en bloque”, ese fenómeno por el que comunidades organizadas concentran los votos en un único país, sin comprometer la imparcialidad ni la confianza en el certamen. Se trata de un modelo muy similar al que ya usa Eurovisión Junior, sin SMS ni llamadas.
Este año Burgas será la sede de Eurovisión 2027, un destino que cumple con la nueva normativa. La UER ha debatido y adoptado criterios que impiden que países inmersos en conflictos armados puedan ejercer como anfitriones, incluso en caso de victoria, por razones de seguridad e imagen internacional. Bulgaria ganó el año anterior y, al ser un país sin implicación en conflictos de alta intensidad, encaja en esa lógica.
El tercer flanco pendiente era el patrocinio. Moroccanoil, empresa de productos cosméticos fundada en Tel Aviv en 2007, era patrocinador oficial y socio presentador del festival desde 2021. La compañía se encargaba de aspectos del backstage y estaba vinculada a la imagen del evento, pero cadenas como la eslovena se quejaron de que una dependencia económica tan estrecha con una empresa de origen israelí podía condicionar las decisiones institucionales de la UER, dificultando eventuales sanciones o limitaciones a Israel. Ahora, la UER ha confirmado que Moroccanoil no renovará su patrocinio con Eurovisión, con el que mantuvo una alianza durante seis ediciones consecutivas. La organización agradeció públicamente el respaldo de la compañía y le deseó “todo el éxito” en el futuro. Al anunciarse Burgas como sede de la edición 2027, el vídeo promocional ya no incluía el logotipo de la marca, su imagen desapareció de las redes sociales del certamen y tampoco tuvo presencia en la rueda de prensa de la emisora búlgara BNT. Solo permanece su logo en la web oficial del festival, a la espera de ser eliminado.
Las dudas de España en Eurovisión
El director de TVE, Sergio Calderón, ha reconocido que el diálogo con la UER se ha reactivado, aunque ha advertido que
“aún queda camino por recorrer”
. El núcleo de las exigencias españolas permanece sin resolver. La participación de Israel en el festival mientras continúe el conflicto sigue siendo la línea roja principal de RTVE. La corporación ha señalado que no compartiría escenario con la delegación israelí sin garantías claras de respeto al reglamento y sin que la UER adopte una postura coherente sobre los países en conflicto.
A esa cuestión se ha sumado la polémica por la posible readmisión de Rusia. El director del festival, Martin Green, habría abierto la puerta a un eventual regreso ruso, sugiriendo que “la invasión de otro país” no sería motivo suficiente para una expulsión permanente. El presidente de RTVE, José Pablo López, respondió que permitir esa vuelta para justificar el “doble rasero con Israel” sería
“un insulto flagrante a los valores europeos”
, y advirtió que esa posibilidad “complica el regreso de España al festival”.

La corporación española anunció que realizaría una evaluación interna a partir del 17 de mayo de 2026, con lo ocurrido en Eurovisión Viena 2026 como punto de partida, para decidir su postura de cara a 2027. Ese proceso de valoración no se ha revelado tras las nuevas normas sobre el televoto y el código de conducta, el desarrollo del festival en Viena, la postura de la UER respecto a Israel y Rusia, y el papel anulado de Moroccanoil en la arquitectura financiera del certamen.
RTVE, que mantiene la participación en Eurovisión Junior —donde no participa Israel—, no ha descartado el regreso, pero tampoco lo ha confirmado. La posición oficial sigue siendo de una puerta abierta condicionada. La ausencia española implica, además, la retirada de su aportación económica al festival, lo que ha obligado a redistribuir cargas entre otros miembros y ha reforzado el peso de los patrocinadores privados para sostener el concurso. Esa presión financiera sobre la UER es otro de los factores que alimentan el interés de la organización por recuperar a España, uno de sus socios históricos más relevantes.
Fuente: Infobae