Usar crédito como débito: el consejo de Natalia Lara

El plástico de crédito suele cargar con una reputación negativa: muchos lo vinculan de inmediato con deudas e intereses. Sin embargo, la especialista en finanzas Natalia Lara sostiene que esta postura mezcla el instrumento con la manera de utilizarlo. A su juicio, el problema arrastra años de formación económica insuficiente, temor al sobreendeudamiento y una permanente equivocación entre el medio y la costumbre.

Una tarjeta de débito opera como una extensión digital de la cuenta bancaria: cada compra descuenta el saldo disponible en el acto. En cambio, una tarjeta de crédito emplea dinero prestado por el banco hasta un tope fijado, con el compromiso de devolverlo con o sin intereses según el manejo que se haga del pago.

Esa diferencia de origen condiciona el resto: el impacto en el historial crediticio, el resguardo ante fraudes y los beneficios extra que ofrece cada producto.

La estrategia: gastar como si fuera débito

La experta en finanzas Natalia Lara plantea una solución que da vuelta la lógica habitual: no se trata de acertar con la tarjeta correcta, sino de emplearla de forma deliberadamente distinta a su diseño. “La forma más inteligente de usar una tarjeta de crédito es fingir que no lo es”, sostuvo.

Una mano paga con una tarjeta de crédito en un supermercado, mientras la pantalla del terminal de punto de venta muestra la transacción aprobada por $39.00. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La mecánica concreta parte de dos reglas: comprar únicamente lo presupuestado de antemano y cancelar cada gasto en cuanto aparece, sin aguardar el resumen mensual. Para que este sistema funcione sin fricciones, la tarjeta debe estar vinculada a la cuenta habitual, de modo que los pagos inmediatos no dependan de transferencias manuales ni de recordatorios.

Por qué el débito no es equivalente

Usar solo débito acarrea un costo invisible que muchos consumidores pasan por alto. Las transacciones con esa tarjeta no generan historial crediticio porque no implican ningún préstamo que el sistema pueda registrar. Esa invisibilidad puede encarecer o incluso bloquear el acceso a hipotecas y préstamos en el futuro.

Los programas de recompensas son otra diferencia práctica. Algunas tarjetas de crédito ofrecen hasta un 4% de reembolso en categorías concretas de gasto, además de seguros de viaje o extensión de garantías, beneficios que las de débito raramente replican.

La ventaja menos obvia: el fraude

“Si te la clonan o te la roban, reclamar un cargo de crédito es mucho más sencillo que recuperar el dinero que ya ha salido de tu cuenta de débito”, advirtió Lara.

La diferencia es clave. Con un cargo no autorizado en crédito, el dinero del titular nunca llega a moverse: el banco investiga mientras el saldo permanece intacto. Con el débito, el dinero ya ha salido de la cuenta y su recuperación puede tardar días, con el riesgo añadido de que domiciliaciones y pagos programados queden sin fondos en ese intervalo.

La única variable que importa

“Construyes historial crediticio, sacas los beneficios que trae la tarjeta y nunca le debes un euro al banco”, resumió Lara sobre las ventajas del método.

La experta subrayó que adoptar este enfoque no altera el presupuesto mensual en absoluto. “El coste de tu vida va a ser exactamente el mismo”, señaló. El único factor diferencial, en su análisis, no es técnico ni financiero: “La diferencia es la disciplina con la que la vas a usar”.

Fuente: Infobae

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