Miles de años antes de que los tigres dientes de sable desaparecieran, los ejemplares que habitaron La Brea, en Los Ángeles, ya mostraban señales óseas de una población bajo presión. Un nuevo estudio ha detectado malformaciones vertebrales y posibles tumores en nervios espinales en fósiles de Smilodon fatalis, lo que apunta a los efectos de la endogamia en los tramos finales de la especie.

La investigación, publicada en la revista Frontiers in Veterinary Science, analizó miles de vértebras recuperadas en los pozos de alquitrán californianos. Los hallazgos sugieren que el deterioro genético pudo dejar huellas visibles en el esqueleto de este gran depredador de la Edad de Hielo.
Un registro fósil con señales repetidas
El trabajo se centró en 3.722 vértebras correspondientes a al menos 849 individuos conservados en el museo de La Brea. El equipo encontró una frecuencia de alteraciones en el desarrollo de la columna, un patrón que abre una nueva línea de interpretación sobre la situación de la especie poco antes de la extinción.
Los investigadores identificaron las siguientes anomalías:
- 32 vértebras con arcos incompletos
- 48 vértebras en bloque con huesos fusionados
- 226 vértebras de transición mal formadas
Ese conjunto de anomalías se registró en una de las mayores colecciones de grandes mamíferos carnívoros del yacimiento, donde los restos del tigre dientes de sable son superados únicamente por los correspondientes a los lobos gigantes.

El dato más inusual surgió en tres piezas de distintos ejemplares. Esas vértebras presentaban forámenes agrandados, es decir, aberturas por donde pasan nervios y vasos sanguíneos. El tamaño de esos orificios y el aspecto remodelado de sus superficies llevaron al equipo a plantear la presencia de tumores en los nervios espinales, una condición extremadamente rara en animales actuales.
La hipótesis de la endogamia
Según el estudio, la explicación más probable para esa concentración de deformidades pasa por la endogamia. La reducción de la población pudo favorecer la persistencia y transmisión de variantes genéticas perjudiciales, con efectos visibles en la anatomía de los animales. El trabajo estimó una prevalencia potencial de 353 tumores de nervios espinales por cada 100.000 individuos en los felinos de La Brea.

Como referencia, las investigaciones indicaron que en humanos los médicos diagnostican hasta 0,38 casos por cada 100.000 personas asociados a ciertas mutaciones genéticas. Esa distancia numérica refuerza la sospecha de que la población fósil atravesaba un deterioro biológico marcado. Los autores señalaron que todavía hace falta evidencia genética para confirmar esa interpretación. Aun así, remarcaron que malformaciones espinales similares ya se observaron en poblaciones actuales de lobos grises afectadas por endogamia, un antecedente que aporta contexto al caso de los tigres dientes de sable.
Del interés por los lobos a un hallazgo inesperado
El coautor Hugo Schmökel, cirujano veterinario de la Academia Veterinaria IVC Evidensia de Suecia, llegó inicialmente a La Brea para estudiar enfermedades articulares en lobos gigantes. Durante esa revisión detectó indicios de patologías en las vértebras de los grandes felinos y decidió volver al sitio para profundizar el análisis.
“Como cirujano de columna para perros y gatos, me interesé de inmediato y volví dos veces a La Brea”, declaró Schmökel.
La observación derivó en un examen sistemático por tomografía computarizada de las piezas fósiles.

El estudio también incorporó la mirada externa de Federico Agnolín, paleontólogo del Museo Argentino de Ciencias Naturales, quien no participó en la investigación.
“La evidencia fósil de trastornos hereditarios es poco común”, explicó Agnolín. “Documentar un posible aumento de anomalías del desarrollo y tumores raros ofrece una nueva perspectiva sobre las consecuencias biológicas de la disminución de la población antes de la extinción”.
Qué pudo ocurrir en los últimos tiempos de la especie
Los tumores de los nervios espinales pudieron causar dolor y pérdida de función en las extremidades, de acuerdo con la interpretación del equipo. Esa limitación física habría elevado la probabilidad de que algunos animales terminaran atrapados en los pozos de alquitrán, atraídos por presas inmovilizadas en la sustancia viscosa.
“Una presa atrapada resulta muy atractiva para un depredador que sufre”, afirmó Schmökel. “Un depredador herido o enfermo debe depender de los cadáveres para sobrevivir, por lo que correrá mayores riesgos para alcanzarlos”.

Los investigadores no establecieron una causa única para la desaparición de estos felinos. Sin embargo, mencionaron entre los factores posibles el cambio climático, la actividad humana y la competencia con los lobos grises. También señalaron una derivación actual del hallazgo: hoy, 20 especies de felinos salvajes figuran como amenazadas o en peligro crítico en la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.
En ese marco, Schmökel sostuvo que “la pérdida de hábitat, la contaminación, la caza furtiva y, en algunas zonas, el cambio climático, son la causa de la disminución del número de felinos salvajes” y añadió: “Podemos suponer que lo mismo le ocurrió al tigre dientes de sable de la última Edad de Hielo”.
Fuente: Infobae