Huawei: el brazo tecnológico del Ejército Chino y su impacto global

El avance internacional de Huawei, convertida en pieza clave de la estrategia tecnológica y militar de Pekín, ha transformado el equilibrio geopolítico y de seguridad a nivel mundial. Esta compañía, creada en 1987 por Ren Zhengfei, representa hoy el perfecto engranaje entre el progreso tecnológico, el poder estatal y la influencia del Ejército Popular de Liberación (EPL).

Este vínculo va mucho más allá de lo puramente comercial y genera serias dudas sobre la seguridad, la soberanía y la autonomía de las naciones que utilizan sus servicios y productos.

Las alertas provienen de múltiples países desarrollados que temen una intromisión de Pekín en sus comunicaciones. Entre ellos figuran Estados Unidos, Australia, Reino Unido, Canadá, Nueva Zelanda, Suecia, Francia, Alemania, Rumania, Japón y Taiwán. En las últimas horas, el Departamento de Estado estadounidense advirtió a la Cooperativa Provincial de Servicios Públicos y Comunitarios de Neuquén (CALF) por un contrato con Huawei para instalar una red de fibra óptica, e incluso evalúa revocar las visas a los directivos de esa empresa encargada del suministro eléctrico en la provincia patagónica. De acuerdo con fuentes confiables, estas restricciones podrían ampliarse a otras corporaciones y miembros de sus directorios que tengan colaboración o contratos con el gigante tecnomilitar chino.

El nexo entre Huawei y el Estado chino siempre ha sido visible. Las normativas locales obligan a las grandes empresas a incluir miembros del Partido Comunista Chino (PCC) en sus directorios, lo que convierte a cada firma relevante en un eslabón del aparato estatal. El despliegue de Huawei en la red 5G a nivel mundial —una infraestructura que posibilitará la transferencia instantánea de información en todo el orbe— significa mucho más que un avance tecnológico: abre la puerta a que el régimen de Xi Jinping acceda a datos estratégicos de usuarios, empresas y gobiernos de decenas de países. Un verdadero desembarco encriptado. Estados Unidos y las principales potencias europeas observan con atención a quienes se entregan sin restricciones a Huawei.

El respaldo del gobierno chino a Huawei se manifiesta en el plano diplomático y económico. Xi Jinping usa a la compañía como una pieza central de su política exterior, defiende sus intereses en foros multilaterales y no duda en enfrentar a potencias como Estados Unidos si la firma se siente atacada.

ARCHIVO: Ren Zhengfei, fundador y director ejecutivo de Huawei Technologies, gesticula durante una sesión en la 50ª reunión anual del Foro Económico Mundial (WEF) en Davos, Suiza, el 21 de enero de 2020 (Reuters)

La táctica china no queda en la retórica ni en la presión diplomática. Su esquema de préstamos y financiamiento en América Latina, África y Asia exige a cambio la entrega de recursos naturales y la autorización para instalar infraestructura crítica, como bases militares y redes de telecomunicación. Naciones como Venezuela, Ecuador, Bolivia y Argentina han visto cómo los créditos chinos allanaron el camino para que Huawei gane terreno y busque dominar el despliegue de la red 5G en mercados emergentes, manteniéndolos bajo su órbita financiera y tecnológica.

Durante años, ejecutivos e ingenieros de Huawei trabajaron junto a organismos del EPL en investigaciones de vanguardia. Los campos abarcan desde inteligencia artificial hasta procesamiento de imágenes satelitales y análisis de emociones en videos subidos a la red. La compañía rechaza la idea de un vínculo institucional formal, pero los perfiles de los involucrados y el carácter de los estudios alimentan las sospechas de una cooperación estructural.

El avance del 5G ha disparado las alarmas en múltiples democracias, sobre todo en India, Japón, Australia, Estados Unidos y naciones europeas. En India, las autoridades vetaron la participación de Huawei y ZTE en el sector después de un choque fronterizo con China y del descubrimiento de que aplicaciones chinas enviaban información confidencial a Pekín. Australia, por su parte, prohibió que la empresa acceda a sus redes, argumentando peligros para la seguridad nacional y la privacidad de las comunicaciones.

Nuevas normas de control estatal

En medio de ese esquema de vigilancia sobre personas y compañías chinas, el régimen aprobó recientemente tres normas que subordinan de forma explícita a todas las entidades y ciudadanos a los designios estratégicos del Estado. Huawei podría convertirse en una herramienta esencial de seguimiento y control para esa represión transnacional.

La denominada Ley de Unidad Nacional busca integrar y condicionar ideológicamente a la sociedad. El Decreto 835, en tanto, apunta a la extraterritorialidad, permitiendo incluso desconocer legislaciones extranjeras si afectan los intereses chinos. El Decreto 837 establece un marco integral para controlar y direccionar las inversiones chinas en el exterior, bajo el argumento de la “seguridad nacional”.

Todas las inversiones fuera de China deben ajustarse a lo que el régimen llama “seguridad del régimen” y someterse a revisiones estatales. El concepto de seguridad nacional abarca mucho más que la defensa o el terrorismo: incluye tecnología, datos, finanzas, cadenas de suministro, cultura, energía y estabilidad política. ¿Qué mejor mecanismo que una corporación que vigile las comunicaciones de otras empresas chinas y extranjeras para ejercer esa autoridad fuera del territorio chino?

Uno de los puntos más discutidos de estas normativas es la facultad del Consejo de Estado y de los ministerios para autorizar, limitar u obligar a desinvertir en operaciones en el extranjero. El Decreto 837 impide exportar o usar fuera del país ciertos bienes, tecnologías y datos sin permiso, y establece un sistema de revisión de seguridad para toda inversión externa. Las firmas chinas, entre ellas Huawei, y sus empleados deben cooperar plenamente, incluso ante autoridades extranjeras, priorizando siempre la protección de los intereses del Estado chino por encima de las leyes locales.

La llamada “diplomacia del Wolf Warrior”, promovida desde Pekín, complementa estas disputas con campañas en los medios y presiones económicas. Medios estatales alertan sobre posibles represalias contra quienes rechacen a Huawei, al tiempo que presentan al régimen como víctima de una supuesta corriente “anti-China”.

Empresa tecnomilitar

La arista militar se hace más evidente al examinar la trayectoria de Ren Zhengfei, fundador de Huawei y exintegrante del Ejército Popular de Liberación. Su paso por la innovación y la ciencia militar marcó el rumbo de la compañía desde sus orígenes. El despegue de Huawei se basó en la transferencia de saberes y tecnología gracias a la colaboración —y en ciertos casos, espionaje industrial— con entidades estatales. Las acusaciones por sustracción de información confidencial de competidores internacionales también forman parte de su historial. Este modelo que articula tecnología, Estado y Fuerzas Armadas no responde únicamente a una lógica interna de China. Su exportación hacia otras regiones, a través de préstamos, inversiones y acuerdos de cooperación, extiende la influencia de Huawei mucho más allá de los límites comerciales. América Latina es uno de los escenarios donde esa influencia se despliega con mayor nitidez.

La crisis económica que atraviesan varios países de la zona allana el terreno para la compañía. Gobiernos latinoamericanos recurren al yuan como moneda de pago y entregan contratos estratégicos a Huawei como parte de un pacto integral con China. Además, sus bancos centrales reciben ayudas cuyos términos desconocen incluso los congresistas locales. Esos acuerdos sitúan a la empresa en el corazón de la agenda política, económica y de defensa de los Estados implicados.

La exigencia de contar con miembros del Partido Comunista Chino en los directorios y la cooperación comprobada con las fuerzas militares hacen de Huawei un actor híbrido, situado entre la corporación y el brazo operativo del Estado y su aparato castrense. Esta particularidad la distingue de otras multinacionales tecnológicas y aviva la desconfianza de gobiernos y servicios de inteligencia a escala mundial.

Fuente: Infobae

COMPARTIR ESTA NOTICIA

Facebook
Twitter

FACEBOOK