Fósil hallado en el Ártico revela una nueva especie gigante del Triásico

Un fósil descubierto en 1948 en la isla ártica de Bjørnøya ha sido identificado como una nueva especie del periodo Triásico. Este ejemplar, que alcanzaba cerca de 2,7 metros de longitud, se convierte en el más grande de su tipo conocido hasta la fecha y ofrece nuevas pistas sobre la evolución de estos antiguos depredadores.

La investigación, publicada en la revista Papers in Palaeontology, detalla que el fósil pertenece a un grupo de animales extintos que poseían un cuerpo plano y habitaban en el fondo del agua entre 251 y 201 millones de años atrás. Los científicos han bautizado a esta especie como Arctobatrachus urdensis. El hallazgo original fue realizado por una expedición británica hace casi ocho décadas en la cima de la Isla del Oso, aunque en aquel entonces no lograron extraerlo y quedó expuesto a las inclemencias del clima polar.

Durante 37 años se creyó que la pieza se había perdido para siempre. Sin embargo, en 1984, un grupo de exploradores noruegos la encontró por casualidad. Tras una semana de trabajo lograron recuperarla, aunque el paso del tiempo, el viento y la lluvia ya habían dañado la roca que la contenía.

El cráneo reconstruido reveló un tamaño sin precedentes en su grupo

La pieza permaneció prácticamente sin estudiar durante varios años más, hasta que fue preparada por completo en el museo de Stuttgart para la investigación actual. A partir de fotografías tomadas en 1948, los autores reconstruyeron las partes faltantes del cráneo y pudieron definir sus proporciones.

Ese cráneo medía 70 cm de ancho y unos 21 cm de largo. La diferencia entre ambas dimensiones le daba una forma inusual: era mucho más ancho que largo y su contorno dibujaba un semicírculo casi perfecto.

Rainer Schoch, paleontólogo del Museo Estatal de Historia Natural de Stuttgart, explicó que los plagiosáuridos se distinguían por una anatomía singular: “El cráneo era mucho más ancho que largo, y su contorno se asemeja a un bumerán”.

Según el estudio, estas criaturas vivían en el fondo de ríos, lagos y mares. Allí aguardaban el paso de otras presas y las succionaban con bocas muy abiertas recubiertas de pequeños dientes.

El hallazgo aporta una pista sobre los ancestros de los plagiosáuridos

Los fósiles de este grupo habían aparecido en regiones del antiguo mundo que van desde Brasil hasta China, pero el ejemplar de Bjørnøya terminó siendo distinto a todos los conocidos. Su gran tamaño, sus dientes y la amplitud de la boca sugieren que pudo haber sido un cazador activo y posiblemente un superdepredador.

El análisis de su posición en el árbol evolutivo indicó, además, que se trataba de uno de los miembros más tempranos del grupo. Esa ubicación ofrece una referencia para reconstruir cómo pudieron ser los ancestros de los plagiosáuridos antes de que evolucionaran hacia formas más sedentarias y con el cuerpo más aplanado.

Schoch señaló que la especie fue una de las que sobrevivieron a un período de calor extremo que provocó una extinción masiva algunos millones de años antes. El trabajo científico muestra así a un animal que no solo batió un récord de tamaño dentro de su familia, sino que también conserva señales de una etapa temprana de su evolución.

El paleontólogo resumió el interés de este tipo de hallazgos con una pregunta sobre el mundo de hace unos 240 millones de años: “¿Cómo era el planeta, su clima y la vida hace unos 240 millones de años?”. Según el estudio, fósiles como el de Arctobatrachus urdensis ofrecen una ventana directa a ese pasado.

“Con su enorme tamaño y su gran abertura bucal, A. urdensis representa el primer depredador superior plagiosáurido conocido hasta ahora. Se caracterizan por cráneos parabólicos muy anchos y un cuerpo aplanado que les permitía vivir en el fondo de los cuerpos de agua”, escribieron los autores en la publicación.

Fuente: Infobae

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