El eclipse solar total no solo es un espectáculo visual, sino también una herramienta científica de primer nivel. El próximo 12 de agosto, tanto ecuatorianos como visitantes de todo el mundo se congregarán en la franja de sombra para presenciar este fenómeno, que no se repetía en territorio español desde 1959, cuando las islas Canarias fueron testigos del último eclipse total visible dentro de las fronteras del país.
Detrás de este evento astronómico hay historias fascinantes que pocos conocen. José Edelstein, físico teórico argentino y profesor en la Universidad de Santiago de Compostela, ha compartido algunos de los datos más interesantes. Según el experto, uno de los hitos más recordados es el eclipse solar de 1919, que permitió que el nombre de Albert Einstein se hiciera mundialmente reconocido al confirmar la teoría de la relatividad.

“Hasta el día de hoy, más de un siglo después, sigue siendo la que gobierna el universo en gran escala”, remarca el físico. Antes de Einstein, la gravedad de Newton ofrecía explicaciones satisfactorias para los movimientos dentro del sistema solar. Sin embargo, “cuando uno mira el universo en gran escala, su tamaño, su evolución en el tiempo, falla de forma tremenda”, sostiene Edelstein. En otras palabras, “no predicen nada de lo que observamos de la historia del universo, del Big Bang, la expansión, y mucho de lo que es la ciencia de hoy”.
La primera vez que se pidió ayuda ciudadana
Mucho antes de 1919, ya se sabía que los eclipses podían contribuir a la ciencia. Cuando Newton escribió la Ley de Gravitación Universal, se produjo la primera predicción de un eclipse. Edmond Halley fue quien, usando esta ley, logró predecir un eclipse como se hace hoy. Marcó la fecha del 3 de mayo de 1715 y solicitó a la población local que transmitiera si lograba verlo, sentando las bases de la ciencia ciudadana. “Fue la primera vez que se le pidió a la población de tales lugares que estuviera atenta y que, por favor, lo registrara si lo ve o no lo ve para confirmar la predicción”, afirma el físico.

Después de este hallazgo llegó el de 1919. “La confirmación de que estaba mal [la teoría de Newton] vino inicialmente con una de las predicciones que tiene la relatividad general, que es que la luz, cuando pasa cerca de un cuerpo masivo, la luz cae”, determina. Investigadores británicos se desplazaron hasta Sobral, Brasil, y la isla de Príncipe en el golfo de Guinea, y confirmaron que la luz “no cae como una manzana, porque la luz siempre va a la velocidad de la luz”. Lo que ocurre es que “en general, cuando la luz pasa cerca de un cuerpo masivo, se desvía un poco y continúa su camino, pero desvía su trayectoria”, relata Edelstein.
Este descubrimiento solo fue posible gracias a los eclipses solares totales, que oscurecen el cielo y permiten detectar estrellas cercanas al Sol. “Si el sol se interpone entre las estrellas y mi ojo, la luz se va a desviar. Entonces, voy a ver como si la estrella se hubiera cambiado de lugar. Lo que parece ocurrir es que las estrellas se alejan, como si se agrandaran, como si yo pusiera una lente y agrandara una figura”, explica el físico.

De esta expedición se conserva una de las primeras fotografías a un eclipse. “Fue muy complicado, una aventura casi épica, pero se logró observar que las estrellas se alejan del Sol, como predice la teoría de la relatividad general”. El impacto de estas imágenes lo cambió todo para Albert Einstein. “No es ninguna exageración decir que Einstein ese día, cuando se anunció ese resultado al mundo, pasó a ser la persona que todos conocemos y de no poder salir a la calle, de que lo pare la gente en la calle”, determina Edelstein. “Hasta el día anterior era un físico muy relevante, muy importante y lo iban a llevar al Premio Nobel poco después. Pero ¿quién conoce un premio Nobel?”, reflexiona.
Otros avances clave para la ciencia
Más allá de la relatividad, los eclipses solares han propiciado otros hallazgos. El 18 de agosto de 1868, por un eclipse se descubrió el helio, el segundo elemento de la tabla periódica y “el segundo más abundante del universo”. “No se descubrió en la Tierra, sino inicialmente en el cielo”, destaca Edelstein. El hallazgo se debe al astrónomo francés Pierre Janssen, tras observar la corona solar amarilla con un espectroscopio en la India. Fue el inglés Norman Lockyer quien lo bautizó helio por el dios griego del sol.
Los eclipses también permitieron avanzar en el estudio de la radiactividad y de las partículas que llegan a la Tierra desde el espacio. En 1912 se descubrió que, si uno tomaba medidores de radiactividad en la Tierra, medían radiactividad. “La gente estaba convencida de que eran las piedras, que era la tierra a través de piedras, que es cierto, hay piedras radiactivas”, relató el físico. Experimentos en diferentes altitudes, incluso durante eclipses, demostraron que la radiactividad aumentaba lejos del suelo, identificando el origen cósmico de parte de esa radiación.
En 1912, Victor Hess, en un eclipse de Sol, observó que no era el Sol el culpable, porque el Sol estaba tapado por la Luna. “Si el Sol está tirando partículas de algún tipo, en el eclipse la Luna me la está tapando y, sin embargo, yo sigo midiendo la misma radiactividad”, agrega.

¿Hay algún frente abierto en la ciencia que pueda investigarse este 12 de agosto?
Aunque en el siglo XX los eclipses han sido momentos críticos para extraer información, “hoy, quizá no sea tan aprovechable”, opina Edelstein. “Mucho de lo que hemos hablado ya lleva décadas o incluso más de un siglo”. Sin embargo, se mantienen líneas de investigación activas, especialmente en el análisis de la atmósfera terrestre y el comportamiento de los animales durante el fenómeno. Los biólogos estudian “comportamiento animal en el momento del eclipse”. “Un animal ante el cambio se asusta. Entonces, en cuanto empieza a ver una luz rara, la temperatura empieza a cambiar y no era lo que ocurre habitualmente; los animales se buscan esconder o tienen comportamientos que son muy magnificados comparados con el de un ser humano”, indica Edelstein.
Numerosas organizaciones se han organizado para continuar con estas líneas de estudio. La Federación de Asociaciones Astronómicas de España (FAAE) ha lanzado un globo sonda desde Palencia que “recogerá datos del Sol que nunca antes se habían obtenido”, ha expresado el responsable de AstroParedes, Alberto Andrés. El objeto volará a 38 kilómetros de altura para llegar hasta la estratosfera. Mientras que el proyecto ECOECLIPSE colocará 300 grabadoras en distintos puntos de la franja para obtener el sonido de aves y murciélagos durante el eclipse total de sol y comprobar cómo les afecta.
Al final, como indica Edelstein, la ciencia ha viajado “con barcos a la mitad del Pacífico, a la Antártida, para observar eclipses uno tras otro”. “Toda esta ciencia es muy bonita. Hay miles de historias espectaculares”. Y es que estos eventos no solo han servido a la ciencia, sino que “han parado guerras, han servido a Colón para evitar que lo enjuiciaran, han permitido medir problemas complejos en la navegación”, añade.
Fuente: Infobae