Ciencia revela: quienes aceptan jerga corporativa vacía tienen menor inteligencia

El lenguaje corporativo, cargado de anglicismos y frases abstractas como “socializar el know-how” o “apalancar sinergias cross-functional”, no solo resulta confuso sino que podría estar asociado con menores capacidades cognitivas en quienes lo adoptan sin cuestionarlo. Un reciente estudio de la Universidad de Cornell, publicado en la revista Personality and Individual Differences, analizó a más de 1.000 empleados de Estados Unidos y Canadá y encontró que aquellos más receptivos a esta jerga obtienen peores resultados en pruebas de inteligencia fluida, pensamiento analítico y toma de decisiones.

El investigador postdoctoral en psicología cognitiva Shane Littrell, del Departamento de Gobierno de Cornell, diseñó la Corporate Bullshit Receptivity Scale (CBSR), una herramienta que mide la susceptibilidad de los trabajadores ante el llamado corporate bullshit. Littrell lo define como “un estilo de comunicación que usa palabras abstractas y confusas de forma funcionalmente engañosa”, diferenciándolo de la jerga técnica válida. “A diferencia del argot técnico, el bullshit corporativo confunde en lugar de aclarar. Puede sonar impresionante, pero está semánticamente vacío”, precisó el académico.

Una oficina corporativa muestra a numerosos empleados concentrados en sus tareas diarias. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para crear la escala, Littrell generó frases combinando aleatoriamente términos empresariales de moda, dando lugar a enunciados como: “actualizaremos un nuevo nivel de acreditación de la cuna a la tumba” o “crearemos una empresa global hiperconectada, sin fricciones y con mentalidad de impacto”. Estas frases, junto con declaraciones reales de directivos de empresas del Fortune 500, fueron presentadas a los participantes, quienes debían evaluar el “nivel de visión empresarial” de cada una.

Resultados consistentes en cuatro fases

Los hallazgos fueron claros: quienes puntuaron más alto en la escala CBSR mostraron rendimiento inferior en inteligencia fluida, pensamiento analítico, reflexión y capacidad para considerar información contraria a sus creencias. En pruebas de toma de decisiones laborales —usadas durante décadas en procesos de selección de bufetes de abogados y agencias gubernamentales—, la receptividad al bullshit corporativo fue el único predictor negativo del rendimiento, por encima de otras variables. “Las personas más susceptibles a la jerga corporativa elegían de forma consistente las peores soluciones ante los problemas”, señaló Littrell en declaraciones recogidas por The Guardian.

El estudio también identificó un efecto de retroalimentación que agrava el problema a nivel organizacional. Quienes más valoraban el lenguaje vacío tendían a calificar a sus jefes como líderes “visionarios” y carismáticos, y mostraban mayor satisfacción laboral y adhesión a la misión empresarial. Según Littrell, “este mecanismo puede propulsar a posiciones de liderazgo a quienes más abusan de ese tipo de comunicación”, generando un ciclo negativo. El investigador describió: “En lugar de una marea que levanta todos los barcos, un alto nivel de bullshit corporativo actúa más como un inodoro atascado de ineficiencia”.

Para ilustrar las consecuencias reales, Littrell citó dos casos históricos. El primero fue el rebranding de Pepsi en 2009, cuando un documento interno de 27 páginas justificaba una inversión de 1,5 millones de dólares para modificar levemente el logotipo con frases como “al invertir en nuestra historia y en el ethos de la marca, podemos crear una nueva trayectoria hacia adelante”. El segundo caso fue el de Elizabeth Holmes, fundadora de Theranos, cuya habilidad para el discurso corporativo vacío le permitió captar y luego defraudar a inversores de primer nivel.

Littrell advirtió contra una lectura simplista de los datos, ya que los participantes del estudio tenían alta formación académica —recursos humanos, contabilidad, marketing y finanzas—, muchos con títulos universitarios o doctorados. “Esto no es algo que afecte solo a personas menos inteligentes”, subrayó. “Cualquiera puede caer en el bullshit, y todos, dependiendo de la situación, caemos cuando está empaquetado para apelar a nuestros sesgos”. Su recomendación es pausar ante cualquier comunicación organizacional y preguntarse: “¿Cuál es exactamente la afirmación? ¿Tiene sentido real?”

Fuente: Infobae

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