El auge del terror contemporáneo en las salas de cine responde a fenómenos que nacieron en Internet, como los Backrooms, que transformaron la forma en que jóvenes y adolescentes experimentan el miedo. Las narrativas de horror, antes contadas en voz baja o transmitidas a través de libros y películas clásicas, hoy emergen en foros digitales y redes sociales. Este efecto se refleja en la llegada de nuevas propuestas cinematográficas, como la película Backrooms, que logró éxito internacional y generó debate tanto en la industria como entre el público.
Fiorella Sargenti, periodista especializada en cine, señaló en una entrevista que el terror actual “viene de Internet”. Explicó que el concepto de los Backrooms se origina en una imagen sencilla, que muestra un espacio amarillo y vacío, subida a la web en 2002.
“La primera foto que sale de algo que se considera backrooms es de 2002, de un lugar. Es una foto muy simple”, indicó.
Esta imagen, según Sargenti, representa un ambiente inhóspito, similar a un negocio abandonado, que después circuló por foros como 4chan.
Sargenti agregó que la expansión del fenómeno se relaciona con la cultura creepypasta. “Para hablar de backrooms, hay que hablar un poco de algo que se llama creepypasta”, sostuvo. Definió al creepypasta como “las leyendas urbanas que se van creando en Internet, que obviamente es lo colectivo, lo que cada uno va poniendo un poquito. Bueno, de alguna manera con estas historias se crea un canon, o sea, una versión un poco más oficial y extendida”.
La construcción de los Backrooms y los espacios liminales
La periodista detalló que el concepto de Backrooms surgió como un “espacio, un lugar que está corrido de nuestra realidad”. Explicó que quien accede a estos lugares ficticios lo hace “como si hubiera un error en la Matrix y vos aparecés en este otro lugar”. Sargenti remarcó la importancia del término “no clip”, usado para describir la sensación de desengancharse de la realidad y aparecer en pasillos infinitos.
El atractivo de estos relatos radica en su relación con los llamados “espacios liminales”. Sargenti definió estos sitios como “un espacio que está como en el medio, viene como de la palabra umbral. Es como algo que quizás servía, que te genera una sensación de ‘acá debería haber otra cosa’ o una incomodidad”. Identificó ejemplos como escuelas abandonadas, shoppings vacíos y pasillos que provocan familiaridad e inquietud a la vez.
De la web al cine: el salto audiovisual de Backrooms
Sargenti explicó cómo el fenómeno de los Backrooms trasladó su influencia desde Internet a los videojuegos y el cine. Describió que Kane Parsons, conocido como Kane Pixels, tomó la idea de los Backrooms y la convirtió en una serie de cortos audiovisuales para YouTube. “Él hacía, se puso a hacer cortos en YouTube con el concepto de backrooms y generó como una fascinación muy grande porque le dio esa, que tenían además como una cosa que ahora les gusta mucho también, de analógica, como de un VHS viejo”, subrayó.

La popularidad de los Backrooms creció en plataformas de videojuegos como Roblox, donde los usuarios crearon reglas y monstruos propios. Sargenti aclaró que “los backrooms son muy populares y ahí tienen como más reglas, ahí es como donde aparece lo más canónico”. Destacó que los más chicos se sintieron atraídos por este universo y acudieron al cine esperando encontrar en la película la misma experiencia que en los videojuegos.
La periodista afirmó que la versión cinematográfica dirigida por Parsons difiere de la propuesta lúdica de Roblox. Sostuvo que la película resulta “bastante intensa, pero no en el sentido, no es un terror. Por eso para mí, representa tan bien el concepto backrooms, porque no es un terror de sobresaltos, no es un terror de vas a tener pesadillas”. Opinó que se trata de un terror psicológico que genera incomodidad y permanece en la memoria del espectador.
Obsession y el debate sobre el consentimiento
Sargenti abordó el caso de Obsession, otra película reciente del género terror. Explicó que la trama retoma un motivo conocido: “Obsession es un poco la idea que sale de otros cuentos más antiguos”. En este caso, remarcó que el protagonista desea que una compañera de trabajo lo ame más que a nada en el mundo, lo que desata consecuencias negativas.

La periodista enfatizó la discusión sobre el consentimiento y el rol del deseo. Además, identificó una tendencia reciente en el cine de terror que algunos llaman “terror incel”, con personajes masculinos que buscan controlar el deseo de las mujeres.
Sargenti observó que Obsession resultó un éxito de público. Detalló: “Estuvieron entre cuatrocientas y trescientas, lo que es muchísimo, sobre todo porque la gente está yendo cada vez menos al cine acá”. Indicó que la película, de bajo presupuesto, generó conversaciones entre los jóvenes y abrió debates sobre relaciones y límites.
La industria y el fenómeno de autor
La periodista señaló que el éxito de Backrooms y Obsession motivó a los grandes estudios a buscar fenómenos similares surgidos en Internet. Afirmó: “Ahora están todas las grandes, los grandes estudios buscando otros fenómenos de Internet para hacer nuevas películas”. Sargenti advirtió que esto puede derivar en imitaciones, pero valoró que los directores jóvenes aportan una mirada autoral.
Comparó el caso de Backrooms con otros intentos de adaptar fenómenos digitales al cine, como Slender Man, y remarcó la diferencia: “Lo más destacable de Obsesión y de Backrooms, es que tienen un autor detrás. O sea, son superjóvenes, pero ellos tienen una visión autoral como directores, que eso en Slender Man, por ejemplo”.
Finalmente, Sargenti subrayó que el terror ofrece un espacio para propuestas originales y mensajes sociales. “El terror siempre tuvo lugar para los mensajes, para analizar de alguna manera lo coyuntural”, concluyó.
Fuente: Infobae