Hace aproximadamente 540 millones de años, cuando la vida animal comenzaba a adquirir mayor complejidad, un proceso poco atractivo pudo haber marcado un antes y un después en la historia del planeta: los desechos digestivos de los primeros habitantes marinos.
Esta hipótesis es el centro de una investigación liderada por Julien Kimmig, del Instituto Tecnológico de Karlsruhe (KIT) en Alemania, y Russell Bicknell, de la Universidad Flinders en Australia. Los científicos proponen analizar el excremento fosilizado como un elemento crucial para entender cómo los ecosistemas terrestres experimentaron un salto evolutivo tan significativo durante el período Cámbrico, ocurrido entre hace 541 y 485 millones de años.

El estudio, publicado en la revista especializada Trends in Ecology & Evolution, acuña el término “revolución fecal” para describir un proceso que habría impulsado la famosa explosión cámbrica, ese momento crucial en el que surgieron múltiples grupos de animales y se formaron los primeros ecosistemas marinos complejos.
La idea central es directa: al alimentarse, digerir y expulsar desechos, estos organismos comenzaron a movilizar nutrientes y carbono orgánico por los océanos antiguos de una forma mucho más intensa que en periodos anteriores.
Según los investigadores, este cambio no fue menor. Los restos fecales fosilizados, conocidos como coprolitos, evidencian que, a medida que avanzaba el Cámbrico, también se incrementaba la diversidad de formas, tamaños y composiciones de esos residuos digestivos.
Esto indica que los animales empezaron a tener dietas más variadas y sistemas digestivos más desarrollados. En otras palabras, no solo existía más vida, sino que también había organismos capaces de procesar mejor los alimentos y redistribuir los restos en el entorno marino.

Para sustentar su teoría, los científicos revisaron evidencia de más de 35 depósitos fósiles alrededor del mundo, con ejemplares hallados en Australia, Groenlandia, América del Norte y China. En estos registros aparecen desde diminutas bolitas microscópicas de materia fecal hasta coprolitos de varios centímetros que contienen fragmentos de conchas y otros restos animales.
Para los especialistas, este detalle es relevante porque revela un cambio profundo en la vida marina. Cuando los primeros animales surgieron, hace unos 600 millones de años, durante el período Ediacárico, los ambientes oceánicos eran mucho más simples.
Posteriormente, al inicio del Cámbrico, empezaron a desarrollarse sistemas digestivos más complejos y también aparecieron los primeros coprolitos bien conservados. Los investigadores sostienen que esta combinación pudo haber acelerado el reciclaje de nutrientes en el mar y creado condiciones más favorables para la evolución de más especies.

Russell Bicknell explicó que la relevancia de las heces en los ecosistemas antiguos suele quedar opacada por otros factores más conocidos, como el aumento del oxígeno en la atmósfera o los cambios en la química de los océanos.
Sin embargo, el estudio propone que ambos aspectos pueden formar parte de una misma historia. Si existían más animales consumiendo recursos diversos, con aparatos digestivos más eficientes, entonces también había más materia orgánica circulando en el ambiente. Esto, a su vez, alimentaba nuevas relaciones entre especies, nuevas cadenas tróficas y ecosistemas más dinámicos.
La investigación también pone el foco en los artrópodos tempranos, un grupo al que hoy pertenecen animales como insectos, arañas y crustáceos. Según los fósiles analizados, varios de esos organismos desarrollaron estructuras digestivas especializadas, como regiones anteriores del intestino y glándulas capaces de procesar alimentos más variados.

Esta innovación biológica habría tenido un efecto ecológico mucho más amplio que el simple acto de alimentarse. Los investigadores señalan que este tipo de adaptaciones pudo haber sido un motor silencioso detrás de la diversificación acelerada de la vida marina en esa era.
Más allá de lo llamativo del tema, el planteamiento apunta a una idea concreta: procesos biológicos tan básicos como la digestión y la excreción pudieron ser piezas fundamentales en la construcción de los primeros ecosistemas marinos complejos del planeta.
Fuente: Infobae