Cinco años de trabajo y 18 borradores: el reto de adaptar ‘Cien años de soledad’

Las escritoras Natalia Santa y Camila Brugés, responsables del guion de la adaptación de Cien años de soledad para Netflix, han pasado más de cinco años inmersas en Macondo. No como simples lectoras —ya lo eran desde antes—, sino con la misión de desmenuzar cada página y convertir en imágenes una obra considerada por muchos como inadaptable. La segunda parte de la serie se estrenó esta semana con siete episodios que narran el ocaso del linaje Buendía y la caída de Macondo. El desenlace, un episodio especial con formato de largometraje, llegará el 26 de agosto.

En conversación con un diario colombiano, Santa y Brugés describieron su proceso creativo sobre una novela que, en sus propias palabras, “no se agota con las lecturas”. Abordaron los retos de la fidelidad, las decisiones sobre qué incluir y qué omitir, y cómo su condición de mujeres influyó —de manera orgánica, no programática— en las elecciones narrativas de la serie.

La premisa fundamental fue la fidelidad. No una reinterpretación libre, sino una traducción.

“Nos pidieron una adaptación muy fiel. Entonces ya no es percibir el libro desde tu propia lectura, no es tomar una fracción y transformarla. Es traducir todo a otro lenguaje, intentando mantener la fidelidad y haciendo honor a una obra que ya sabemos lo que representa en Colombia y en Latinoamérica”,

explicó Natalia Santa al medio colombiano.

Esa fidelidad implicó enfrentarse a los pasajes más oscuros de la novela sin evitarlos. Camila Brugés señaló que el análisis minucioso reveló capas que la lectura habitual tiende a suavizar.

“Al desglosar la novela te das cuenta de lo oscura que es. No es que uno pensara que Gabo era ligero, pero siento que se me había olvidado lo denso que es, en muchas capas: a nivel psicológico de los personajes, de las relaciones familiares, de lo político”,

afirmó.

Gabriel García Márquez apareció como una presencia viva, no como un monumento. Santa recordó que cada regreso al texto abría nuevas interpretaciones: “Habiéndolo leído tantas veces, de repente decía: esto no lo había visto, esto revela otra capa, otro símbolo. Está tejido de tal manera que siempre que vuelves, descubres algo”. Su primera lectura estuvo marcada por la dimensión mítica; la relectura para el guion le mostró la precisión histórica de la obra. Para Brugés, ese reencuentro aumentó su admiración por el autor.

“El respeto que le tengo como autor, después de hacer esto, es mucho mayor. Siento que estuvo atravesado por un momento de iluminación”,

dijo.

La cuestión de una mirada femenina en la serie generó respuestas matizadas. Natalia Santa fue directa sobre la relación de las guionistas con la obra original: “Yo no creo que le aportemos nada a García Márquez. La novela es grande y es brillante”. Sin embargo, reconoció que el equipo —integrado también por la directora Laura Mora, diseñadoras de producción y vestuario, y productoras— tomó decisiones desde una perspectiva contemporánea. El tratamiento del matrimonio infantil y otras violencias presentes en el texto exigió discusiones sobre cómo representarlas sin caer en la censura.

“Tomamos decisiones, no desde la censura, sino desde una reinterpretación del ahora”,

precisó.

Camila Brugés matizó esa postura:

“Como somos mujeres, de repente hay cosas que nos importan más, que marcaron las decisiones de qué dejábamos adentro y qué afuera. No creo que sea una serie con una mirada explícitamente femenina, pero tampoco es una serie sin esa mirada”.

El proceso de escritura también implicó aprender a soltar. Santa describió el cierre no como una decisión artística, sino como una imposición del cronograma de producción: “Siempre va a haber, al menos de mi parte, la sensación de que hubiera podido hacer más, revisar más, hacer esta escena desde otro lugar”. Brugés lo resumió con precisión:

“En la versión 18 de cada guion, ya te quieres ir”.

Ambas coincidieron en que el guion es solo el primer estadio de una creación colectiva que se reescribe en el rodaje y otra vez en el montaje.

En cuanto al impacto de la primera temporada, el diario colombiano reportó un dato que las guionistas celebraron: en Colombia, las editoriales registraron un aumento del 300% en las ventas de la novela tras el estreno de la serie en diciembre de 2024. Para Brugés, ese efecto era uno de los objetivos implícitos del proyecto:

“Si asumimos que va a haber mucha gente que nunca va a llegar al libro, quizás podamos ser una puerta”.

Fuente: Infobae

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