El 19 de enero de 1879, en Seville, Ohio, Estados Unidos, nació el bebé más grande de la historia. Pesó 9,98 kilos, midió 71 centímetros y vivió apenas 11 horas. Su madre, Anna Haining Bates, no era una mujer común: fue una de las mujeres más altas jamás registradas y la mitad de la pareja casada más alta de la historia.
Detrás de los carteles de circo y los titulares de la prensa victoriana, Anna construyó una vida que trascendió su estatura. Recorrió escenarios de Europa y América durante décadas, enfrentó incendios, pérdidas y prejuicios, pero también controló su propia narrativa en una época en la que las personas con condiciones físicas extraordinarias rara vez tenían voz propia.
Una infancia marcada por el tamaño
Anna Haining Swan nació el 6 de agosto de 1846 en Mill Brook, Nueva Escocia, Canadá. Fue la tercera de 13 hijos de Alexander Swan y Ann Graham, inmigrantes escoceses de estatura normal. Según algunas fuentes, al nacer pesaba casi 6 kilos; otras indican que su tamaño fue ordinario y que el crecimiento acelerado llegó después.

Lo que sí está documentado es su evolución: a los 4 años medía 1,37 metros y pesaba más de 40 kilos. A los 6 ya superaba a su madre, que medía 1,65 metros. A los 15 rozaba los 2,13 metros y nunca dejó de crecer.
Los especialistas determinaron años después que Anna padecía gigantismo, una condición causada por un tumor en la glándula pituitaria que produce exceso de hormona de crecimiento. Esta condición acelera el crecimiento pero también reduce la esperanza de vida.
Su familia reaccionó con pragmatismo y cariño: su padre le construyó un banco escolar a medida y una cama especial. Sin embargo, el mundo exterior era menos adaptable. Los vecinos se acercaban a la granja para verla, los diarios locales publicaban notas sobre ella y uno la llamó la “gigantita bebé”. La familia vio una oportunidad económica y comenzó a llevarla a ferias locales como atracción.

Anna quería ser maestra, pero las aulas le resultaban físicamente imposibles y la gente la miraba fijamente en la calle. Abandonó esa idea y aceptó otro destino.
El salto a los escenarios con P.T. Barnum
En 1862, P.T. Barnum, el célebre empresario del espectáculo estadounidense, envió un representante hasta New Annan para contratarla. Anna tenía 16 años y la oferta era tentadora: 1.000 dólares por mes para exhibirse en el Museo Americano de Broadway, en Nueva York, más tres horas diarias de tutoría privada durante tres años. También recibió clases de canto y piano.
El contrato incluyó una cláusula notable: Anna conservaba los derechos sobre las imágenes que se vendieran de su persona. Además, recibía 23 dólares semanales en oro, equivalentes a unos 500 dólares actuales. Para una joven con ansias de educación, el trato fue irresistible.

Barnum la promocionó como la mujer más alta del mundo y le confeccionó un traje con 100 metros de raso y 50 metros de encaje. En escena la contrastaba con el Comodoro George Washington Morrison Nutt, que medía 74 centímetros y pesaba 11 kilos. El propio Barnum escribió que Anna era “una chica inteligente y de ninguna manera poco agraciada” y que “fue visitada por miles de personas” durante su estadía en el museo.
Anna no fue una figura pasiva: interpretó personajes como Lady Macbeth y realizaba sesiones de preguntas y respuestas con el público. Controlaba su propio relato.
El incendio que marcó su vida
El 13 de julio de 1865, el Museo Americano de Barnum se incendió. Anna, que pesaba casi 180 kilos, no podía pasar por las ventanas. Los empleados derribaron una pared del tercer piso y la bajaron con una grúa y poleas. Fueron necesarios 18 hombres para sostener la soga. Anna fue la última en salir, tras ayudar a otros a escapar. Perdió todas sus pertenencias en el fuego.

Regresó a Nueva Escocia a recuperarse, pero volvió a Nueva York para trabajar en el nuevo museo de Barnum, que también se incendió en marzo de 1868. Después de eso, Anna decidió emprender una gira por su cuenta por Estados Unidos y Europa.
El amor en altamar
Fue durante una travesía en barco hacia Europa cuando Anna conoció a Martin Van Buren Bates, un hombre de Kentucky que medía 2,36 metros y pesaba 213 kilos. También se exhibía por su estatura en espectáculos de variedades. El romance nació en altamar.
Martin había nacido en 1837, era el menor de 11 hijos y sirvió como capitán en el ejército confederado durante la Guerra Civil. Después del conflicto, se incorporó al mundo del espectáculo.

La pareja se comprometió durante el viaje y se casó el 17 de junio de 1871 en la iglesia St. Martin-in-the-Fields, en Londres, ante una multitud de curiosos. El diario británico The Daily Telegraph cubrió la boda con ironía:
“Un hombre puede acostumbrarse a medir casi dos metros y medio. Pero medir casi dos metros y medio y ser observado por una devota congregación de ociosos en el momento de casarse con una dama que también mide casi dos metros y medio es una conjunción de circunstancias difícil de sobrellevar. De todas formas, el Capitán Bates superó sus dificultades tolerablemente bien”.
La reina Victoria les envió regalos: un vestido y un anillo para Anna, un reloj grabado para Martin. Tras una corta luna de miel, ofrecieron funciones privadas ante la realeza y se publicitaron como “la pareja casada más grande del mundo”. Recorrieron Europa durante 14 meses y, con una altura combinada de 4,78 metros, siguen siendo la pareja casada más alta jamás registrada.
La vida en Ohio y la tragedia
De regreso en Estados Unidos, Anna y Martin compraron una granja en las afueras de Seville, Ohio. Construyeron una casa con techos de 4,27 metros y puertas de 2,59 metros. Todos los muebles fueron fabricados especialmente para ellos.

La vida era tranquila, interrumpida en verano por temporadas de gira con el circo W. W. Cole. Pero la tragedia golpeó dos veces. El 19 de mayo de 1872, en Londres, Anna dio a luz a una niña que nació muerta: medía unos 69 centímetros y pesaba alrededor de 8 kilos. Seis años después, el 19 de enero de 1879, nació en Seville un varón que medía 71 centímetros y pesaba 9,98 kilos: el bebé más largo y más pesado del que se tenga registro, según el Guinness World Records. Martin lo describió como “perfecto en todos los sentidos” y agregó: “Parecía, al nacer, un bebé común de seis meses”. El niño murió 11 horas después. Se informó que Anna perdió aproximadamente 23 litros de líquido amniótico. La pareja no tuvo más hijos.
Anna Haining Bates falleció en su cama el 5 de agosto de 1888, un día antes de cumplir 42 años, por un paro cardíaco provocado por tuberculosis y problemas de tiroides.
Dejó un patrimonio de unos 40.000 dólares. Parte de su ropa y joyas se distribuyó entre familiares; algunas prendas se exhiben hoy en el Museo Sunrise Trail de Tatamagouche, Nueva Escocia.

Martin vendió la casa de Seville tras la muerte de Anna y encargó una estatua de una diosa griega para su tumba. Volvió a casarse y vivió hasta los 81 años. Cuando murió en 1919, pidió ser enterrado junto a Anna y su hijo.
Anna Haining Bates midió 2,41 metros en su punto máximo, lo que la convierte en la adolescente más alta de la historia en categoría femenina y en la segunda mujer más alta jamás registrada, detrás de la china Zeng Jinlian (2,46 metros). La mujer viva más alta del mundo, la turca Rumeysa Gelgi, mide 2,15 metros: 26 centímetros menos que Anna.
Fuente: Infobae