Un producto tan común como el agua oxigenada, ese que suele estar en la caja de medicinas, podría ser la solución para devolverle la vida a esas plantas que tienen las hojas amarillas y el sustrato empapado desde hace semanas. Jaime, el divulgador de jardinería que está detrás del canal de YouTube Huerta Forestal, ha pasado años probando remedios caseros para el cuidado vegetal. Él asegura que el peróxido de hidrógeno, aplicado en la dosis correcta, es capaz de contrarrestar los efectos del riego excesivo en apenas unos días. La clave no está tanto en el producto en sí, sino en la molécula extra de oxígeno que este aporta a la tierra.
El peróxido de hidrógeno (H₂O₂) no es otra cosa que agua con una molécula adicional de oxígeno. Ese pequeño cambio, que a simple vista parecería intrascendente, tiene un impacto directo sobre las raíces de las plantas. Cuando el sustrato permanece inundado por mucho tiempo, las raíces se ahogan porque el agua desplaza el aire que necesitan para respirar. Además, ese entorno húmedo y sin oxígeno favorece la proliferación de bacterias que terminan pudriendo las raíces. Al inyectar oxígeno en ese medio, se cortan ambos procesos al mismo tiempo.
La razón por la que el exceso de agua mata a las plantas y cómo lo frena el agua oxigenada
La señal más evidente de una planta que sufre por exceso de riego son las hojas amarillas. Muchos aficionados a la jardinería confunden este síntoma con una falta de nitrógeno u otros nutrientes, pero hay una forma muy sencilla de diferenciarlo. Si la maceta pesa demasiado y la tierra está siempre húmeda, el problema está relacionado con el exceso de agua. Las raíces, como cualquier tejido vivo, requieren oxígeno para vivir; sin él, se mueren y la planta termina por morir.

Aquí es donde entra el agua oxigenada. Al regar con una mezcla diluida, el peróxido de hidrógeno reacciona al contacto con el sustrato y libera oxígeno de manera visible, produciendo una efervescencia parecida a la de un refresco con gas. Ese oxígeno viaja directamente hasta la zona de las raíces, desinfecta las bacterias anaeróbicas acumuladas y permite que las raíces vuelvan a absorber agua y nutrientes con normalidad. Las hojas, con el tiempo, recuperarán su color verde.
La proporción justa: una parte de agua oxigenada por cada nueve de agua
La dilución es el punto más importante de todo el proceso. El agua oxigenada que se compra en farmacias tiene una concentración de entre el 3 % y el 5 %, y aun así es necesario mezclarla antes de usarla. La receta es simple: llenar una botella de 1,5 litros hasta el 90 % de su capacidad con agua del grifo y completar el resto con agua oxigenada. De esta forma se consigue oxigenar el sustrato sin causar daño a la planta.

Con una sola aplicación es suficiente. Después de aplicarla, hay que esperar a que la tierra se seque por completo antes del próximo riego y ajustar la frecuencia de riego para evitar que el problema vuelva a aparecer. Si la maceta tiene plato, lo mejor es mantenerlo seco, porque, según Huerta Forestal, el agua acumulada en él genera exactamente las mismas condiciones de asfixia en la raíz.
Eso sí, usar el agua oxigenada pura, sin diluir, produce el efecto contrario. El producto quemaría las raíces con la misma intensidad con la que quema la piel cuando se aplica directamente.
Cuándo no es recomendable usar agua oxigenada
Este remedio solo funciona cuando el origen del problema es el encharcamiento. Si una planta se seca por falta de riego, lo único que necesita es agua. Si presenta hojas amarillas por falta de nutrientes, el peróxido de hidrógeno no aporta nada útil. Y si el problema son hongos en las hojas, aplicarlo de forma foliar no da resultados suficientes; en ese caso, lo más adecuado es recurrir a un fungicida específico.
Fuente: Infobae