El Mar de Weddell, en el océano Antártico, es una de las zonas más remotas y menos exploradas del planeta. Su gruesa capa de hielo, sus aguas profundas y las temperaturas extremas lo mantuvieron, por décadas, como un espacio prácticamente inaccesible para los investigadores.
Sin embargo, todo cambió cuando el desprendimiento del iceberg A-68 de la plataforma de hielo Larsen C —una enorme masa de hielo flotante que estaba unida a la costa antártica— dejó al descubierto un fondo marino que hasta entonces nadie había podido examinar.
Allí, científicos del Reino Unido documentaron sitios de anidación activos de un pez antártico conocido como bacalao de aleta amarilla, con una organización en grupos que no se había descrito antes.
Los hallazgos fueron publicados en la revista Frontiers in Marine Science y refuerzan la necesidad de establecer un área marina protegida en esa región.
El equipo estuvo conformado por Russell Connelly y Michelle Taylor, de la Universidad de Essex; Lucy Woodall, de la Universidad de Exeter; y Alex David Rogers, del Centro Nacional de Oceanografía de Southampton. La investigación contó con el apoyo financiero de la Fundación Flotilla.
Nidos bajo el hielo eterno

El Mar de Weddell alberga una de las comunidades marinas más ricas de la Antártida: peces, estrellas de mar, esponjas, aves y mamíferos marinos coexisten en sus aguas. A pesar de esa riqueza, la zona occidental, cerca de la plataforma Larsen C, era casi imposible de estudiar por su lejanía, el frío extremo y la capa de hielo.
El bacalao de aleta amarilla, cuyo nombre científico es Lindbergichthys nudifrons, mide hasta 19,5 centímetros de largo, vive pegado al fondo marino y cuida sus huevos en nidos que el macho defiende con firmeza. Antes de esta investigación, nadie sabía dónde anidaba esta especie en el Mar de Weddell occidental.

La Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA) llevaba años evaluando la creación de un área marina protegida en esa región. Sin evidencia directa sobre los lugares de reproducción de los peces, los argumentos científicos disponibles resultaban insuficientes.
Los investigadores que publicaron en Frontiers in Marine Science se propusieron analizar las imágenes de video del fondo marino recolectadas durante la Expedición al Mar de Weddell 2019 para documentar la presencia, distribución y características de los nidos del L. nudifrons. También buscaron determinar si la temperatura del agua influía en la ubicación de los nidos y describir por primera vez sus patrones de agrupación.
Un robot en aguas heladas

La expedición se realizó entre enero y febrero de 2019 a bordo del buque SA Agulhas II. Desde la embarcación, los investigadores operaron a distancia a Lassie, un robot submarino equipado con cámaras y sensores (conocido como ROV). Así lograron obtener 27 horas de video en cinco sitios del fondo marino, a profundidades de entre 290 y 411 metros.
Un florecimiento de plancton ocurrido antes de los relevamientos dejó una capa de material orgánico sobre el fondo, lo que permitió distinguir los nidos activos —donde los peces habían retirado esa capa— de los nidos abandonados. Los investigadores localizaron 1.036 nidos activos en 277 grupos, con un diámetro promedio de 12,3 centímetros.
Los nidos se agrupaban en seis patrones geométricos: cúmulo, creciente, línea, óvalo, U aguda y singular. El cúmulo fue el más frecuente, con el 42,08% del total.

Los científicos propusieron que estos patrones son una respuesta directa al riesgo de depredación: los peces del centro del grupo quedan más protegidos. El patrón en línea, el menos frecuente, era también el menos eficaz, porque, según indicaron,
Fuente: Infobae