Apple vs OpenAI: Mensajes revelan fallas de seguridad en demanda por secretos

El pasado 3 de agosto, OpenAI emitió un comunicado que va más allá de una simple negación. La compañía respondió a la demanda por robo de secretos comerciales que Apple interpuso el 10 de julio, y lo hizo acompañando documentos clave: capturas de conversaciones entre empleados y una serie de correos electrónicos entre abogados. El título del documento es “Apple se está equivocando”. Pero lo que realmente genera controversia no es el título, sino el contenido de los archivos adjuntos.

Dichos archivos no demuestran que OpenAI sea inocente. Lo que prueban es que la demanda de Apple tiene un problema de origen: la propia empresa que afirma haber sido víctima de un saqueo no tiene control sobre quién accede a sus sistemas.

La respuesta de OpenAI se estructura en dos bloques de evidencia. El primero se centra en los abogados de Apple. El segundo, en los mensajes de texto de sus propios exempleados.

El primer error fue de los abogados de Apple, no de OpenAI

La demanda inicial acusa a OpenAI de haber orquestado un plan para apropiarse de información confidencial sobre productos de hardware no anunciados, a través de dos extrabajadores: Chang Liu, quien pasó ocho años como ingeniero sénior de sistemas eléctricos en Apple, y Tang Yew Tan, que trabajó más de 24 años en Apple, los últimos como vicepresidente de diseño de producto para iPhone y Apple Watch, y actualmente es el jefe de hardware de OpenAI. Apple sostuvo que había alertado a OpenAI en febrero y que nunca recibió respuesta.

OpenAI sostuvo que la demanda de Apple tiene un problema de origen porque Apple no controló bien quién entraba y salía de sus sistemas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los correos publicados por OpenAI cuentan una historia diferente. El abogado externo de Apple, Gabriel Gross, del estudio Weil, Gotshal & Manges, le escribió el 23 de febrero al abogado general de OpenAI para presentar el reclamo. Hasta ahí, todo parecía normal. El problema surgió en el siguiente mensaje: Gross admitió por escrito que confundió dos apellidos y le envió a OpenAI un correo que en realidad estaba dirigido a otro extrabajador de Apple. El abogado de OpenAI respondió desconcertado, ya que Gross había afirmado que ya habían hablado por teléfono. Nunca lo hicieron.

Apple luego reconoció el error. Pero entre ese intercambio de correos y la demanda transcurrieron cinco meses de silencio.

La supuesta fuga comenzó del lado de Apple, con empleados que aún estaban activos

El segundo bloque de evidencia es el que más perjudica a Apple. OpenAI publicó capturas de mensajes de texto entre Liu y colegas que, a diferencia de él, seguían trabajando en Apple. El último día de Liu en la empresa fue el 22 de enero. Los mensajes muestran que, después de esa fecha, fueron esos empleados activos quienes le pidieron ayuda para localizar archivos y transferirlos por AirDrop desde su cuenta de iCloud. Uno de ellos mantuvo la cuenta de Liu conectada durante más de una semana. Recién el 31 de enero cerró sesión, y cuando el sistema le preguntó si quería guardar una copia de los archivos, respondió que no.

La demanda afirma que Liu se llevó información de Apple. Los mensajes que Apple no eligió mostrar sugieren que fue la propia Apple quien le siguió pidiendo esa información.

El problema real es la gestión de accesos, no el espionaje

La evidencia difundida por OpenAI señala que la cuenta de Liu siguió conectada más de una semana tras dejar Apple, lo que expuso fallas de gestión de accesos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sobre Tang Tan, el otro acusado, OpenAI fue más breve: señaló que siempre insistió al equipo que no querían ni debían usar información confidencial de otras empresas, y recordó que pasó más de 24 años en Apple como uno de sus diseñadores más reconocidos. El problema de fondo es la gestión de accesos, no el espionaje. Ese número, más que probar una conspiración, describe una migración de talento a gran escala en el sector de hardware de inteligencia artificial.

Y ahí radica la verdadera paradoja del caso. Apple construyó una reputación mundial basada en el control absoluto sobre su información interna. Es la empresa que obliga a firmar acuerdos de confidencialidad incluso para entrar a un edificio, la que esconde prototipos bajo telas negras, la que despide empleados por filtrar detalles de un evento antes de tiempo. Pero los correos y mensajes que ahora circulan muestran una gestión de accesos mucho más débil de lo que esa reputación sugiere: cuentas de empleados que se van y siguen abiertas durante semanas, archivos que se transfieren sin ningún control, personal activo que le pide ayuda a alguien que ya no debería tener acceso a nada.

El robo de secretos, si existió, necesitó una puerta abierta del lado de Apple para concretarse.

Esta demanda aún se define en una corte de California, y ahí es donde importa jurídicamente. Pero como historia corporativa ya dejó una lección más simple: Apple puede seguir vendiendo la imagen de la fortaleza inexpugnable, pero la evidencia que su propio litigio sacó a la luz revela la historia de una empresa que jamás terminó de cerrar la puerta por donde salió su propia gente.

Fuente: Infobae

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