Fue Beatle por 13 días y eso destruyó su vida: Jimmie Nicol

La tarde del 3 de junio de 1964, Jimmie Nicol estaba en su hogar al oeste de Londres, tratando de descansar. Una llamada interrumpió su siesta: al otro lado, alguien le dijo que George Martin, el productor que había convertido a Los Beatles en un fenómeno mundial, quería verlo en Abbey Road esa misma tarde. Debía llevar sus baquetas.

Ese día, Ringo Starr había sufrido un colapso y fue hospitalizado de urgencia por una amigdalitis severa que requería cirugía. La banda estaba por iniciar su primera gira mundial en Escandinavia, con presentaciones agotadas en Dinamarca, Holanda, Hong Kong y Australia.

Brian Epstein, representante de los Fab Four, y George Martin tenían dos caminos: cancelar todo, con grandes pérdidas económicas, o buscar un sustituto. Optaron por la segunda opción, y el elegido fue Nicol.

La decisión no fue unánime. John Lennon y Paul McCartney aceptaron sin reparos, pero George Harrison se negó de tajante. Afirmó que si Ringo no participaba, él tampoco. Incluso advirtió a Epstein y Martin que, si buscaban un reemplazo, tendrían que hallar dos, porque él también se ausentaría de la gira.

El propio Harrison recordó aquella escena años después en el documental The Beatles Anthology, con una sinceridad desarmante: la decisión había sido un disparate. No entendía cómo pudieron aceptar salir de gira sin uno de los cuatro.

George Martin, el histórico productor musical de los Beatles, fue quien mandó a llamar a Nicol para que reemplazara a Ringo.

Martin y Epstein dedicaron largas horas a convencer al más terco de los Beatles de que su negativa defraudaría a miles de seguidores y hundiría a todos. Finalmente, Harrison cedió, aunque de mala gana.

Un periodista preguntó a Lennon por qué no consideraron a Pete Best, el baterista original sustituido por Ringo dos años antes. Lennon respondió con precisión quirúrgica: Best ya tenía su propio grupo, y llamarlo para cubrir temporalmente al que le arrebató el puesto podría ofenderlo. Así que decidieron buscar otra opción.

George Martin sugirió a Nicol porque lo conocía de una sesión reciente con Tommy Quickly, un cantante londinense patrocinado por Epstein. Pero había un motivo más práctico: Nicol había participado en un álbum de versiones de canciones de los Beatles con el grupo de sesión The KoppyKats, por lo que ya conocía el repertorio. Con tiempos de ensayo mínimos, ese detalle marcaba la diferencia.

Nicol tenía 24 años. Tocaba la batería desde los quince, primero con músicos de jazz y big band en Londres, y luego como sesionista. Había fundado su propia banda, The Shubdubs, con un sonido de jazz y funk que no logró despegar. No era una estrella, sino un profesional sólido que vivía de su oficio. Esa tarde, en Abbey Road, tocó lo que le pidieron Lennon, McCartney y Harrison. Al terminar, le dijeron que hiciera las maletas.

Veintisiete horas para el debut

Entre la llamada de Martin y el primer concierto transcurrieron solo veintisiete horas. En ese lapso, Nicol tuvo que cortarse el pelo con el clásico flequillo beatle y probarse el traje de Ringo, que no era de su talla: los pantalones le quedaban cortos y no llegaban a sus tobillos. No hubo tiempo para confeccionarle uno a medida.

Nicol tuvo que cortarse el pelo al estilo beatle y usó el traje de Ringo, aunque le quedaba chico.

El 4 de junio de 1964, Jimmie Nicol se sentó detrás de la batería en el KB Hallen del Tivoli Gardens de Copenhague, ante 4.500 personas. McCartney recordó con humor que Nicol estaba sentado, mirando a las fans que gritaban, con cara de no creer lo que estaba viviendo.

Iniciaron con “She Loves You”. El conteo inicial no recibió respuesta, ni el segundo. Pero luego algo se asentó y el show continuó. El repertorio fue más corto que el habitual, pues se excluyeron las canciones de Ringo. La gira, aunque accidentada, empezó.

El itinerario fue vertiginoso: el 5 de junio tocaron en Hillegom, Países Bajos, para un programa de televisión; el 6, en el Auction Hall de Blokker, también en Holanda; el 9, en el Princess Theatre de Kowloon, Hong Kong; y el 12 y 13, en el Centennial Hall de Adelaida, Australia.

Doce días en el ojo del huracán

Años más tarde, Nicol ofreció algunas descripciones de su experiencia. Lo primero que notó fue el efecto en las mujeres. Un día antes de unirse a los Beatles, nadie lo miraba dos veces. Al día siguiente, con el traje y el flequillo, subiendo a la limusina con John, Paul y George, las fanáticas hacían lo imposible por tocarlo. Le resultaba extraño y a la vez aterrador.

Lo segundo fue la diferencia con la vida de los demás. Los Beatles llevaban dos años siendo los más famosos del mundo y habían desarrollado estrategias para sobrellevarlo. Pasaban la mayor parte del tiempo libre encerrados en sus suites de hotel, porque salir a la calle sin escolta era imposible.

Nicol, en cambio, era un desconocido. Podía salir solo, caminar por las ciudades y observar la vida cotidiana. En Hong Kong recorrió el puerto, vio a familias enteras viviendo en pequeñas embarcaciones, visitó los refugios de Kowloon y entró a un club nocturno. Algo que un auténtico Beatle jamás podría hacer.

Aunque le habían indicado tratar de mantenerse al margen de las fotos y las declaraciones públicas, Nicol no se quiso perder ninguna de las oportunidades de mostrarse junto a John, Paul y George.

También contó que esperaba que la gira fuera una gran fiesta, con alcohol, mujeres y desenfreno. Pero descubrió que John, Paul y George trabajaban intensamente y se tomaban cada show en serio. La fama extrema había convertido la gira en un operativo militar, más que en una celebración.

Lennon y McCartney, los más atentos con el reemplazo, le preguntaban seguido cómo se sentía, si se adaptaba o necesitaba algo. La respuesta de Nicol era siempre: “It’s getting better” (“va mejorando”).

Repitió tanto la frase que se volvió una broma interna. Tres años después, en 1967, McCartney paseaba a su perra Martha con el biógrafo oficial de los Beatles, Hunter Davis, cuando el sol salió inesperadamente y Paul comentó que el tiempo “estaba mejorando”. Se rió a solas, explicó a Davis el origen de la frase y días después compuso “Getting Better”, incluida en Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band.

El adiós en el aeropuerto

Ringo aterrizó en Melbourne el 14 de junio para recuperar su lugar. Nicol no pudo despedirse en persona: se fue del hotel mientras dormían, pues no quiso molestarlos. Brian Epstein lo esperaba en el aeropuerto.

Epstein llegó con un cheque de 500 libras y un reloj de pulsera de oro macizo con una inscripción grabada: “De los Beatles y Brian Epstein para Jimmy, con aprecio y gratitud”. No se aclaró si esa cifra era el pago completo o un extra. Nicol afirmaría después que recibió 2.500 libras por actuación y 2.500 por firmar el contrato, aunque nunca se verificó.

La famosa foto de Jimmie Nicol en el aeropuerto de Melbourne, cuando la popularidad ya había quedado definitivamente atrás.

Existe una fotografía de la espera en el aeropuerto que se volvió la imagen más icónica de su historia. Nicol está solo, aguardando el vuelo de regreso a Londres, sin fans, sin cámaras ni personas pidiéndole autógrafos. Solo un fotógrafo reparó en él. El contraste con los doce días previos es abismal.

Ringo, que había seguido la gira por televisión desde Londres, llegó a Melbourne aliviado. Él mismo contó que le resultó raro que se fueran sin él, pensó que ya no lo querían o que habían encontrado a alguien mejor. Al aterrizar y reunirse con el grupo, se sintió incómodo en el vuelo, pero al verlos notó que todos lo habían extrañado.

La caída de Jimmie

Nicol regresó a Londres con el reloj de oro, el cheque y la convicción de que esas dos semanas cambiarían todo. En Heathrow, lo esperaba la prensa. Firmó un contrato discográfico y se compró un Jaguar.

Los Shubdubs publicaron dos sencillos: “Husky” y “Don’t Come Back” como caras A, y “Humpty Dumpty” y “Night Train” en el segundo. Ninguno funcionó. También recibió, con una ironía que no le hizo gracia, otra oferta para sustituir a un baterista enfermo: Dave Clark, de los Dave Clark Five, rivales de los Beatles en la primera beatlemanía. Aceptó, pero su vida no cambió.

Los shows que organizó con los Shubdubs los financió de su bolsillo. Las salas quedaban semivacías, y el dinero se esfumaba más rápido de lo que llegaba. Nueve meses después de ser beatle por trece días, en 1965, Jimmie Nicol se declaró en quiebra, con deudas de 4.066 libras. Su esposa pidió el divorcio y lo separó de su hijo Howard. Terminó viviendo en el sótano de la casa de su madre.

En 1966, se unió al grupo de rock sueco The Spotnicks, con el que grabó y giró por el mundo. Pero ya arrastraba una adicción a las drogas que dominaba su vida. En 1967, en plena gira, abandonó la banda sin avisar y se instaló en México, sin informar a nadie.

El regreso a Londres

En México, Nicol estudió samba y bossa nova, tocó con bandas locales y fundó una fábrica de botones que le permitió sobrevivir. En 1969, grabó un disco con el grupo The Jimmie Nicol Show, con versiones de conocidos temas, incluyendo “Jumpin’ Jack Flash”, cantadas en español. En 1971, bandas de rock mexicanas grabaron en su casa. Después, su rastro se perdió.

La foto de Nicol que publicó el Daily Mail en 2005. A fines de los ochenta se rumoreó que había muerto.

En 1975, regresó a Inglaterra y se dedicó a la construcción, en especial a la restauración de casas históricas. Durante años, rechazó entrevistas. En una de las pocas excepciones, en 1984, en una convención de fans en Ámsterdam, dijo con su habitual brevedad que reemplazar a Ringo fue lo peor que le pasó. Añadió que antes vivía tranquilo, ganando cuarenta libras por semana, y que cuando los titulares cesaron, él también se fue apagando.

En 1987, en otra breve charla, dio un matiz más: en algún momento pensó en sacar provecho económico de su historia, pero no lo hizo. Los Beatles habían sido buenos con él y no quería colgarse de su fama.

En 1988, corrieron rumores de su muerte. En 2005, el Daily Mail confirmó que seguía vivo, en Londres, viviendo en la pobreza. El diario publicó una foto de un hombre avejentado, con ropa descuidada, caminando por la calle.

En 2013, el abogado y periodista Jim Berkenstadt publicó The Beatle Who Vanished (El Beatle que se desvaneció), el primer libro sobre su historia. En 2017, Alex Orbison, hijo de Roy Orbison, compró los derechos para llevarlo al cine. La película sobre el hombre al que ser Beatle durante unos días le arruinó la vida aún no se ha realizado.

Fuente: Infobae

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