Sean Hepburn Ferrer ha decidido poner fin a una de las leyendas más arraigadas sobre su madre, Audrey Hepburn, a través de una nueva biografía autorizada. En Intimate Audrey: An Authorized Biography, escrita junto a la coautora Wendy Holden, el hijo mayor de la icónica actriz ofrece un retrato íntimo que contradice la idea de que su esbelta figura era producto de un trastorno alimenticio. Ferrer reconstruye la cotidianidad de Hepburn y la presenta como una mujer que disfrutaba de la comida sin remordimientos, desconfiaba de las dietas de moda y rechazaba cualquier intervención estética.
“A pesar de décadas de rumores de que sufría un trastorno alimenticio debido a su delgadez, ella cocinaba, horneaba y comía lo que le gustaba, pero tenía cuidado con las porciones”, escribió Ferrer, según reportó People.

El libro detalla una rutina alimentaria sencilla y sin obsesiones. Sus días comenzaban típicamente con un huevo duro, tostadas y mermelada, seguidos de una caminata tan enérgica que dejaba atrás a sus acompañantes. Para el almuerzo, prefería una ensalada o sopa, un sándwich y una bola de helado de vainilla con sirope de arce. Ocasionalmente, se permitía una cerveza fría. Después de su siesta diaria, un trozo de chocolate negro —su “cura para la tristeza”— y, al atardecer, un dedo de whisky. La cena era invariablemente un plato de pasta pomodoro y ensalada. Hepburn incluso creó su propia receta de pastel de chocolate sin harina.
Aunque realizaba una desintoxicación de uno o dos días al mes, la actriz “rechazaba cualquier idea de dietas de moda”, según relató Ferrer a People. Su postura ante su imagen era igual de firme: “Cualquier sugerencia de cirugía plástica era anatema para ella, ya que honraba la historia de cada arruga de su rostro”, afirmó su hijo.

Un episodio durante un viaje de trabajo con UNICEF ilustra perfectamente esta actitud. El fotógrafo John Isaac le ofreció retocar digitalmente las arrugas de sus fotos. La respuesta de Hepburn fue contundente: “Ni se te ocurra tocar ninguna de esas arrugas; me las he ganado todas”.
Esta postura tenía raíces profundas en su historia personal. Hepburn nació el 4 de mayo de 1929 en Ixelles, Bruselas, y pasó parte de su infancia en los Países Bajos, donde vivió la ocupación nazi. Durante el Hongerwinter —el invierno del hambre de 1944-1945—, la ración calórica diaria en las zonas más afectadas de Holanda cayó por debajo de las 500 calorías. Su familia, como muchas otras, recurrió a moler bulbos de tulipán para hacer harina. Hepburn desarrolló ictericia, anemia y edema, secuelas que la acompañaron durante toda su vida. Su extrema delgadez, admirada durante décadas, fue en gran parte consecuencia de esa desnutrición severa durante su adolescencia.

Esa experiencia forjó un vínculo inseparable con UNICEF. Cuando la organización y sus predecesoras distribuyeron ayuda humanitaria al finalizar la guerra, Hepburn fue una de sus beneficiarias. Al convertirse en Embajadora de Buena Voluntad en 1988, lo explicó claramente: estaba saldando una deuda con la institución que la había ayudado a sobrevivir. Hasta su muerte, recorrió comunidades empobrecidas de África, América Latina y Asia, y en diciembre de 1992 recibió la Medalla Presidencial de la Libertad de Estados Unidos en reconocimiento a su labor humanitaria.

En paralelo, su carrera artística la llevó de los escenarios del West End londinense a convertirse en una de las figuras más emblemáticas del cine clásico. Su primer gran éxito llegó con Vacaciones en Roma (1953), donde interpretó a la princesa Ana junto a Gregory Peck. Este papel le valió el Oscar, el Globo de Oro y el BAFTA a la mejor actriz en la misma temporada, un logro sin precedentes en la industria. Le siguieron Sabrina (1954), su primera colaboración con el diseñador Hubert de Givenchy, Historia de una monja (1959) y Desayuno con diamantes (1961), donde su interpretación de Holly Golightly y el pequeño vestido negro de Givenchy se convirtieron en íconos de la cultura popular. A lo largo de su carrera, acumuló cuatro nominaciones al Oscar y se convirtió en una de las pocas artistas en obtener un Emmy, un Grammy, un Tony y un Oscar.

Sobre este último papel, Ferrer reflexionó en una entrevista con la revista Woman’s World en abril de 2026. Al ser consultado sobre Marilyn Monroe, quien rechazó protagonizar la película, señaló que entiende la decisión: el personaje de Holly Golightly fue inspirado directamente en Monroe por Truman Capote, autor de la novela original. “Puedo entender por qué Marilyn dijo que no, porque probablemente sentía que iba a interpretarse a sí misma”, declaró Ferrer. “Si tomas a alguien como Audrey Hepburn, que es lo último que esperarías de ella, se va a crear algo completamente nuevo”, agregó.
Fuente: Infobae