(Enviado especial a Chicago) Con una distancia de aproximadamente mil quinientos metros entre sus escenarios, el cierre de la primera fecha de Lollapalooza Chicago 2026 mostró dos versiones opuestas del mismo arte. Por un lado, Lorde, cantante neozelandesa, cautivó con su magnetismo y letras profundas. Por el otro, John Summit, oriundo de los suburbios de Chicago, puso a bailar a las masas con su electrónica. Entre fuegos artificiales que iluminaban los rascacielos y dos maneras distintas de entender la música bailable, el Grant Park cerró su primera jornada, resumiendo el espíritu libre y variado del festival.
Al caer el sol, Lorde subió al escenario para mostrar su vulnerabilidad, como un latido controlado desde sus propias pistas. Arrancó con fuerza interpretando “Hammer” y “Royals”.
Vestida con pantalones de cuero negro y un top fucsia con capucha, la artista caminó sola hacia el centro del escenario mientras la puesta en escena se iba armando en vivo. A su izquierda, los músicos; dos bailarines que empezaron tímidos y luego se volvieron cómplices esenciales; y unos cubos que, como piezas de un rompecabezas, se multiplicaban al servicio de la cantante. Esos cubos proyectaban imágenes, dialogaban entre sí o simplemente esperaban. El momento culminante llegó con “Current affairs”, cuando Lorde se elevó casi hasta el techo del escenario.
Durante su show de una hora y media, la neozelandesa conversó con sus seguidores en tono de confesión, desplegó todos sus recursos escénicos y generó uno de los cruces más comentados de la jornada al invitar a Charli xcx para cantar “Girl, So Confusing”. Queda la duda de si repetirán el viernes, cuando la británica cierre el mismo escenario.
La despedida llegó con “Ribs”, interpretada desde una plataforma elevada sobre el público, luego de recorrer la pasarela y chocar palmas con los asistentes. Tras los agradecimientos, los latidos del corazón resonaron más fuertes que nunca, con esa adrenalina que solo provocan los grandes momentos.
Mientras tanto, John Summit ofrecía su versión del house para estadios ante un público que lo recibió como un héroe local. Su puesta incluía escaleras de estilo industrial en las paredes laterales y su mesa de mezclas al centro, desde donde no solo disparaba su magia musical. También saltaba, aplaudía, abría los brazos y parecía entregarse a la multitud que, lejos de abrumarlo, celebraba cada uno de sus movimientos.

“What a life” marcó un momento emotivo, con un video en primera persona del joven que confió en sus instintos, aprendió de los errores y se atrevió a soñar. ¿Quién dijo que la electrónica no puede ser emocional? Entre llamas y fuegos artificiales, John terminó sin camisa, rodeado por los bailarines y por una multitud que seguía bailando “Where you are” y “Come back”.
Más allá de las propuestas artísticas, la efervescencia del festival se sentía desde temprano en la ciudad, donde todos los caminos parecían llevar al Grant Park, a orillas del lago Michigan. Hasta el imponente edificio de la Ópera, un rascacielos que se acerca al siglo de existencia, se sumó al evento desde su marquesina con carteles de bienvenida, símbolo de la magnitud del festival. Lo visual también fue clave, con los looks como una forma de pertenencia a un grupo, más allá de tendencias o modas, en un peregrinaje constante hacia un destino común.
Los primeros conciertos comenzaron justo al mediodía local, inaugurando oficialmente Lollapalooza Chicago 2026. El escenario T-Mobile, el principal de esta edición, abrió con Asha Banks, la británica con experiencia como actriz en teatro infantil, que recibió los primeros aplausos de un verano que finalmente se sintió con fuerza. El sol brilló como nunca en la semana, y cualquier prenda que cubriera la cabeza se volvió necesaria. Nada de esto importó a los fans de SB19, la boy band filipina, que se agolparon en el Escenario Allianz. Más tarde habría tiempo para recargar fuerzas en los puestos de hidratación del predio.
La primera gran explosión de la tarde llegó cuando 5 Seconds of Summer tomó el escenario principal con toda su energía, en pleno proceso de reinvención. Apoyados en su nuevo disco, con un auto rosa como escenografía principal, los australianos interpretaron canciones de Everyone’s a star, sin dejar de lado los grandes éxitos de su carrera.
Durante su hora de show, el grupo reflexionó con crudeza e ironía sobre sus inicios como teloneros de One Direction y esa etiqueta de boy band que sintieron como peyorativa. Esa sensación la reforzaron con un falso documental que intercalaron entre las canciones y que cobró forma cuando corrieron al escenario alternativo. En el corazón del predio, rockeando con la misma intensidad que en una sala de ensayo, los cuatro músicos se elevaron para confundirse simbólicamente con los rascacielos de Chicago y mostrar una frase que sonó a gratitud: “Los fans reales salvan a las bandas”.
De regreso al escenario principal, el grupo formado por Luke Hemmings, Michael Clifford, Calum Hood y Ashton Irwin se preparó para la recta final con su gran éxito “Youngblood”, coreado casi como una declaración de principios que anticipa lo que se verá en Buenos Aires, en el Movistar Arena.
Se sabe que la música es la excusa principal para vivir Lollapalooza, pero no la única. Caminar entre escenarios supone un desafío sensorial constante: desde los puestos de merchandising y gastronomía internacional hasta el detalle de cada look. El itinerario puede fallar, entre sonidos que atrapan, la luna escondiéndose en el lago Michigan o el mágico perfil de la ciudad, que primero refleja los rayos del sol y luego se convierte en un mar de luces infinito.
Y entonces apareció Sombr, con todos los clichés de una estrella de rock que a veces es bueno recordar. Mientras los músicos ocupaban sus posiciones, las pantallas mostraban cómo el neoyorquino llegaba al predio en tiempo real. A bordo de un auto deportivo antiguo, bajó con un cigarrillo en la boca y un margarita en la mano, con una exuberante boa al cuello que movía de un lado a otro, para una entrada inolvidable arrancando con “We never dated”.

Durante la hora siguiente, todo fue energía desbordante, con aroma a club nocturno vibrante pero bajo un sol que comenzaba a apagarse. Con un dress code completamente negro, Sombr ambientó el escenario a tono con una Nueva York oscura, de tachos humeantes, calles cerradas y graffitis.
Sombr eligió ese nombre artístico como un acrónimo de su nombre real, Shane Michael Boose, y para reflejar un estado de ánimo complicado. En el escenario demostró que, si quedaba algo de aquello, ahora es un artista dispuesto a entregarse a su propuesta y a sus canciones. Con una actitud de rock garagero, su voz le permite suavizar o distorsionar los temas según convenga, pasando de la elegancia pop a coquetear con el punk.
Y, vale aclararlo, un performer dispuesto a todo: desde recostarse en el escenario durante “Homewrecker” hasta grafitar una bandera en “Back to a friend” y recorrer las pasarelas de punta a punta. En medio, invitó a 5 Seconds of Summer a interpretar “She looks so perfect” por segunda vez en el Grant Park.
El viernes continuará la historia, con Charli xcx y Smashing Pumpkins como cabezas de cartel, en una grilla que también incluye a Zara Larsson, Yungblud y Turnstile como otros números destacados. En Lollapalooza Chicago, como en cada edición, cada uno elige su propia aventura y así escribe esta historia, que nació en 1991, estuvo a punto de desaparecer y resurgió con la fuerza de quien tiene mucho que contar. La misma que desde 2014 tiene su capítulo en Argentina y siempre mira el line up de Chicago para empezar a pensar qué artistas podrían visitarnos en la cita de cada marzo en el Hipódromo de San Isidro.
Fuente: Infobae