Fran Martín aterrizó en Tokio hace unos meses sin haber vivido antes en una metrópolis de ese tamaño. Su experiencia más cercana fue una temporada en Madrid, pero nada lo preparó para una urbe con 14 millones de habitantes solo en la prefectura. La inmensidad de la capital japonesa fue un contraste enorme frente a su vida anterior en un pequeño pueblo de España. Al instalarse, descubrió una cultura con normas implícitas que se aprenden observando y cometiendo errores. En su cuenta de Instagram y TikTok, @franenjapon, ha ido compartiendo los choques culturales que más lo impactaron desde su llegada.
El primero, y el que más lo sorprende, gira en torno a la apariencia personal. “Incluso para ir al supermercado siento que todo el mundo se esfuerza en verse bien”, afirma Martín. La diferencia con su pasado es radical: “En España bajaba al súper casi en pijama y despeinado. Aquí siento cierta presión de ir siempre presentable”.
Trenes silenciosos, calles impecables y la prohibición de los tatuajes
El segundo choque es el silencio absoluto en el transporte público. En los trenes de Tokio, hablar por teléfono o en voz alta está socialmente mal visto, y el creador de contenido admite que le da apuro toser en esos espacios.
La seguridad es otro aspecto que lo dejó perplejo. Desde que vive en Japón, le preocupa mucho menos perder sus pertenencias —cartera, llaves, móvil— o que se las roben. Eso contrasta con su percepción en otras ciudades. Japón aparece constantemente entre los países con menores tasas de criminalidad del mundo, y esa realidad se refleja en actos cotidianos: objetos olvidados que aparecen intactos y calles transitables a cualquier hora sin sensación de riesgo.

El cuarto choque es la limpieza, que Martín califica de absoluta, incluso en los baños públicos. En Japón, el cuidado del espacio compartido es una responsabilidad colectiva que se inculca desde la infancia: los escolares limpian sus propias aulas como parte de la jornada, y los aficionados japoneses recogen la basura en los estadios después de un partido de fútbol.
Finalmente, el tema de los tatuajes representa otro fuerte choque. En Japón, la tinta en la piel se ha asociado históricamente con la yakuza, el crimen organizado local, lo que ha generado una cultura de exclusión en gimnasios, onsens (baños termales) y piscinas públicas. Martín señala que debe tener cuidado en el gimnasio, donde los tatuajes son tabú. Muchos gimnasios de Tokio exigen cubrirlos con ropa o vendajes, y quienes los muestren pueden ser rechazados en la entrada, según guías para expatriados. Aunque en locales frecuentados por jóvenes o extranjeros la norma se aplica con menos rigidez, la restricción sigue vigente en la mayoría de instalaciones deportivas del país.
Fuente: Infobae