Esqueleto canino de 30 millones de años revela secretos evolutivos

Durante largos años, un fósil de 30 millones de años reposó oculto dentro de una matriz rocosa en los depósitos del Monumento Nacional John Day Fossil Beds, en Oregón. Inicialmente, los especialistas que lo recuperaron en la década de 1980 creyeron que pertenecía a un oreodonte, un tipo de mamífero extinto con rasgos de oveja, camello y cerdo, cuyos restos son frecuentes en la zona. Sin embargo, investigaciones posteriores revelaron la verdadera naturaleza del hallazgo: se trata de uno de los esqueletos de perro prehistórico más completos jamás descubiertos en América del Norte.

La identificación definitiva llegó de la mano de Anne Kort, paleontóloga postdoctoral del Museo de Paleontología de la Universidad de Michigan. Ella presentó el fósil en una edición especial del Journal of Paleontology, conmemorativa del 50 aniversario del Monumento Nacional John Day Fossil Beds.

El ejemplar corresponde a un cánido denominado Mesocyon coryphaeus, una especie descrita por primera vez en 1879 y que, hasta hoy, solo se conocía a partir de cráneos aislados.

El hallazgo publicado en el Journal of Paleontology aporta datos clave sobre la evolución canina en América del Norte a partir de un perro de 30 millones de años (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio fue publicado en el Journal of Paleontology, donde los científicos analizan cómo este descubrimiento enriquece la comprensión de la evolución canina en el continente.

El esqueleto se encuentra casi completo, con excepción de la cola y partes de las extremidades. Este nivel de integridad anatómica permitió a los investigadores formular interrogantes que con fragmentos sueltos habrían sido imposibles de resolver.

“Este fue el proyecto más mágico y divertido que me pudieron entregar en bandeja de plata”, declaró Anne Kort en un comunicado oficial de la Universidad de Michigan.

Una historia de décadas

El camino del fósil hacia el laboratorio duró más de 30 años. Ted Fremd, paleontólogo del monumento nacional John Day Fossil Beds (JODA), lo localizó a finales de los años ochenta en terrenos gestionados por la Oficina de Gestión de Tierras de Estados Unidos. Lo extrajo minuciosamente, lo protegió con una capa de yeso y lo trasladó al museo.

En los años noventa, los especialistas separaron el cráneo para exhibirlo y confirmaron su origen canino. En 2011, Joshua Samuels, paleontólogo del parque, encomendó a Jennifer Cavin remover el fósil de su cobertura. Al año siguiente, Cavin descubrió que el esqueleto estaba prácticamente completo.

Finalmente, Nicholas Famoso, actual paleontólogo jefe de JODA, propuso que Anne Kort liderara el análisis. El investigador Xiaoming Wang, del Museo de Historia Natural del Condado de Los Ángeles, participa como coautor del trabajo.

Huesos fosilizados de las extremidades delanteras de Mesocyon coryphaeus, entre ellos las escápulas, el húmero, el radio y el cúbito. Su análisis reveló que este cánido tenía patas cortas y robustas y articulaciones más móviles que los perros actuales (Gentileza, estudio Postcrania and locomotor function of Mesocyon coryphaeus (Canidae, Carnivora) from the Arikareean of North America, publicado en Journal of Paleontology (2026))

Para verificar que el fósil correspondía a un perro, Kort empleó métodos clásicos de comparación: la forma de los dientes y del cráneo. No obstante, el ejemplar ofrecía una evidencia adicional poco frecuente: una formación ósea hereditaria en las muñecas denominada osteocondroma, un crecimiento anómalo del cartílago que se osifica y que está presente en aproximadamente el 60% de los fósiles de los perros más antiguos.

“Es un vínculo hereditario directo que normalmente no encontraríamos. Esta es otra línea de evidencia, y eso da una idea de este fósil”, indicaron los investigadores.

El fósil también preservó el báculo, el hueso del pene que poseen muchos mamíferos. “Eso significa que definitivamente sabemos que era macho”, señaló Kort.

Qué revelan los huesos sobre la evolución canina

Los perros se originaron en América del Norte hace aproximadamente 40 millones de años, a partir de un ancestro llamado Hesperocyon. En aquel entonces, el continente estaba cubierto por bosques densos, similares a selvas tropicales, lo que llevó a ese cánido primitivo a desarrollar habilidades trepadoras que los perros modernos no poseen.

Mesocyon, el género del fósil de Kort, apareció unos 10 millones de años después, durante un período de enfriamiento global que transformó esos bosques en zonas de vegetación más abierta, con arbustos y claros.

Kort, especialista en la relación entre el entorno y las adaptaciones para la carrera en mamíferos, quiso determinar si Mesocyon coryphaeus ya presentaba las características locomotoras de los perros actuales. “La respuesta es bastante definitivamente no”, afirmó. “Mesocyon también tiene huesos más robustos en general. Es más bajo y más compacto.”

Distintas vistas de los huesos fosilizados de las extremidades de Mesocyon coryphaeus. Su forma corta y robusta indica que este cánido prehistórico no estaba adaptado para correr largas distancias como los perros actuales
(Gentileza, estudio Postcrania and locomotor function of Mesocyon coryphaeus (Canidae, Carnivora) from the Arikareean of North America, publicado en Journal of Paleontology (2026))

El análisis del codo reveló que el animal podía rotar los antebrazos, lo que indica una capacidad para agarrarse y trepar. Además, el fósil conservaba el dedo gordo del pie, conocido en los perros modernos como espolón, un dedo vestigial que no toca el suelo al caminar. Su presencia en Mesocyon sugiere que el animal apoyaba el talón al desplazarse, a diferencia de los perros actuales, que caminan sobre las puntas de los dedos.

Más allá de los datos anatómicos, el fósil evidencia una consecuencia de la extinción. La línea evolutiva de Mesocyon coryphaeusse extinguió por completo“, sin dejar descendientes en los perros contemporáneos. “Este fósil no es el tío-bisabuelo de nuestros perros actuales, porque toda esta línea se extinguió por completo. Y con esa extinción, perdimos un tipo completo de ecología canina que ya no vemos más”, explicaron los investigadores.

Fuente: Infobae

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